Hoy A y Hoy B

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Por Deslenguada octubre 12, 2017  más artículos
 

 

Hoy, en un día tan señalado, cuando se celebra la Hispanidad, quiero confesar que me siento menos española que nunca

 
Habrá much@s que no lean más allá y se queden con este sentimiento que me pesa y que, aunque para ell@s pueda parecer de rebeldía o con fuertes tintes independentistas, no van por ahí los tiros. 
 
Hoy me temo que veré en repetidas publicaciones una bandera y un patriotismo fervientes que en estos momentos solo me hace sentirme idiota, como poco, y triste, muy triste. Idiota por creer que somos más que lo que los políticos nos venden, nos cuentan y nos mienten. Triste por ver que la realidad es que seguimos en el mismo sitio, apoyando a los mismos de siempre y odiando a nuestros hermanos y hermanas.
 
Amo España. No creo que pudiera vivir en otro lugar. Cada vez que he viajado al extranjero, sí, lo he disfrutado muchísimo, principalmente por todo lo que puedes ver y conocer, por supuesto, pero en todos mis viajes no ha faltado la frase de "Qué ganas de volver a España y comer una buena tortilla de patatas (entre otros muchos manjares de nuestra tierra que saben más a gloria aún cuando los tienes lejos)". Y, en cambio, siempre que he viajado dentro de la Península como la conocemos hasta hoy, lo he flipado de lo que me ha gustado y he deseado volver (entre otras cosas porque siempre había tortilla disponible).
 
Amo a l@s españoles. Bueno, esto queda muy bonito y muy amplio. Más bien, amo a l@s españoles buen@s, a las buenas personas en general, vengan de donde vengan y que habiten en este precioso país... Y a l@s de fuera, también, porque no deberían existir fronteras, no debería existir odio a todo aquello que nos pille lejos.
 
Pero todo en mí no puede ser amor. Detesto muchas caras del país que amo. Esto se puede ver reflejado en cualquier relación de pareja, en cualquier amistad o relación laboral. Siempre hay algo que termina abrumándonos.
 
Pues en mi caso, me abruman muchas cosas de la Marca España que nos venden y que si no la absorvemos al completo, no somos españoles. No creo que ser consciente de todas las mejoras que necesita mi país me haga ser menos española, aunque sin duda, me hará menos ciega.
 
Hoy será uno de esos días en los que mi cara permanecerá en modo rancio ante cada gesto fascista que me llegue con vehemencia de cualquier cercan@ (esto es lo que más jode), muchas veces con la simple intención de hacer broma y, de paso, cagarse en los "malvados desertores" de la gran pantomima que tenemos montada en la Península Histérica.
 
Hoy me podrán llamar radical, antipatriota, republicana, antisistema y muchas otras verdades mezcladas con barbaridades. Y no por seré o me sentiré menos española, pero sí menos ciega.
 
Hoy amaré mi patria un día más, su sol caliente, su buena gente, e intentaré olvidarme de aquell@s que la ensucian descaradamente con sus malos gestos.
 
Pero, hoy también detestaré todo aquello que me recuerda inevitablemente la marca España, aquella que no compro ni pienso hacerlo jamás, ni la banderita para la muñeca, ni el cara al sol, ni ese ¡Viva España! lleno de odio y supremacía, despotismo y costumbrismo (del más malo), ni el toro y la gitana como souvenirs de nuestra gran cultura, ni el maltrato a animales en fiestas patronales, ni su asesinato en un ruedo a la voz de tradición que hay que mantener hasta el fin de los días porque sí, porque es lo más auténtico. Pues me niego.
 
