Andrew, estamos contigo

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Por Karma marzo 19, 2018  más artículos

 

Andrew, estamos contigo. Estoy contigo. Ojalá no de esta forma. Hubiese preferido conocer tu nombre de otra manera menos dolorosa y agria. Pero, por desgracia, la sociedad ha vuelto a decidir por mí y te conozco porque te has ido. La tuya era una edad demasiado temprana para tanto sufrimiento, Andrew. El seis de marzo lloró por ti, pero, de nuevo, por desgracia, no lo suficiente. Y por ello nos hallamos en esta situación una vez más, porque no eres el primero al que esto le ocurre. Me gusta pensar que sí serás el último, pero este mundo cruel está a un largo camino de comprender qué es la empatía.

Tenías doce años. Estabas aprendiendo a vivir, como lo hacemos todas las personas, y lo hacías con la inocencia e ilusión de un niño. Sin maldad. Únicamente querías conocerte y que te conociesen, y te castigaron por ello.

Esta vez ha sido Mississippi, pero quién sabe si mañana será en Madrid o Hamburgo donde se llorará una pérdida como la tuya. Pero no estás solo, Andrew, ni tú ni quien haya vivido lo que tú. Porque, por desgracia, eras un niño dulce que decidió abrirse al mundo y esa decisión te castigó hasta que no pudiste más.

Creías que eras bisexual. No hiciste nada más. Y no necesitaron nada más para aprovecharse de tu inocencia para comenzar con el acoso escolar. El bullying siempre es algo indeseable y detestable, al igual que la LGBTfobia, pero que tú, tan pequeño y ajeno a la incomprensión social sobre estos temas, tuvieses que recibir ambas formas de acoso es un dolor aún más intenso. Porque la sociedad no despierta ni cuando las personas con menos maldad ni conocimiento sobre la lacra que inunda las raíces de la conciencia social sufren.

Duele, joder, me duele mucho saber que los intentos de suicidio entre las personas jóvenes LGBT de tres a cinco veces más numerosos que entre las personas jóvenes en general. Y ardo sabiendo que de media 50 personas jóvenes LGBT se suicidan en España cada año y otras 950 lo intentan. Porque en casa no lo aceptan, porque en la escuela no lo aceptan… ¡y nadie aprende que no tenemos que ser aceptadas, sino comprendidas! Aceptar, como si implicase algún tipo de inconveniente, como si hiciésemos daño, como si molestásemos y no quedase otra… ¡Comprender es el verbo adecuado! Porque, sí, se puede enseñar a ello, ¡para eso sirve la educación afectivo-sexual! Para huir de la ignorancia que lleva a que ciertas personas se crean con el derecho de hacer sentir a otras que son menos.

Y sí, Andrew, queremos que sepas que estamos contigo. Sabemos qué es no tener muy claro quién eres y nos enfurece e indigna que tú ni siquiera pudieses contemplar la oportunidad de acabar de descubrirte porque te cortaron las alas y decidiste no vivir sin volar. Sabemos qué es la niñez, la preadolescencia y la pubertad y, sí, conocerte es difícil siempre, pero más cuando las siglas LGBT entran en juego. Necesitamos decirlo ya, ¡no queremos aceptación, sino comprensión! Necesitamos saber que no tenemos por qué sentir confusión cuando decimos que creemos que nuestra orientación sexual no es heteronormativa o nuestro género no se corresponde con el que nos asignaron al nacer. Lo necesitamos porque nos matan, porque nos prohiben, porque nos vamos, porque nos reprimimos, porque nos invisibilizan… Y todo por ser quienes somos, sin hacer daño, únicamente recibiéndolo. Porque no somos personas confusas, ni viciosas, ni depravadas… Simplemente diferentes, y eso es lo que molesta a la sociedad.

Andrew Leach. Doce años. Bisexual. Y aunque parezca que no estés, luchamos por ti, Andrew. La comunidad LGBT lucha por ti, por mí y por todas las personas que no encajan en el molde cisheteronormativo en el que nos quieren introducir. Luchamos juntas por nosotras, porque ante la indiferencia del mundo no hay que esperar que muchas personas más se sumen a nosotras por el cambio.

 

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Fuentes: Huffington Post
               La Sexta
               NY Post
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