El besazo masivo que destapó un caso de lesbofobia en Argentina

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Por Nieve Cruda octubre 18, 2017  más artículos
 
 

En Argentina ocurrió la semana pasada, un caso de lesbofobia por parte de la policía de la ciudad de Buenos Aires. Las mujeres salieron a darles una clase de convivencia en el mismo lugar valiéndose para ello de un besazo masivo

 
 
A QFem nos llega de la mano del fotógrafo argentino Sebastián Puenzo una historia de amor, activismo y resistencia pasiva como hacía tiempo no veíamos en estas últimas épocas convulsas, donde la ira y la rabia forman parte de las manifestaciones de nuestro desencanto y frustración frente al sistema social en el que vivimos.
 
 
Una pareja lesbiana, que fue agredida por la policía por el simple hecho de darse un beso en público, decide llevar a cabo una de las iniciativas más hermosas y originales que hayamos conocido hasta el momento. Esta iniciativa ha sido conocida como #Besazo.
 
 
Sebastián Puenzo aborda temas de actualidad a través de la fotografía documental. Su mirada describe acontecimientos sociales y cotidianos con una estética influenciada seguramente desde otro ámbito donde desarrolla su oficio: el cine. Sebastián se ha desenvuelto muchos años como asistente de dirección en largometraje hasta poner el foco en el área que atiende la producción de materiales de prensa en las películas, lo que se conoce como Foto Fija o Still Photographer, o sea, interpreta el tema de una película para plasmarlo en imágenes destinadas a afiches, prensa gráfica, contenidos web, etc. Esta dinámica que alterna en su perspectiva fragmentos de ficción y realidad, creemos, caracteriza su particular punto de vista. 
 
 
 

Contemos los hechos...

Una mujer fue detenida mientras se daba un beso con su esposa. Su nombre, Mariana Solange Gómez. Los agentes la tiraron al suelo, la arrastraron y se la llevaron detenida a la Comisaría de Policía de la ciudad ubicada en la estación Boedo de la línea E. Pasó 21 horas retenida en los calabozos.
 
Mariana tiene 24 años y estaba junto a su esposa, Rocío Girat, protagonista de una denuncia por abuso contra el oficial de la armada Marcelo Girat.
 
Los policías la vejaron y humillaron -incluso la trataron de ‘macho’-, la golpearon, la esposaron y la llevaron detenida. Existen pruebas videográfícas sobre el suceso.
 
 
 “Mariana se encontraba junto con su esposa en la estación de Constitución en Capital Federal besándose cuando fue interceptada por personal policial de la Policía de la Ciudad que bajo la excusa de que se encontraba fumando un cigarrillo (de tabaco e industrial) en un sector no autorizado la golpeó y la detuvo, en un claro ataque por su orientación sexual”, denunció la Agrupación LGBTI 1969.
 
“Vino uno de los policías a pedirme los datos. Le digo que estoy casada con ella. Y el policía escribe que soy soltera. Insisto con que estoy casada de manera legal. Me pide el certificado. No sé a qué pareja heterosexual le piden el certificado”,  dijo Rocío Girat a los canales de televisión.
 
 
La denuncia se hizo viral en las redes y varias personas se manifestaron para pedir su liberación inmediata. Su madre escribía en Facebook: “Agradecida de corazón por tanta gente que se acercó a hacer el aguante a mi hija ayer, quien fue detenida arbitrariamente por Jonatas Rojo y Karen Villarroel, policías de la Metropolitana del Gobierno de la Ciudad. Después de haber sido golpeada, esposada y encarcelada en un calabozo común por 7 horas, fue liberada a las 21 horas gracias a la resistencia feminista. El día miércoles 4/10 nos tenemos que presentar a las 9 horas en Lavalle 1171.”
 
En cuanto al continuismo de la violencia institucional contra las mujeres argentinas y el colectivo lésbico se pronunciaba su pareja al respecto: “Con Mariana vivimos recibiendo violencia institucional”, dijo Rocío en una de las entrevistas que concedió a la prensa. “Yo fui violada por un militar, por todo una institución que jamás se encargó de repararme, que hasta el día de hoy no me da respuestas. Mariana fue violada por su tutor, una persona que está apta para estar con un menor y la violó 16 años”.
 
“Lo que más bronca me da es que ninguna de nosotras dos tuvo el placer de ver a la persona que lo violentó de la manera deplorable en que yo la vi a ella ayer: esposada”, dijo.
 