Hoy voy a amar el flamenco, voy a amar a Cervantes, a Lope, a las Sin Sombrero, a Juan Ramón y Lorca, a Machado (que ya lo veía venir de lejos y hasta nos avisó pero no quisimos verlo), a Cernuda, a Alberti y su mar marinero, a Serrat y a Sabina, a Picasso, Buñuel y Dalí. A la Jurado (la más grande), a Raphael, a Encarna de Noche, La Bruja Avería, al Gran Wyoming, a la Stra. Bebi, a BarbiJaputa y a LaVecinaRubia (y me importa un pimiento de dónde sean). Si sigo no acabo y no sé para dónde tirar para seguir alabando a tant@s.
 
Hoy voy a odiar la guerra, las palizas, los maltratos, la violencia machista, la ley mordaza, los patriarcados, las cajas b, el 155, los patriotismos exacervados y los enfrentamientos entre bandos de una misma gran familia por cuatro políticos de mierda que pretenden solo sacar una basura a relucir para tapar otra más gorda que viene por detrás.
 
Hoy voy a odiar todo lo que ha representado en mi España el Franquismo y su sombra que aún nos contempla desde el valle que muchos defienden como honra española.
 
Hoy voy a odiar la telebasura, Telecinco, la Esteban, Jorge Javier, los programas cosificados, los programas idiotizados que representan una España rancia y manida, Pablo Motos, Dalas Amarna Mi... Si sigo no termino y me voy del tema. Paso de tanto odio.
 
Hoy voy a amar a los hispanohablantes, voy a sentirme más cerca de ell@s, como mis herman@s al otro lado del charco, ese largo charco que cruzaron nuestros grandes conquistadores (asesinos y violadores) para convertirlos en su ganado. 
 
Si miramos hacia atrás en la Historia de España, sinceramente, se nos quitan las ganas de ser españoles y muy españoles. Perdón, os he incluido en mi reflexión. Quizá solo me arañe la piel a mí esta sensación de que la Ñ ha hecho mucho más daño de lo que nos hemos enterado. 
 
Lo que está claro es que vivimos en continuas etapas cíclicas y que, cuando las analizas, no es muy complicado ver hacia dónde vamos a desembocar. Pero, señores y señoras, ¿por qué llegar tan lejos? ¿Por qué seguir perpetuando los malos quehaceres de nuestros antepasados? ¿No sería hora de aprender?
 
Hoy voy a amar el diálogo, el conocimiento, el desengaño dulce que te llena de vida cuando te das cuenta de que amando más y odiando menos todo va muchísimo mejor. 
 
Hoy voy a amar a mis herman@s, a la gente que vive y sueña con una España mejor (obviamente, diferente), que cree que es posible, que solo tenemos que hacer un poquito más de fuerza y no acobardarnos por contar la verdad, por sentirnos españoles a medias en tiempos de hipocresía, por querer conseguir una España de la que todos y todas podamos sentirnos orgullos@s y podamos vivir en armonía con nuestra pluralidad de culturas, territorios, idiomas, razas, religiones, géneros e identidades que nos hacen ser tan tan grandes.
 
Pero, hoy, inevitablemente, seguiré con mi mal sabor de boca al pensar que much@s celebran este día de la Hispanidad como un día nacional, suyo y solo suyo, cuando este día representa muchísimo más, más allá de las fronteras y más allá del mar, un día con verdades a medias, con triunfos que siempre llevan a cuestas la amarga marca de la misera y la guerra. 
 
Así me siento y así os lo transmito, partida en dos, en la cara A, la buena de las cosas que me hacen seguir en pie, y la cara B, la que por desgracia alimentamos muy a menudo y que nos hace pagar muy caro cuando se vuelve en nuestra contra. Esa cara B en la que caemos una y otra vez por ser la que nos da beneficios y alegrías a corto plazo, esa cara B que nos hace codiciosos, egoístas y enemigos de nuestra propia sangre, que saca lo peor de nosotros y que nos convierte en verdaderos monstruos. 
 

¿Con cuál te quedas, herman@? ¿Qué piensas hacer para remediarlo?

Por el momento, que Viva España... o No.

 

 
 

 

 
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