Anorexia y bulimia, ¿cómo actuar?

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Por David Vegan QF noviembre 30, 2017  más artículos

 

En nuestra sociedad actual, la preocupación por el cuerpo y por la esbeltez ocupan un lugar clave: en esta cultura que da especial valor al culto del cuerpo, los trastornos de la alimentación han cobrado gran importancia. Dentro de estos trastornos, los que comparten el miedo intenso a ganar peso se han convertido en las alteraciones psicopatológicas que afectan más a la población femenina adolescente en los últimos años. Estos trastornos son la anorexia y la bulimia nerviosa, dos trastornos mentales y conductuales caracterizados por una fobia a engordar, que vienen de la mano de la denominada "cultura de la delgadez".

Esto ocurre porque, en las últimas décadas, ser físicamente perfecto se ha convertido en uno de los objetivos principales de las sociedades desarrolladas. Es una meta impuesta por nuevos modelos de vida en los que el aspecto parece ser el único sinónimo válido de éxito, felicidad e, incluso, salud. Es en la adolescencia cuando este tipo de obsesión se convierte en una pesadilla, ya que con una personalidad aún no configurada, con unos medios de comunicación que transmiten constantemente modelos de perfección y belleza, se sienten en la obligación de tener esos cuerpos, sacrificando su salud y llegando hasta las últimas consecuencias en sus conductas inadecuadas. Afecta principalmente a mujeres jóvenes entre 14 y 18 años (aunque la edad va descendiendo peligrosamente hacia niñas menores de 12 años), siendo el reflejo de la cosificación que sufre la mujer, víctima del mandato patriarcal que defiende que la mujer es un objeto que debe responder a unos cánones de medidas y apariencias que gusten a la mayoría de los hombres.

Existen aspectos biológicos que llevan al ser humano a nutrirse valiéndose de la necesidad de comer como un elemento de supervivencia. Pero la conducta alimenticia puede estar condicionada por elementos mucho más complejos relacionados con experiencias psicológicas, sociales y culturales, entendiendo estas como la forma de comer y las características de los alimentos que definen a los diferentes grupos culturales. Así, se habla de dieta mediterránea, comida americana, italiana, india, platos típicos, menús tradicionales, incluso, comida basura. En la actualidad, el acto de comer sigue siendo un fenómeno de comunicación social. A través de la comida, el grupo se siente cohesionado e identificado, en la mayoría de los actos sociales, la comida ocupa un lugar preferente.

Es partir de 1925, cuando los cánones de belleza femenina dan un giro importante, ya que con la desaparición total del corsé, usado durante casi cuatro siglos, la mujer comienza a mostrar su cuerpo de otra manera. En este año, aparecen, por primera vez, los figurines de moda en los que se apunta una estilización progresiva, se acortan los vestidos, se enseñan las piernas y hay una supresión de curvas. Coincide con la incorporación de la mujer al deporte en la alta burguesía y comienza la moda de mujeres delgadas que incluso se vendaban el pecho para iniciar el sutil camino a la androginia.

Esta progresiva exhibición del cuerpo femenino es imparable y hace que la mujer se preocupe de este, ya que comienza a ser observado y criticado. Sin embargo, las modelos de belleza de los años cincuenta como Marilyn Monroe o Ava Gardner siguen mostrando una mujer con curvasEs en esta época cuando la preocupación por los trastornos alimenticios es evidente y se empiezan a estudiar desde diferentes líneas, considerando no solo los factores biológicos y psicológicos, sino también los sociales y educativos que influyen en esta nueva cultura de la delgadez.

Los cánones de belleza actuales y el rechazo social a la obesidad femenina hacen que las adolescentes sientan un impulso irrefrenable de querer estar tan delgadas como las supermodelos que la publicidad y medios de comunicación presentan a diario. No es casual que el perfil de la joven anoréxica sea mayoritariamente el de una chica responsable y estudiosa, que desea realizar correctamente su rol social y que tiende a un perfeccionismo exagerado.

Los mensajes educativos machistas dirigidos sobre todo a las jóvenes favorecen la creencia de que ellas deben ser el doble de responsable que los chicos para conseguir éxito en la vida profesional y compatibilizarla armoniosamente con la familiar. Uno de los índices para lograr el éxito y la aceptación social va a ser tener un físico apropiado, estar delgada, y dado que la pérdida de peso puede realizarse con voluntad y esfuerzo, he aquí el reto por el cual se va a empezar a ser responsable también en este terreno.

 

¿Cómo debemos actuar ante casos de bulimia y anorexia?

