La peor historia de mi vida

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mayo 8, 2018
 
 
La peor historia de mi vida empezó un ocho de abril por la mañana.
 
Un chico del que estaba enamorada me pidió salir, pero le dije que no. No me sentía preparada para estar con nadie. Me daba miedo y vergüenza. Él insistió. Me dijo que él sí quería y que, por tanto, éramos novios oficiales. Fue mi primer y único novio hasta ahora.
 
Al día siguiente, me dijo que le tenía que besar. Yo nunca había besado a nadie y me daba miedo. Salí corriendo ese día y los siguientes para no besarle. Pero, al cuarto día, él y su primo me siguieron y me dijeron que hasta que no le besase no podría irme a casa. Me puse nerviosa y volvir a sentir el mismo miedo de siempre pero, ¿qué iba a hacer? Era mi novio y tendría que besarlo tarde o temprano, corresponderle. Tenía que irme ya a casa así que, mientras pensaba todo eso, él me besó pero, al juntar por un segundo nuestros labios, me separé y me fui lo más rápido que pude.
 
Así empezó todo.
 
Al principio, estábamos bien, pero todo cambió cuando empezaron las humillaciones delante de todos mis compañeros. Me amenazaba con dejarme si no hacía ciertas cosas y, de ahí en unos meses, pasó a hacerme daño físico para conseguir lo que quería.
 
Me giraba el brazo hasta que gritaba de dolor y le terminaba diciendo que sí que le iba a hacer caso. Me agarraba tan fuerte del brazo que me clavaba las uñas y terminaba llena de arañazos. Me pegaba patadas, puñetazos, tortas y todo eso delante de mis compañeros, que nunca decían nada. A veces se reían.
 
Él me decía que era superior a mí porque era hombre.
 
Yo intenté salir de todo esto. Acabé dejándolo y busqué un nuevo chico para que me dejara en paz. Pero volvimos. 
 
Un día me quería tocar en clase y yo le dije que no, pero no se detuvo y me hizo daño. Me dijo que si no hacía lo que quisiera me dejaría y que todo le contaría a todo el mundo de lo que hacíamos y se lo dirían a mis padres. Yo, con lágrimas en los ojos, accedía a todas sus peticiones para no llamar la atención y hacer que me expulsaran. 
 
Un día me pegó y amenazó porque quería que le enviase fotos desnuda y, como una tonta, lo hice. No me quedaba de otra. Si lo hacía sabía que al día siguiente no me pegaría porque estaría feliz y satisfecho.
 
Lo peor llegó un día que mi padre fue a arreglarme el móvil y vio las imágenes. Mis padres quedaron destrozados y me echaron toda la culpa por enviar esas fotos y ser tan idiota.
 
Mi padre fue a hablar con la madre de mi novio y esta no le dio importancia. A él no le castigaron ni le hicieron nada. Ella ni se lo contó al padre de él. Mientras que a mí mi padre estuvo día tras día durante casi un año echándomelo en cara. En ese momento, solo necesitaba alguien que me apoyase y que me hiciera sentir mejor. Sin embargo, me sentí como la peor persona del mundo.
 
Después de eso, él me dijo que iba a cambiar y yo le creí. Pero llegó un momento en el que cada vez que él hacía un gesto y movía las manos, yo me encogía esperando que me pegase y siempre estaba alerta a cualquier cosa. Me di cuenta de que no podía seguir así y terminamos por fin.
 
Yo reconozco que también tuve mis errores, pero no me merecía todo eso, después de todo él sigue sin reconocer que se comportó mal y no me quiere ver porque dice que le doy asco y soy la peor persona que ha visto en su vida.
 
Si cuento todo esto es porque quiero que nos demos cuenta que desde dentro no es fácil salir. A mí me echan en cara que no sería para tanto si estuve tres años y medio con él. Para que cuando veáis a alguien en mi situación le ayudéis porque, aunque no lo diga, necesita ayuda.
 
Se encuentra en un túnel negro sin salida, sola, y no encuentra la salida.
 
Y, sobre todo, para que no le digáis que es su culpa, porque eso ella ya lo piensa y lo que necesita es darse cuenta de que no es así.
 
Espero que, poco a poco, todo esto cambie y podamos vivir en un mundo sin violencia.
 
Yo ya he aprendido la lección, ¿y tú? ¡Cuéntalo y libérate!
 

Testimonio de una seguidora. 

 
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Foto de portada: pinterest