Cuando las críticas a mujeres vienen de otras mujeres el machismo gana

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mayo 4, 2018

 

En una época en la que es muy fácil opinar sobre algo, es también muy fácil ser el objetivo de muchas críticas. Cuando publicamos algo en nuestras redes sociales estamos dejando la puerta abierta a que la gente nos califique sin conocernos, al igual que pasa en la vida real, es decir, dependemos de lo que transmitimos y de nuestra apariencia. Desde el otro lado, desde el lado del comentador, es probable que las palabras nos jueguen una mala pasada al expresar nuestra opinión si no las usamos bien, o si nuestro lenguaje no verbal o el tono que empleamos no es el adecuado.

A diario, las mujeres recibimos calificaciones condescendientes con connotaciones sexuales por parte de los hombres, o peor aún, nos chistan por la calle como si fuéramos animales. Estos desagradables piropos no hacen que vayamos a tener un buen día, sino todo lo contrario: nos hacen sentir mal, incómodas, humilladas y como un objeto.

 

En unas pocas ocasiones, una mujer se arriesga a plantarle cara a este ser. Decide que ya es hora de que alguien le diga que no nos gustan esos comentarios y no titubea en hacerlo. En ese momento, se cambian las tornas. Ahora el hombre se siente afrentado, insultado, humillado y avergonzado y detracta a la mujer con ofensivos adjetivos.

Pero peores son las críticas que hacemos entre nosotras. Por ejemplo, cuando opinamos sobre la ropa que lleva otra mujer, si va demasiado tapada o, por el contrario, que enseña demasiado. En el momento en el que cuestionamos sus relaciones sexuales, su sexualidad o su peso, en resumen, cuando comentamos su cuerpo y lo que hace con él, no solo le faltamos al respeto a ella, sino que también consentimos el sistema machista al que estamos sometidas y aprobamos que toda aquella que se salga de él debe ser castigada por la sociedad. Pero esto no queda ahí. Si bien una mujer y un hombre se comportan de igual forma respecto a su cuerpo, la sociedad, en la mayoría de casos, hará distinciones. A él se le agasajará de forma laudatoria, se le tratará como si hubiera conseguido muchos triunfos o que es un hombre independiente con unos objetivos diferentes a los de ser padre. Por el contrario, a ella le lloverán una serie de calificativos insultantes por parte del sexo opresor y por las de su mismo sexo. Muchas de nosotras la juzgaremos por haber hecho lo mismo que un hombre, porque eso no es propio de las mujeres. Otras opinaremos que manteniendo relaciones sexuales con diferentes personas no llegará a encontrar marido porque él no será el primero y no se considerará el “único” y será una “solterona” de por vida sin hijos. Algunas dudaremos de porqué tiene una vida sexual activa si su aspecto físico o su mentalidad son opuestos a los del resto de la sociedad. Y otras tantas consideraremos que su época más fértil desaparecerá por el hecho de tener otras metas en la vida.

Una vez más, la sororidad huye y el machismo emerge desde las profundidades del sexo femenino. Estos pensamientos son el fruto del hecho de seguir viviendo en un sistema machista que está tan arraigado en nosotras que, en ciertas ocasiones, no conseguimos ver. Más que una liberación por parte de una persona para no ser un objeto de juicio, se trata de una liberación femenina. Con esta, la mujer conseguiría una autonomía en la que pueda hacer lo que quiera y no se le califique de forma insultante por la única circunstancia de ser mujer. Hombres y mujeres del mundo, somos libres de hacer con nuestro cuerpo lo que queramos.

 

Colaboradora: Blanca Olivares Herrera

Foto de portada: pinterest