¿Quieres empatizar con tu hija adolescente? ¡Te contamos cómo!

 842
Por Q mayo 31, 2018  más artículos

 

¿Estás harta de no dar con la clave en lo respecto a tus relaciones con tu hija adolescente? ¿Sientes que la pierdes? ¿Que pasa el día pegada al móvil y cuando vas a preguntarle algo, le falta escupir fuego por la boca? De acuerdo, tranquila, pero sí, necesitas buscar otro modo de llegar hasta ella. Y, sí, también lo que estás pensando es importante. Deberás dejar a un lado las malas formas y los tonos autoritarios. No hay cosa que más encienda la chispa de un adolescente que la sensación de superioridad de sus mayores sobre ellxs. Solemos errar a la hora de dirigirnos a nuestras hijas e hijos adolescentes, imponiéndonos a través de órdenes e imposiciones. La disciplina es importante, pero no debe enseñarse a través de la violencia y la autoridad. Esto, a la larga, solo puede revertir en una situación que no puedas llegar a controlar. Para asegurarnos de que creamos unos lazos adecuados con nuestras hijas e hijos, hablémosles como lo que son, personas que manifiestan actitudes y, sobre todo, la gran necesidad de ser atendidos y escuchados, tomados en cuenta como iguales respecto a los adultos. Lo que nos diferencia es la experiencia de más. Sí, un punto importante, pero no fundamental. Démosle el lugar que les corremponde y nos daremos cuenta de que la fuente eterna de la juventud está mucho más cerca de lo que creemos.

Buscando preguntas típicas que te encuentras en artículos de este estilo sobre las gloriosas 25 preguntas que deberás formularles a tus hijos todos los días para adquirir una adecuada comunicación con ellos, me he dado cuenta de algo que se repite en muchos otros aspectos de la vida... Que parece que quien está a cargo de transmitirnos la luz, se encuentra en mayores sombras que nosotros y nosotras. 

Así, ante preguntas como "¿Qué tal te ha ido?" o "¿Qué has desayunado?" , a lo que tu hija no te dirá más allá de "Bien" y "Jo, mamá, qué pesada eres, un bocata...", me he dicho, espera Q, que tú eres profesora, y, aunque tampoco tienes hijos, vale, te puedes apuntar al carro de dar la receta mágica de las 25 preguntas mágicas pero, luego me he dicho, va a ser que aquí no está la solución, puesto que no existe como tal. No se trata de x preguntas que vayas soltando una detrás de otra para sentirte satisfecha como madre o padre del retoño adolescente y rebelde que has creado, sino de que el tiempo que tengas para dedicarlo a tu familia, sea el más fructífero para llegar a crear lazos auténticos e irrompibles.

Os presento pues, tres posibles conversaciones en las que podrás enganchar a tu hija para ir más allá. Quédate con la idea, y da rienda suelta a tu imaginación. Y, recuerda, sobre todo, que tú también tuviste aquella edad y también quisiste comerte el mundo y desafiarlo a la primera oportunidad.

 

1º CONVERSACIÓN

¿Cómo te has levantado?
—Bien.
—Pues, yo he tenido un super sueño y salías tú. 
—¿Sí?
—Vaya, te hacías famosa y me comprabas un chalet, muy guapo todo.
—Anda, mamá, qué dices, ja, ja... —(ya empieza a caer...)
—Sí, eras una influencer y, además, la gerente de una gran empresa. ¡Vaya, un sueño de los que se pueden hacer realidad si tú quieres!
—¿Tú crees?
—Anda, pues claro, ¡si quieres, puedes! Así que, venga, vamos a desayunar y, luego, a comernos el mundo, hija.
 

