¿Cómo pudiste, Pablo?

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Por Q febrero 20, 2018  más artículos

 

No lo sabía, no tenía ni idea de tu turbio pasado, y sí, estoy real y profundamente decepcionada

No me lo esperaba. No me lo espero de nadie, sinceramente. Soy tan ingenua e idiota que pienso que nadie puede hacer cosas atroces por el simple hecho de que yo no podría. Pero sí, esas cosas aparecen más a menudo de lo que me veo capaz de asimilar.

Mi dedo deslizándose por la pantalla del móvil, buscando noticias, información, conocimiento… Y ahí llega esa carita inocente, el rostro puro de una pequeña niña de poca edad y mucha historia detrás. Y leo: “La hija madrileña a la que Pablo Neruda abandonó y llamaba `vampiresa de 3 kilos´"

¿Cómo crees que me quedo? A la noticia se adjunta un comentario que realmente me ha fascinado de una usuaria de la red que tanto me apasiona, Facebook (tú de esto no tienes ni idea, pero no me molestaré en explicártelo, no te lo mereces). Sí te dejo el comentario porque quiero que sepas lo que sentimos muchas de tus fieles lectoras, lo que te espera a partir de ahora. A ti y a todos los que hagan estas atrocidades, pues me da igual que tu obra fuese la releche, Pablo, sí, me da exactamente igual. Porque hay millones de obras, muchas que no llegarán a ver tu esplendor por el simple hecho de que no estuvieron en el momento oportuno, o porque no poseían los privilegios que tú sí disfrutaste hasta permitirte el lujo de creerte con el derecho de vivir tu vida sin tener en cuenta la pequeña existencia que de ti dependía.

Cuántas noches recurrí a tus versos más tristes, me acurruqué en tus páginas, y hasta te empollé en la universidad. Demasiadas, visto lo visto. Nunca me contaron esto de ti. En los libros apareces radiante, fuerte, increíble. En 1934, tu hecho heroico para el mundo fue tu regreso a España en calidad de Cónsul cultivando una rica amistad con los miembros de la Generación del 27. Alberti, Lorca, Aleixandre, te abrieron sus corazones y dieron voz a otro hecho más memorable aunque a ti te resulte vergonzoso. “Un ser perfectamente ridículo”, como tú la llamabas. La pequeña Malva Marina nacería en este sombrío año de 1934 en tu biografía, algo que no sería conocido hasta 100 años después y, en mi caso, hasta hoy.

Sí, Pablo, tu hija, tu preciosa y frágil niñita, fruto de la unión que tuviste con Maruca. ¿La recuerdas? Ella se acordó de ti mucho durante tanto tiempo, no lo dudes.

Tu única hija nació con una hidrocefalia severa, estaba destinada a morir, pero vivió ocho años. Tú la abandonaste a los dos años y nunca más la viste. No quisiste, te desentendiste. Malva Marina murió el 2 de marzo de 1943, pero eso tú ya lo sabías. A los pocos días, desde el consulado de Chile en Berna, tu mujer Maruca avisó de que tu hija había fallecido y de que deseaba reunirse contigo, su marido, a la mayor brevedad posible. Ese encuentro no se dio jamás. Callaste para siempre esta desgracia y nunca le rendiste un homenaje a tu hija. Quisiste silenciarla para siempre.

 

¿Cómo se sentiría esa niña? ¿Cómo se sintió Maruca? Te dio exactamente igual. Yo he odiado toda mi vida a mi padre por hacer eso mismo, abandonarnos a mi madre y a mí. ¿Y ahora esperas que te siga idolatrando después de esto? Pues vas listo. Solito te vas a quedar, Pablo. Y tus libros, aunque me duela, tendrán que ir fuera de mi vida y de mi corazón. Y me dirán, qué dura, qué radical. Así lo siento, así me has dañado, Pablo, no lo puedo remediar. A veces, cuando admiras al artista de verdad, ciertos capítulos turbios de su vida pueden ensombrecer el amor que sientes por él. No es tan descabellado, no es poco empático. Creo que estoy siendo muy empática, pero con la persona que se lo merece en este caso, Malva Marina.

¿Sabes cómo me he sentido cuando he leído esto y te tenía justo enfrente en mi biblioteca entre mis más queridos clásicos? Sí, de los primeros tomos que quieres siempre tener visibles, de los que te enorgulleces y quieres que vivan contigo cada momento de tu vida. Me he sentido defraudada, sola, asqueada, triste, cabreada, dolida, ingenua e idiota. Todo junto y revuelto.

 

Estudié Filología Hispánica por mi amor a ti y a otros como tú, pero nunca me contaron qué hicisteis en vuestras vidas. Tampoco me hablaban de ellas, de las mujeres como yo. Eran invisibles. Siguen siéndolo en las aulas. Contaron la historia como quisieron, como les dio la real gana. Y nosotras nos la creímos tal cual. Te ensalzaron hasta las nubes. Y yo me lo creí también. Ni lo cuestioné. Eras uno de los grandes y había que leerte hasta la saciedad.

Y ese “me gusta cuando callas” que tiene tanto implícito que hasta da miedo. Que sigo diciéndoselo a la persona con la que esté hablando y me deje en un largo silencio interminable. Cómo me jode tener que acordarme de ti en tantos momentos.

No eres el único, eh, no te creas, tengo rencor y decepción para muchos. Desde que se destapó el famoso #Metoo (tampoco tienes ni idea, lo mismo da), muchos como tú han demostrado ser seres despreciables que no merecen ocupar el gran lugar que la Historia con mayúsculas les ha adjudicado. También hay algunas, pero menos, inevitablemente, porque hemos estado siempre relegadas a un segundo o tercer puesto. Así que, aunque suene falocentrista, centro mi odio en los tipos como tú, los que perpetuáis lo peor de nuestra especie, los que violáis, humilláis, explotáis, matáis y abándonáis a las mujeres y a las niñas porque os sentís con el derecho de poder hacerlo.

 

De todo este movimiento que está destapando vuestros asquerosos trapos sucios ha surgido un gran debate. ¿Los tipos como tú merecen seguir siendo admirados por su obra o debe esta morir con ellos en el máximo desprecio, soledad y olvido artísticos?

Yo he dudado mucho sobre este asunto. Podría ignorarlo, mirar para otro lado y seguir disfrutando de tu arte, venerándote por la obra y no por la persona. Sí, podría. Pero no, no quiero. Hoy no. Me has jodido el día, ¿sabes?

Sois muchos los que me abristeis caminos en mi juventud, me enseñasteis todo lo que sé. Muchos que ahora estáis señalados por vuestros actos impunes y, sinceramente, me da miedo que la caja de Pandora se abra del todo y toquen a algunos aún más preciados. Si eso ocurre, ya iré sopesando mis dudas y mis profundas decepciones con el ser humano en general y con los artistas a los que amo en particular. 

 

Por lo pronto, hoy empiezo contigo.

No eres para tanto, Neruda.

Mi amor por ti ha llegado hasta aquí. Te deseo un tan largo olvido...

 

 

 

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Fuentes: elmundo.es
               elcultural.com
 

Las dos mujeres que han tratado este tema y lo han sacado a la luz a través de su narración son la periodista chilena Inés María Cardone, autora del libro "Los amores de Neruda" (2003) y la poeta neerlandesa Hagar Peeters, autora de "Malva" (2015).

Foto de portada: