Mis vivencias de los últimos meses

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Por Claudia Sánchez octubre 2, 2017  más artículos

 

Hoy me sentía inspirada para relatar mis vivencias de estos últimos meses. Todos sabremos que, en tiempos de juventud, el verano se vuelve una etapa especial a lo largo del año; una estación curiosa con una rutina diferente. Teniendo casi dos meses libres y saliendo con mis amigos prácticamente todo el día, con un tiempo para pensar y una mente mucho más abierta que años anteriores, me he dado cuenta de muchas cosas.

Para ser más específica, de situaciones. Y es que me avergüenzan, me irritan, me sorprenden y, al mismo tiempo, ya me las esperaba de los demás. Ese cóctel molotov de sensaciones discurren por mis dedos a la hora de escribir este artículo, más simbólico que práctico, creando una explosión de incertidumbre y una pregunta casi retórica: ¿Y ahora qué?

 

 

De innumerables debates (algunos veces acabando en discusiones) he sido partícipe durante esta pasada estación de verano. La mayoría, con hombres. A pesar de ello, me he encontrado de todo: algunos pensaban que ser gay era monstruoso, a lo que yo saltaba diciéndoles que entonces por qué yo les caía bien siendo bisexual (tras esto solía producirse un silencio por su parte, equivalente a un cortocircuito mental en su viejo y oxidado microchip); otros comentaban que les daba igual, fuesen transgénero, gays, lesbianas o lo que fuere; y otros simplemente repetían el mismo discurso machista que todas y todos conocemos.

Aún así, bastantes coincidíamos en que muchas “feministas” no ejercían su activismo de la forma adecuada. Si bien ellos criticaban el mensaje, yo la forma de expresarlo.

Para convencer a alguien, y más a una persona (en este caso, hombre) que ha sido educado bajo la máxima de “tu opinión es la que vale, y la de los demás menos”, hay que usar una estrategia, una forma correcta, seductora y a la vez fiel al mensaje que induzca al que escucha a pensar lo que tú piensas, pero que parezca que ha sido él solo el que ha caído en la conclusión.

Al mismo tiempo, mi conciencia está tranquila ya que sé con certeza que visiones como la del feminismo no son ningún tipo de adoctrinamiento, ni de engaño, ya que su resultado lleva la empoderación de un género oprimido, igualándose así ambos en validez, derechos y obligaciones, así como respetando sus diferencias.

 

 

Pero no solo he tratado con hombres, también con mujeres

De hecho, ha sido la parte más dolorosa. Como, por ejemplo, ver cómo una chica que apenas superaba la veintena, embarazada, se drogaba no solo con alcohol y tabaco. O también cómo muchas chicas no sabían que ese chaval borracho que las acorraló en el portal de su casa y empezó a tocarlas, las estaba violando. También, el odio, la indiferencia o el rencor entre mujeres, que las sumía en una espiral interminable de desgracias, problemas y peleas. Y no solo eso, sino también los celos y la toxicidad en las relaciones, cuyo protagonista no era el amor, sino la posesividad y la inseguridad.

Ante este panorama me hallé, prácticamente sola y con dos armas, que aunque contrapuestas, las manejé. Por un lado, el discurso, la palabra, el razonamiento, tratando de hacer entender lo inentendible en las mentes de otros (a veces sin éxito) y permitiéndome a su vez entender sus comportamientos y aprender; y también, el silencio, mi segunda arma, que cortaba y sellaba lugares en donde la palabra se convertía en insulto, en un grito o, simplemente, en un bucle de incomprensión.

Estas son mis crónicas de estos meses. Esta es la rendija por la que ver de una forma verdadera la situación de l@s jóvenes en este lugar y en este momento. Y después de todo esto, no sé qué más decir, pero sí qué hacer.

 

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Foto de portada: pinterest