La detención precoz y un buen diagnóstico son las primeras armas para combatirlas, pero es preciso realizar programas de prevención y promoción de la salud desde los ámbitos familiares, educativos y sociales. Enseñar y educar desde la infancia, en la familia y en los centros escolares a llevar una vida saludable, inculcándoles hábitos de alimentación sana y de actividad física adecuadas a sus facultades. Muy importante es que el mensaje esté libre de condicionamientos machistas y que tenga como objetivo que tanto niñas como niños deben aprender a cuidar su cuerpo por salud, no por la imagen que proyecten. Ayudarles con comprensión y confianza a conocer su propia realidad biológica y psíquica, sus capacidades y limitaciones, infundiéndoles seguridad en sus propios valores, de forma que se acepten como realmente son.

Fomentar la autonomía y criterios capaces de evitar que los excesivos mensajes de los medios de comunicación y la publicidad sobre una imagen corporal falsamente perfecta, se convierta en una meta a conseguir y en un modelo que se olvida de los valores integrales de la persona. Se trata de dejar sin efecto la propaganda patriarcal respecto a cómo tiene que llegar a ser una mujer físicamente, y poner en valor la reflexión personal acerca del físico propio sin influencias externas. Evitar proponerles metas académicas, deportivas o estéticas inalcanzables con arreglo a su capacidad mental o constitución física, ya que ello les podría producir una disminución de su autoestima.

Si precisan perder peso por razones de salud, hacerlo siempre con un estricto control médico. Si manifiestan su deseo de perder peso innecesariamente o comienzan a reducir su alimentación, hay que consultar con especialistas de atención primaria. Es preciso saber que la preocupación continua por la comida en este tipo de trastornos alimentarios se convierte en algo obsesivo, que la persona no puede dejar de hacerlo con el consiguiente sentimiento de confusión y estados de ansiedad y depresión.

Cuando ya se haya detectado el trastorno alimentario hay utilizar la calma y el sosiego para la búsqueda de soluciones, y para ello, la familia no se debe culpabilizar ni recriminar estas conductas. Todo ello ayudará a una mayor eficacia. En estos casos es importante buscar ayuda a través de los dispositivos sanitarios de atención primaria, quienes evaluarán el problema y lo derivarán, si procede, a otros ámbitos de atención especializada y de salud mental en su caso. Es conveniente agruparse en asociaciones de familiares con personas afectadas o grupos de ayuda mutua para intentar mejorar la atención a estos problemas y sensibilizar a la sociedad sobre este tipo de enfermedades. Estas asociaciones realizan acciones reivindicativas para conseguir una mejor asistencia médica y psicológica denunciando a los medios de comunicación por la utilización de mensajes negativos. Todas las personas relacionadas con la educación también tienen un papel importante en la detección precoz de estos trastornos, observando los comportamientos, cambios emocionales y de aspecto físico que pueden hacer pensar en este tipo de trastornos alimentarios.

También, los mensajes publicitarios van a ayudar a que esta conducta errónea se considere como una obligación, inculcando mensajes a las adolescentes, como: "debes estar delgada"; la delgadez tiene prestigio, lo propio, lo natural, lo redondo molesta... El grado de insatisfacción con el esquema corporal se empieza a producir en la infancia, hay una condena y rechazo hacia los niños y niñas con sobrepeso y es uno de los insultos más frecuentes en la escuela: "Pareces una vaca, gorda, ballena...".

Es preciso, por lo tanto, reorientar desde la escuela las ideas erróneas sobre la percepción de un cuerpo saludable, que no tiene por qué ser excesivamente delgado. Es fundamental potenciar la autoestima, ofrecer modelos humanos no estereotipados y favorecer positivamente las diferencias estableciendo medidas de acción positiva para compensar posibles situaciones de menosprecio en el ámbito escolar. La prevención en la escuela va a consistir fundamentalmente en desarrollar habilidades personales y sociales, potenciar hábitos y actitudes saludables, así como promover una acción responsable y solidaria con la comunidad.

De nuevo, una educación libre del yugo del machismo puede ayudar a que las niñas y los niños de hoy, crezcan sanas y sanos física y mentalmente, libres y dueñas de su propio cuerpo.

 

 

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 Fuentes: 
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 Cervera, S. y Quintanilla, B.; Anorexia nerviosa. Manifestaciones psicopatológicas fundamentales. Ed. Eunsa, 1995
 Chinchilla, A.; Guía teórico-practica de los trastornos de conducta alimentaria; anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. Ed. Masson,  1995
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 Saldaña, C,; Trastornos del comportamiento alimentario. Ed. Fundación Universidad-Empresa, 1994
 Toro, J. y Vilardell, E.; Anorexia nerviosa. Ed. Martínez Roca, 1987
 Turon, V.; Trastornos de la alimentación. Ed. Masson, 1997
 Vandereycken, W.; Castro, J. y Vanderlinden, J.; Anorexia y bulimia. La familia en su génesis y tratamiento. Ed. Martínez Roca,  1991
Foto de portada: expoknews.com