¿Por qué nos da tanto miedo el lenguaje inclusivo?

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Por Editorial julio 24, 2018  más artículos

 

¿Te has preguntado alguna vez por qué se usa lo masculino para referirse a hombres y mujeres?

¿Por qué se utiliza el masculino como neutro y no el femenino?

¿Qué es la perspectiva de género?

 

Lenguaje incluyente y con perspectiva de género. ¿Qué es la perspectiva de género?

La perspectiva de género busca que las diferencias biológicas entre mujeres y hombres no provoquen distinciones socioculturales ni afecten sus derechos. Desde esta visión, para poder hablar de una sociedad equitativa y democrática, tienen que eliminarse los tratos discriminatorios hacia cualquier grupo, en este caso, las mujeres.

 

El lenguaje con perspectiva de género

Una de las formas en las que podemos contribuir para acabar con el sexismo en nuestro entorno es a través del lenguaje. En la manera en que acostumbramos hablar todos los días, existen numerosos actos de carácter misógino que denigran a la mujer y los diferentes roles que desempeña en la sociedad. Por ejemplo:

  • Asociaciones verbales que establecen a la mujer como débil, pasiva, dedicada exclusivamente a las labores domésticas, histérica, infantil, etc.
  • Construcciones donde las mujeres aparecen siempre de forma pasiva: novios que llevan al cine a sus novias, maridos que sacan a cenar a sus esposas, padres que controlan a sus hijas, etc.
  • Mención de las mujeres únicamente en su condición de madres, esposas, etc. (la esposa del jefe, la mamá del Arquitecto), es decir, en función de los y las demás con quienes se relacionan; así como tratamientos de cortesía para las mujeres que recuerdan su dependencia del varón (señora, señorita), frente al tratamiento de señor para hombres, independientemente de su estado civil.
  • La existencia de un orden jerárquico al nombrar a mujeres y hombres, ordenamiento que refleja y reproduce la jerarquía social: padre y madre -nunca al revés-, hombres y mujeres, alumnos y alumnas, presidentes y presidentas, hermanos y hermanas, etc.
  • La ausencia de nombres para denominar profesiones en femenino.
  • La falta de simetría al denominar a mujeres y hombres: el nombre de pila, diminutivos (Marthita, Laurita) o el nombre seguido del apellido se suele utilizar para referirse a las mujeres; el apellido para hombres (Sr. Guzmán, Ingeniero López).

Con esto, se manifiesta lingüísticamente la creencia de que las mujeres son consideradas inferiores y no tienen personalidad por sí mismas, sino que su posición e, incluso, su existencia dependen de su relación con otras personas.

 

En el diccionario:

Hombre: individuo macho de la especie humana (opuesto a mujer) / el que ha alcanzado la edad adulta (opuesto a chico).

Mujer: “persona del sexo femenino / la que ha alcanzado la edad de la pubertad / la casada o de edad madura”.

Notas:

-Al hombre no se le define por su relación con la mujer. A la mujer se la define por su relación con el hombre (casada).

-La palabra “edad”, para el hombre es: “edad adulta”; mientras que para la mujer es “pubertad”. El concepto “edad adulta” en el caso de los hombres es sinónimo de “virilidad”.

Con lo anterior, vemos claramente cómo desde el lenguaje, desde las palabras, se ha creado un mundo absolutamente desigual en cuanto a los valores asignados a mujeres y hombres, ignorando incluso las reglas de la gramática.

Quienes hacen los diccionarios, no solo recopilan palabras, además les dan un significado y, con ello, las personas aprendemos una realidad. Al aprender a hablar vamos asimilando conceptos de los que se desprenderán conductas y formas de pensar. Aprendemos a percibir el mundo de una manera concreta, adoptamos valores, prejuicios y estereotipos que se convertirán en motor fundamental de la forma en que decidimos relacionamos con otras personas. El lenguaje siempre tiene cargas sociales estructurales que son difíciles de modificar, pero siempre es posible generar acciones que influyan en la dirección cultural y social de nuestras comunidades.

Puesto que las palabras definen y modelan la realidad y esa realidad da significado a las palabras, podemos impulsar propuestas conscientes para el uso no sexista del lenguaje. La lengua es una herramienta que permite el cambio y es perfectamente posible elegir de manera voluntaria algunas modificaciones que reflejen de forma más real la diversidad de la humanidad y de nuestra sociedad.

