Hay directores machistas que gestionan los institutos como si fueran su cortijo

 1704
Por Editorial abril 12, 2018  más artículos

 

«Hay directores que gestionan el instituto como si fuera un cortijo»

Hace tan solo unos meses, el presidente de la Asociación de Profesores de Instituto, APIA, Javier Puerto, se refería así en el diario ABC de Sevilla, ante la avalancha de denuncias de profesores y profesoras que se quejan de estar sufriendo acoso por parte de los directores de los centros. Muchas de estas víctimas de un sistema autócrata acaban de baja por depresión. Estas personas que denuncian a su Dirección aseguran que gestionan el instituto como si fuera «su cortijo». A estas declaraciones, le sumamos el apelativo "machista" porque, mira tú por dónde, suelen ir de la mano. 

Como dice Javier Puerto, hay muchos responsables de los institutos que son «muy buenos», pero también hay otros que «funcionan en sus centros como auténticos cortijos». Y, ¿dónde hay que poner el dedo en la llaga? Pues donde se cometa la injusticia, que de unos meses hasta ahora no debe haber cambiado en exceso, pues seguimos con las mismas directivas. Es, en este curso escolar, cuando se está produciendo el proceso de nueva selección de cargos directivos en los centros. El problema está en que las instituciones competentes en relación a este asunto siguen confiando en personajes que ya han sido acusados o denunciados por mala praxis y abuso de poder y, sin embargo, continúan campando a sus anchas e imponiendo su ley del miedo o, también conocida como, "Aquí mando yo".

Esas denuncias, que tramita la asesoría jurídica del sindicato de profesoresestán relacionadas siempre con docentes que aseguran que los responsables de los centros están abusando de su autoridad«utilizando sus instrumentos de poder» para excederse a veces con los docentes. Por ello, esos docentes acuden a APIA a denunciar esas situaciones de supuesto acoso laboral.

Como cuando uno de ellos trata un determinado tema con los alumnos durante la clase y, al día siguiente, el director le pide explicaciones. «A veces no se les deja ni respirar», denuncia el presidente de APIA que asegura que esos profesores se quejan porque reciben constantemente escritos del director del centro recriminándoles, les convocan a reuniones fuera del horario, sufren aislamiento o, incluso, no les dejan intervenir en el claustro de profesores.

«No queremos criminalizar ni culpabilizar a los directores pero a veces se basan en sospechas para actuar de esa forma», afirma Javier Puerto.

La inspección educativa de la delegación provincial de la Junta de Andalucía hace caso omiso de estas denuncias. «Hacen oídos sordos», dice el presidente de APIA recalcando que la Junta de Andalucía únicamente se interesa por los casos en los que hay una sanción. Tal y como apunta Puerto, este tipo de acoso se ejerce «como una lluvia fina» y es luego cuando pasa factura.

Esto va a más si la dirección no solo acosa a ciertos profesores, sino que también actúa manipulando a los menores, ejerciendo una autoridad desmedida a base de gritos y coaccionando a todo aquel que intente plantarles cara. 

Entonces, ante una situación así donde las instituciones se lavan las manos, ¿qué nos queda por hacer? ¡Denunciar! A veces no es tan sencillo, la presión a la que están sometidas las víctimas las paralizan. Estos profesores y profesoras solo quieren hacer su labor que, en la mayoría de los casos, difiere del tono autoritario y disciplinario de la dirección en cuestión, y por ahí empiezan las reprimendas. Como agua fina van llegando poco a poco, a modo de avisos, de que no nos salgamos del tiesto. Después, en el momento que tienen la mínima oportunidad, no la dejan escapar para seguir hundiendo la moral de la presa escogida. Finalmente, algunos y algunas denuncian; otros y otras optan por pedir traslado y olvidar estos episodios, aunque no es la decisión más acertada, pero sí la que menos desgaste mental y personal causa.

