Me quitaron mucho más

 5499
Por Editorial noviembre 19, 2017  más artículos

 

Es sábado, mejor dicho, domingo. Has salido de fiesta con unos amigos y está amaneciendo sin que te hayas dado cuenta. Vuelves solo a casa y te cruzas con algún madrugador vecino que va a comprar el periódico o con algún panadero abriendo sus negocios. Al fondo de la calle ves a un par de chicos jóvenes, atléticos a simple vista. Uno de ellos con un móvil en la mano, el otro con las manos en los bolsillos. Como otras tantas veces, piensas. Pero esta vez no es igual. Cuando pasas a su lado sientes un empujón. Te ves dentro de un portal contra una pared. El chaval del móvil graba mientras se ríe. El otro ha sacado sus manos de los bolsillos y está demasiado cerca tuya con mirada amenazante. Estás en shock, no sabes cómo reaccionar. “¡Dame la cartera!”, escuchas en la lejanía de los centímetros que os separan. Intentas tartamudear algo, pero los nervios no te dejan articular palabras. Las risas del joven que graba son más sonoras. “¡La cartera, ya! ¿Es que no me has escuchado, imbécil!?” Tragas saliva y le das la cartera. Te da un puñetazo en el vientre y te quita también el móvil. Se van corriendo del portal. Tú, desorientado, sales sin saber dónde estás. Te sientas en un escalón cercano y rompes a llorar. Se acerca un extraño que te consuela y te acompaña a denunciar ante la policía. Los agentes te ayudan y encuentran a los malhechores. Sigues con tu vida hasta el día del juicio. Cada vez que sales vuelves acompañado, te quedan secuelas. Pero sigues con tus estudios, tu trabajo de fin de semana y tus pequeñas vacaciones. ‘La vida sigue’, piensas. En el juicio descubres que has tenido un investigador privado que certifica la normalidad de tu vida. Se acepta como prueba. En el juicio ponen en duda tu versión. No te habías negado a darle la cartera. No habías dicho “no”. Pero no hay un juicio alternativo. Tu caso no sale en prensa y nadie clama por la presunción de inocencia de los acusados.


Pero no te han robado la cartera. Te han violado en un portal una noche de fiesta en una ciudad desconocida. No eran dos, eran cinco. Y la prensa sí sigue el caso. Hay quién juzga la normalidad con la que afrontas los hechos. Que mira con desconfianza el tono tranquilo y pausado con el que declaras ante el juez. Hay quien pregunta irónico si cerraste bien las piernas. Pero yo sí te creo. Yo sí estoy contigo.

 

Jorge Pedrosa

 

Recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compartir este post debes!

Foto de portada: pinterest