2º CONVERSACIÓN

—Hija, ¿ya tienes las notas?
—Sí, mamá, y tengo malas noticias... Me han quedado dos para septiembre. No he podido hacer más, te lo prometo. 
—Tranquila, lo sé. Te has esforzado y has conseguido todo lo que ha estado en tu mano. No se acaba el mundo aquí, recuerda que aún nos lo tenemos que comer, ¿eh? Este verano aprietas con el último empujón que te queda y, después, a por más y mejor.
(No importa si, en algún momento, no llegamos a lo que se espera de nosotrxs, por el motivo que sea. Lo que importa es la Vida, antes que nada, y que esa persona esté bien. Si entiende que es importante para ella, seguirá luchando por conseguirlo. Limitarnos a lamentarnos o reprocharle el no haberlo conseguido, solo menguará su autoestima, y no queremos eso, queremos que vean que son Él o Ella los dueña de sus vidas y, por tanto, ellxs son los que deben tomar las riendas y saber cuál es su camino... Podemos guiarlos, pero no limitarlos, censurados o imponer nuestras premisas). 
—El profesor me ha dicho que tenía que haber estudiado más. Que no he dado todo lo que podía...
—El profesor puede decir misa si quiere, pero la realidad la sabes tú y solo tú, y de ti depende enmendarlo o no, no de la bronca que te dé uno u otro. Quiero que seas, tú, hija, la que lo vea por ti misma. Eres inteligente y madura, y la vida es mucho más que una asignatura pendiente o que una fiesta con tus amigas. La vida es eso y mucho más, y cuando te propones vivirla sabiendo lo bueno y lo malo de ella, puedes proyectarte con mayor fuerza. 
—Mamá, lo estoy flipando mucho y creo que te estoy entendiendo. 
—Todo se resume en una frase, hija, ¡Si quieres, puedes!
 

3º CONVERSACIÓN

—Hija, ¿qué es lo que más te gustaría hacer en este momento?
—Nada, mamá. Ya estoy ocupada hablando por el móvil.
—Oye, pues enséñame todo lo que sepas. 
—Pero, mamá, si tú tienes Instagram y Facebook. ¿Qué quieres que te enseñe?
—Ah, pues, todo lo demás. ¡Twitter!
—Eso es un vertedero, mami, mejor te lo ahorras. Además, es un coñazo, solo hay noticias y desgracias. Un rollo. 
—Si no conoces las dos caras de la vida, y te quedas solo con la buena, te pierdes todo lo demás.
—¿Para qué quiero conocer lo feo? 
—Para saber afrontar todo lo que pueda llegar. Nunca sabes dónde puedes estar el día de mañana, y con información y, sabiendo manejar la pedazo de herramienta que tienes en tus manos, puedes informarte de cómo anda el mundo y qué es necesario para mejorarlo entre todos y todas.
—Buah, menudo plan, mamá, yo con Instagram ya tengo suficiente... —(la estás perdiendo).
—Niña, escucha a tu madre. Ah, y no digas "coñazo". A partir de ahora, vamos a cuidarnos con el lenguaje sexista. 
—Mamá, no me había dado cuenta. 
—Pues, tú que sigues tantas cuentas de Instagram feministas que enseñan tantas buenas cosas, podrías aplicarte el cuento y, buscar más allá. Es fascinante todo lo que puedes aprender. 
—Pues, cómo sea igual que en el insti, vaya mierda.
—Niña, con esa boca. En el insti te enseñan a ser un borrego más que vomite la lección. En las redes, sabiéndolas usar con cabeza, en Internet, en Google, en Youtube... puedes aprender y motivarte mucho más. 
—¿Cómo?
—Pues, mira, yo sigo todas estas cuentas —(aquí probablemente, ella te dé un repaso a ti, pero puedes enseñarle a @SrtaBebi, que les encanta, y si ya la conoce, empezar a hilar desde ahí...)—. Además, tito Google es un mundo entero a un click de tus dedos.
—¡Mola!
—¿Buscamos más páginas chulas juntas y vamos aprendiendo a la vez? 
—¡SÍ! —(aquí ya te la has ganado para siempre).

 

Me podría enrollar hasta el infinito con conversaciones ficticas o, no tanto, incluso cómo iniciarlas en el WhatsApp, que a veces, más de las que nos gustaría, se puede convertir en un primer acercamiento a esa hija o hijo rebeldes que no quieren interactuar con sus mayores por miedo a sentirse inferiores o rechazados por ser como son, en definitiva, unas personas maravillosas que solo necesitan de mucho Amor para crecer y madurar saludablemente. Por tanto, si os ha gustado este primer planteamiento que os traigo, os pido que compartáis este artículo hasta la saciedad y, yo prometo, traer muchas más...

 

 

Recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compartir este post debes!

Foto de portada: pinterest