La cultura de la belleza: estar gorda o delgada no lo eliges tú

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Por FEM mayo 18, 2018  más artículos

 

Por lo que podemos vivir y observar a diario, la norma se mantiene. “Digámosle a las mujeres cómo han de ser para nosotros, ellas no son capaces de elegir por sí solas” debió pensar algún iluminado de la élite para que se entienda el canon de belleza que se nos impone a las mujeres, seamos de donde seamos.

En lo que vulgarmente conocemos como “el mundo desarrollado”, para mí no deja de ser el mundo de los explotadores... Definiciones aparte, aquí se nos vende un ideal de belleza en el que se entiende que la mujer más primorosa es aquella que es alta y delgada, tanto que en ocasiones roza lo insano. Si no tienes una nariz/cara/culo perfectos no te preocupes, nos dicen. Pasando por quirófano y bisturí quedarás estupenda. O eso quieren que creamos, como se plantea en la "Lucha viva de las marcas".

No importa que tu problema sea por la autoestima, por un entorno que te presiona o por cualquier otro motivo que te está fastidiando tu vida como veíamos en Los cánones de belleza analizados por alumnos de bachillerato. Las curvas no venden y, en una sociedad que basa su vida entorno al caballero don dinero, no hay mejor argumento…

No importa el lugar del mundo donde nos encontremos, pues el otro día me encontraba con la cara totalmente opuesta de la moneda y, he de confesar que te deja igual de fría. Ya lo decía Moñiz en "La mejor evolución del canon de belleza es acabar con él".

En esta ocasión, la tendencia es la gordura femenina. Este fenómeno sucede desde hace años en regiones saharianas o países como Mauritania. Este pensamiento va asociado a que una mujer esplendorosa da la imprensión de estar más sana que una delgada. Si no tienes un peso que te haga estar “metida en carnes”, olvídate de ser atractiva en esta cultura para encontrarte un marido porque, aunque aún nos duela esta es la meta, ser atractivas para ellos. 

Si a todo esto le añades que la educación es prácticamente nula casi debemos dar las gracias porque ya no se llevan a estas niñas a las conocidas como “granjas de engorde”, donde se les daba una dieta hipercalórica para conseguir que ganaran peso ni se recurre (o eso esperamos) a las prácticas de obesidad a la fuerza. Ahora es todo más sútil, aunque no menos patriarcal. Las jóvenes compran medicamentos que les salen muy baratos para conseguir lo que la sociedad y el entorno les dice que es lo ideal, un hombre fibroso y una mujer carnosa. La práctica de “lebluh”, como es conocida en el dialecto local, se entiende como un avance después de lo de las granjas pues, en esta ocasión, el único riesgo que aseguran pueden correr las jovencitas es que sean alérgicas a los medicamentos de engorde.

Si tenemos en cuenta que la educación en estos países es deficiente, podemos entender que faltan esfuerzos de sensibilización en lo que a alimentación y salud se refiere. El dicho “una mujer vale todo el oro que cabe en el espacio que ella ocupa en una estera” es popular en esta parte del mundo y nos hace entender cómo la cultura cala en nuestros pensamientos, queramos o no.

Quiero que cada mujer pueda ser como su anatomía le dicte, aunque la sociedad diga otra cosa, con los kilos que me falten o con los que me sobren, no es esa la cuestión; es estar sana, corporal, mental y espiritualmente. Ser feliz y, sobre todo, no estar presionada constantemente sobre quién o cómo deberíamos ser.

 

Aprendamos a aceptarnos, a aceptar y a que nos acepten siempre que estemos bien sanotas y sanotes.

Lo demás, perdonad que sea tan clara, me importa un carajo.

 

Fuentes: ABC
          
Foto de portada: Alerta digital