En el caso del acoso a los alumnos y alumnas, los padres y madres se enfrentan a la directiva ante un claro caso de discriminación o desigualdad, a lo que los cargos se agarran a los argumentos vacíos y retrógrados que manejan y tratan a los alumnos/as como alumnos/as de primera y de segunda, provocando el nefasto fracaso escolar de aquellxs estudiantes que no se ajustan al perfil que estas personas pretenden. Así se escudan, menospreciando las quejas que les llegan de esos padres y madres con alumnas y alumnos que no se consiguen adaptar al centro por una mala gestión del mismo, por falta de motivación, de empatía y, sobre todo, de humanidad. "Si solo se quejan los padres de poco menos que delicuentes juveniles, qué podemos esperar" y sentencias como esta son sus argumentos para quitar hierro al asunto y seguir abusando de su poder, tildando a esos/as adolescentes de inútiles que no llegarán a nada. 

 

Este tipo de sistemas autócratas deben ser eliminados de inmediato, pero las instituciones directamente miran para otro lado. El poder está en esos padres y madres que han pasado por situaciones así, de aquellos y aquellas que lo han presenciado, de los profesores y profesoras que, en muchas ocasiones, no tienen el valor de hacer nada por la propia presión a la que están siendo sometidos. El poder está en todos y todas nosotros que vivimos y vemos la injusticia, la oímos, pero no reaccionamos, preferimos dejarlo pasar y salir de allí cuanto antes. Pero, ¿y lxs que quedan por venir? ¿Se merecen acabar en un instituto cercado y dirigido a la antigua usanza? ¿Se merecen nuestros hijos e hijas una educación férrea basada en valores arcaicos que siguen invisibilizando a las mujeres? La respuesta debería ser no, pues como ya sabemos, la solución a todo está en la Educación, la base y la raíz de los errores que cometemos generación tras generación está justamente en el sector al que menos dinero destina nuestro gobierno, a un sector que está cayendo en picado por malas gestiones, corrupción, enchufismos y autoritarismos que, desde siempre, vienen minando a las increíbles mentes que poblarán el futuro, lxs jóvenes que son los que sufren de primera mano la frustración de tener que vivir y crecer encasilladxs y desmotivados, mentes que terminan perdiéndose por el camino por nuestro mal enfoque de la enseñanza y la Educación. 

¡Como sociedad debemos actuar! No por nuestra hija o hijo, que está a punto de irse y es mejor hacerlo sin llamar la atención y sin represalias a la vista, sino por todxs lxs que están por llegar y padecer lo mismo, por las generaciones que se pierden y por el futuro de las nuevas sociedades que gestamos desde aquí. Por una Educación de verdad igualitaria, exenta de machismo, de autoridad, basada en el respeto, la empatía y el diálogo. Una Educación que se implique con cada alumno y alumna como personas, que implique a las familias, que sea visible y transparente para todos y todas, una Educación de calidad que forje personas de calidad para nuestro futuro y dejemos de llevarnos las manos a la cabeza cuando escuchemos lo mal que está la juventud hoy en día o escuchemos casos de violencia machista o violación. Es ahí, en esa Educación de calidad donde se consiguen paliar los verdaderos problemas de un país que va para atrás como los cangrejos.

Últimamente, las redes se han llenado de quejas de centros de toda España por situaciones de autoritarismo como la que recogemos desde APIA y otras relacionadas con discriminación de género, raza, cultura, machismo, sexismo, etc. Casos de bullying que no se tratan como deberían, así como la inexistente atención a la diversidad. Está demostrado que es necesaria una Educación basada en la Igualdad, desde una mirada feminista, que ponga en su lugar a las mujeres y alumnas en los centros y en los libros de texto. Que trate a todos y todas por igual a pesar de las diferencias que los hacen únicxs. Que se atiendan y se implique a las familias como es necesario para poder avanzar.

Gracias al Feminismo, cada vez son más las que denuncian este tipo de discriminaciones por ser mujeres, por su forma de vestir (porque puedan provocar e historias del estilo), por la invisibilización de la mujer en la Historia y de las niñas en las aulas (tras el masculino general "niños"). Todo esto se hace más complicado en centros machistas y anticuados. Por suerte, no son todos, pero eso no quita que miremos para otro lado ante las injusticias latentes. Son muchos los pasos que hay que dar, pero si nos lo proponemos como sociedad, es posible.

 

Recuerda... ¡Si quieres acabar con la corrupción educativa y la vergüenza administrativa comparte y ayúdanos a remover conciencias y a actuar!

Fuente: sevilla.abc.es

Foto de portada: cl.boell.org