El Agosto de los Puntos Violetas

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Por Editorial septiembre 6, 2018  más artículos

 

Agosto es un mes que asociamos con las terrazas, los helados, la playa y el buen tiempo. Poder volver al pueblo, a esas fiestas populares o irte a la otra punta del mundo ,con tal de no acordarte de que, tanto la rutina como septiembre, están a la vuelta de la esquina.

Muchas son las ciudades que, con la llegada del verano han creado “Puntos Violetas” contra las agresiones machistas para sus fiestas populares. Estos son casetas de atención a cualquier mujer que fuera víctima de agresiones sexuales o de comentarios denigrantes. También son puntos de información, ya que al ser la primera vez que se ponen en muchas verbenas, no todo el mundo sabe qué función tienen.

Los “puntos violetas” son la consecuencia a la alarma social que se ha creado debido al aumento de agresiones sexuales de los últimos años. Con el fin de hacer unas fiestas en las que no hubiese ningún tipo de violación, muchos ayuntamientos y colectivos feministas han sacado sus mesas a la calle.

 

Hace ya cuatro años desde que, por primera vez, unas mujeres se organizaron y sacaran sus mesas de forma improvisada con el fin de tener unas fiestas libres de violencia machista. Se corrió la voz y redactaron protocolos sobre cómo prevenir ataques machistas en entornos de diversión y cómo ayudar a las mujeres en caso de hacerle frente a abusos, acoso y violación. Y así, entre todas, un día se plantaron en las verbenas con sus brazaletes morados para defender barrios libres de violencia de género. Su mensaje era claro: cualquier agresión sexista,  los comentarios ofensivos, los piropos no consentidos y tocamientos no deseados, debían empezar a entenderse como un abuso y no como una equivocación. Finalmente, su mensaje caló y llegó hasta los ayuntamientos.

Estas pioneras, consiguieron que en los Sanfermines de 2015 se instalara una caseta como lugar de información sobre agresiones sexuales. Después, llegaron los stands de Bilbao, Barcelona, Madrid y San Sebastián que ya no eran lugares improvisados, pero tenían el mismo mensaje. Ahora, cuatro años más tarde, estos puntos violetas se han extendido por toda la Península y los podemos encontrar tanto en verbenas, festivales y, hasta hace poco, las veinticuatro horas del día en La Puerta del Sol.

Esta ha sido la primera vez que en Elche se han colocado Puntos Violetas, por parte por los colectivos ilicitanos Hiparquia y Elx pel dret a decidir. Yo tenido la fortuna de participar de forma activa en el de los colectivos. Antes de contar mi experiencia personal, quisiera darles las gracias por crear esta iniciativa tan necesaria para las fiestas, pero sobretodo, les doy las gracias a Ellas: tanto a las que estuvieron en mis turnos, como en los otros. Cada una sabe lo que vivimos y cómo lo vivimos, pero no nos van a parar. Seguid luchando compañeras, me uniré a vosotras en la siguiente.

 

El punto recibió a muchas personas que querían informarse sobre el punto, cómo ayudar en algunos casos o, simplemente, dar las gracias por estar. La iniciativa de los colectivos tuvo mucho éxito y, a través de un llamamiento por las redes sociales. Muchas mujeres quisieron participar en este proyecto. Crearon un protocolo de actuación para cualquier situación que se les presentara: violaciones, agresiones verbales y físicas estaban dentro de su lista.

Asistieron, tanto mujeres partícipes de los colectivos como de fuera, a unas reuniones previas para las fiestas. Mujeres desconocidas, que se unieron para acabar y visibilizar las agresiones sexuales. Elaboraron un horario dividido en dos turnos, que abarcaba desde las 23 horas hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Además, en cada turno había como mínimo una mujer que tenía una formación en primeros auxilios, medicina, sabía defensa personal o había presenciado alguna situación violenta y sabía cómo actuar. Sabían qué hacer en el caso de que alguna chica viniera nerviosa por haber sufrido una agresión. Primero de todo, debían calmarla, después que ella contara los hechos poco a poco, sin prisa y darle la posibilidad de contárselo a la Policía y denunciar y, por último, y en el caso de querer denunciar, acompañarla y hacer de intermediarias. Tenían en mente que, en ningún momento, debían dar su opinión, solo escuchar a la víctima y respetarla en su última decisión.

El lugar fijo que les asignó el Ayuntamiento se encontraba en un punto estratégico, en el que todo aquel que festejara, se iba a fijar en ellas. Dentro del punto, igualmente contaban con diversos objetos de ayuda, incluyendo un botiquín, compresas, mantas y algún que otro zumo, por si alguna mujer que necesitaba su ayuda, se sentía mareada.

Y un 8 de agosto plantaron su carpa roja llena de carteles feministas y su mesa plegable con una libreta para tomar nota de todos los datos después de una actuación. Mientras unas se quedaban en la caseta, otras recorrían zonas de Elche en las que, en esas fechas, y de noche, se convertían en conflictivas y peligrosas. Iban repartiendo papeles informativos a otras mujeres que se encontraban y les explicaban a estas qué era el “punto violeta”, dónde estaban ubicadas y un número de teléfono al que se le podía llamar, en caso de haber algún problema. Eran las chicas de la camiseta y el brazalete morados y llevaban linternas y silbatos.

Ellas, que compartían cómo se sentían después de una actuación, presenciaron de todo y, a la vez, nada nuevo. Visibilizaron las violaciones que ocurren durante las fiestas y gracias a movimientos y campañas contra el acoso callejero, previos a estas fechas, hicieron que, cada vez, la gente fuese más consciente de que tocarle el culo a una mujer sin su consentimiento en las fiestas (y, sin ser fiesta pues, desgraciadamente, ocurre más veces de lo que pensamos) es una agresión sexual.

 

La sociedad entera debe decir no a la violencia machista y no pasarle ni una a los agresores.

¡¡Por más puntos violetas que visibilicen los actos machistas que sufren las mujeres!!

                                                                                                                                                                                                   

Por Blanca Olivares Herrera

 

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Foto de portada: Punto Violeta de Elche