Si las mujeres son invisibles cuando hablamos, no es sorprendente que también lo sean en la cultura y sociedad. La discriminación de género se ha construido (también) desde el lenguaje. Así, su deconstrucción empieza por eliminar todas aquellas palabras y expresiones lingüísticas injustas, machistas y violentas que mantienen a las mujeres, lesbianas, transexuales, transgénero, intersexuales y queer invisibles, excluidas, discriminadas y las que no son equitativas, las que infravaloran a las mujeres, las subordinan y/o las denigran. Es lo mismo que dejar de usar expresiones que podrían herir a grupos que tradicionalmente han sido maltratados como las etnias, personas con rasgos físicos distintos al grupo dominante o personas que viven con alguna discapacidad.

Comparto algunos ejemplos del uso común del lenguaje no incluyente y sus alternativas correspondientes para empezar a usar lenguaje incluyente y con perspectiva de genero:

 

Gramática:

En español, hay dos géneros gramaticales, el femenino y el masculino. La “o” es indicativa de masculino. El masculino es masculino y no neutro, ni femenino, ni genérico. El neutro, según las propias reglas de la gramática, es para las cosas y las situaciones (húmedo, absurdo, inventario, cómico) y se refiere a cosas que no están clasificadas como masculinas ni femeninas. En español, no existen sustantivos neutros ni hay formas neutras especiales en la flexión del adjetivo; solo el artículo, el pronombre personal de tercera persona, los demostrativos y algunos otros pronombres tienen formas neutras diferenciadas en singular.

Las palabras no pueden significar algo diferente de lo que nombran. El conjunto de la humanidad está formado por mujeres y hombres, pero en ningún caso la palabra “hombre” representa a la mujer. Para que la mujer esté representada, es necesario nombrarla.

La RAE no admite usar las letras “x” ni “e” como marca de género, tampoco acepta el uso de “@”; lo considera innecesario pues explica que el masculino gramatical funciona en nuestra lengua, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos o en contextos genéricos o inespecíficos. Sin embargo, al usar la “o” del masculino, invisibilizamos la existencia de las mujeres y otras personas que no se identifican con el género masculino, porque lo que no se nombra no existe.

No olvidemos que los idiomas van sufriendo transformaciones de acuerdo a las necesidades histórico culturales (antes, las palabras “Internet”, “container”, “audiolibro”, “compostar”, “homoparental”, etc. no significaban nada); el lenguaje es un constructo social, cultural y es dinámico.

La misma RAE ha aceptado las palabras “murciégalo”, “vagamundo”, “cantinflear”, “wifi”, “dotor”, “otubre”, “papichulo”, “amigovio”, “levantón” (secuestrar), “pase” (aspirar cocaína), “chido”, “chingar”, “güey o wey”, “naco”, etc. y usando un poco de sentido común ante eso, no tiene explicación la resistencia, la ridiculización, las ofensas y la insistencia en seguir negando que es necesario visibilizar a las mujeres en el uso formal e informal del lenguaje. No se trata de destruir el lenguaje, se trata de entender de dónde venimos y construir una versión más justa y mejor; si hay palabras adecuadas para nombrar a cada persona, usar el masculino para nombrar a las mujeres es ocultar la realidad.

 

Profesiones, oficios y cargos:

Cuando a una mujer profesional se la define en masculino se está promoviendo:

  1. La invisibilización de las mujeres que desempeñan esas profesiones.
  2. La excepcionalidad que confirma que no es algo normal para las demás mujeres.
  3. Reservar el masculino para determinadas actividades remuneradas o prestigiadas.
  4. Que la ciudadanía siga pensando que tal o cual profesión no se puede decir en femenino.

Cualquiera de estas ideas estanca el desarrollo de la humanidad y de una sociedad equitativa, es contraria a la igualdad de oportunidades y perpetúa el sexismo y la misoginia.

 

¿Qué hacer?

La sociedad está obligada a la evolución, pero seamos conscientes de que el cambio no será fácil por el inevitable choque entre las nuevas formas de pensamiento y las tradicionales; requerirá llevar reflexión y consciencia a todos nuestros espacios. El objetivo no es invisibilizar a otros para visibilizar a las mujeres, usar lenguaje incluyente significa distinguir, hablar y escribir en masculino, femenino y con neutralidad.

Autora: Amparo Bandera

 

Para saber más: Manual para el uso de un lenguaje incluyente y con perspectiva de género: http://www.codigodeconducta.ipn.mx/Documents/Manual-Lenguaje.pdf

 

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