 

El Beso

Nunca se había visto una manifestación para solicitar la libertad individual de tal magnitud. A las 6 de la tarde en el Centro de Trasbordo Constitución, lugar donde acaecieron los hechos, se devolvió con creces la muestra de amor que tanto había ofendido a los agentes de policía y que había propiciado el maltrato de Mariana y su esposa Rocío.
 
 
La convocatoria se hizo a través de redes sociales por organizaciones de defensa de los derechos LGBT. Estas convocatorias empezaron a replicarse a su vez en las provincias de Tucumán y Salta. Aunque el evento en los primeros diez minutos amenazaba un fracaso, una legión de personas comenzó a aparecer con banderas multicolores, y los símbolos de organizaciones como la Asamblea Lésbica Permanente, La Fulana, y pancartas del MTS, así como las pañoletas verdes símbolo de la Campaña Nacional por el derecho al aborto. Todas estas mujeres reconociéndose en un motivo común, el que alumbró el reclamo: repudiar la represión a la joven y el discurso lesbofóbico que la sostiene. 
 
 
 “Besarse no es delito”, “las tortas existimos y resistimos” y “la calle no debería ser un closet”, eran algunos de sus mensajes que circulaban en carteles hechos a mano. Entonces, agarradas de la mano llegaron Mariana y Rocío, emocionadas al ver el gran apoyo. Mariana recordó, una vez más, cómo fue su abuso policial, inmovilizada tres horas en la estación, esposada, y luego llevada a la comisaría en la estación Boedo de la línea E, donde estuvo en un calabozo hasta las 21. Contó cómo el agente Jonatas Rojo montó sobre su cuerpo y la aplastó la espalda con una rodilla mientras la agente Karen Villarreal le sujetaba las piernas inmovilizándola. También recordó cómo fue el trato hacia ella, machista y lesbófobo: “Che, pibe: vas a ser detenido. Quedate acá”.
 
 
Después, se besaron amorosamente dando pie a que todas las parejas allí agrupadas comenzaran a hacer lo mismo. Fue un fluir de emociones y sentimientos como una forma de defenderse de la cerrazón social. Una muestra de que la ternura puede destruir cualquier negatividad y mover montañas. 
 
 
La convocatoria demostró que cada vez más la invisibilización y los maltratos institucionales encuentran una respuesta rápida en la nueva sociedad que vamos formando. Más concienciada y abierta.
 
 
“Esto pasa más seguido de lo que se cree. Por eso hay que darle visibilidad, porque a pesar de la ley de matrimonio igualitario y que la personas dicen que hay más igualdad, y eso es cierto, estas cosas siguen pasando”, dijo Gabriela, y su pareja acotó que “no hay que olvidar que a Rocío le pidieron el certificado de matrimonio para demostrar que estaba casada. A qué pareja hetero se lo piden”, remarcó. 
 
 
Agustín terció para advertir que “no son casos aislado, en La Plata hace poco golpearon a una pareja de chicos gay mientras esperaban el colectivo, y tenés que sumar la cantidad de travesticidios constantes que hay en todo el país. Por eso salimos también hoy a la calle, para mostrar que acá estamos, resistiendo”.
 
 
Paz, coordinadora del espacio de lesbianas y mujeres bisexuales La Fulana, explicó que: “a las compañeras las acompañamos porque sufrieron un acto de discriminación y violencia por darse un beso en la vía pública. Nosotras reivindicamos y trabajamos por la visibilidad, y por eso decimos que los besos visibles nos hacen más libre. Si no nos visibilizamos no tenemos acceso a ningún derecho”.
 
 
Una chica que se presentó como Parialapsus, explicó que “soy lesbiana y tengo que presentarme con seudónimo porque si se enteran en mi trabajo me echan. Es otra de las precariedades que vivimos cotidianamente. La visibilidad lésbica es algo que tenemos que hacer todos los días y en todos lados porque justamente pasan estas cosas: si hay dos lesbianas solas o una sola por la calle están expuestas a un montón de violencias. Que saltemos todas cuando pasa algo es una manera de ir haciendo mella en el odio que sigue vigente en esta sociedad a pesar de las leyes antidiscriminatorias que deberían resguardarnos de esto. Pero las fuerzas policiales parecen no haberse enterado”. 
 
Mariana Gómez aclaró: “desde la policía nadie me pidió disculpas”, “no me esperaba todo este apoyo. Esto es lo que me hace sostener en pie y seguir la lucha”.
 
 

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Fuentes: Pagina12
               TiempoAR
               CosechaRoja