Da igual

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Por Dr. Critic octubre 6, 2017  más artículos

 

Da igual que les expliques que la prostitución es el esclavismo del siglo veintiuno, que las mujeres de esos simpáticos y coloridos puticlubs que ven por carretera, son esclavas sexuales que fueron engañadas a cambio de un trabajo y una vida mejor en el primer mundo.

Da igual que les repitas una y otra vez que son esclavas, que son sistemáticamente maltratadas, torturadas y violadas por sus proxenetas y por más de cuarenta clientes cada noche.

 

Da igual que ellos mismos hayan visto imágenes en telediarios día sí y día también de mujeres marcadas como ganado, con hierros al rojo vivo, cortes y en los casos más sofisticados, con un código de barras tatuado en la nuca, como un dentífrico, un estropajo, una sopa de sobre, un teléfono móvil, una camiseta de un equipo de fútbol, en definitiva, como cualquier mercancía.

Da igual que sean menores en altísimo porcentaje siempre creciente, da igual que se las obligue a engancharse a las drogas para controlarlas, que les quiten a sus hijos cuando se quedan embarazadas y que las asesinen cuando tratan de escapar o ya simplemente no sirven para seguir siendo violadas. Repitan conmigo, violadas, vi-o-la-das… Da igual.

Da igual que pongas frente a sus ojos los informes de la ONU y de las asociaciones de trata de mujeres y niñas, da igual que subrayes con rotuladores más fluorescentes que las luces del barrio rojo, que el 80% de mujeres y niñas que ejercen la prostitución lo hacen contra su voluntad.   

Da igual, porque siempre te dirán que lo que hay que hacer es legalizar la prostitución ¡Y que pague impuestos! Y tú repetirás, ¿de verdad crees que la solución, que la prioridad, es legislar para ese 20% en lugar de para el 80% de ataques contra los derechos humanos?

Da igual, porque saldrá lo del trabajo más antiguo del mundo. Y tú de nuevo repetirás, ¿de verdad crees que la solución, que la prioridad, es legislar para ese 20% en lugar de para el 80% de ataques contra los derechos humanos? Y añadirás segundas preguntas porque no obtendrás respuesta, ¿has escuchado algo de lo que te he dicho?

 

Da igual que les demuestres con datos reales que nunca han muerto en un año 30 hombres a manos de sus parejas o exparejas en España, porque hay por la red gente muy fiable que se dedica a recopilar noticias, que son igual de fiables, claro.   

Da igual que les expliques que la ley contra la violencia de género se llama así porque las mujeres son privadas de sus derechos, de su dignidad y son maltratadas y asesinadas por el hecho de ser mujeres. Aquí te mirarán con recelo, porque no todos los hombres son iguales y la ley debería ser igual para todos.

Da igual que hagas la comparación con las leyes antiterroristas cuando en España las víctimas aumentaban cada semana, como ahora, obtendrás siempre un: “¡Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad!”

Da igual que te quedes sin voz desarrollando conceptos como medidas extraordinarias y problema de estado, que hables de educación, que les expliques que los maltratadores no son monstruos, ni enfermos, porque no todos los hombres…

 

 

Da igual que… porque no todos los hombres…

Da… ¡No todos los hombres…!

Da igual que hagas diagramas con formas y colores para explicar de qué se habla cuando se habla de diferencia salarial, de techo de cristal, de la normalización del acoso, de la sexualización de las niñas, de las falsedades sobre las denuncias falsas, de todo lo que ya se ha hablado y se volverá a hablar porque les da igual.

Da igual porque les pedirás lo imposible, les pedirás que razonen y lo más importante, les pedirás que empaticen y para ellos, la empatía ha muerto.

 

Respiremos un momento, bajemos el ritmo y repitamos:

La empatía ha muerto.

Te dirán que no son machistas y que respetan a las mujeres porque tienen hermanas y madres. Eso es lo más cerca que estarán de la empatía, no respetarán a una mujer por el simple hecho de ser una persona igual que ellos, por lo que implícitamente, no la respetarán. No defenderán sus derechos, mucho menos de una puta, mucho menos de una inconsciente que se fue con un tío sola y la acabaron violando, mucho menos de esa mujer maltratada que no parece de fiar, que parece una mala mujer, que habrá que escuchar también al marido, que a fin de cuentas él también es el padre de las criaturas, que, que y más qués, pero, pero y más peros.

 

No hay más ciego que el que no quiere ver y no quieren ver porque no es su problema. La discriminación, violación, maltrato y asesinato de esas hermanas, madres o hijas, es lo único que les abrirá los ojos, que hará que sea su problema.

Es así de deprimente,

porque para ellos,

la empatía,

ha muerto.

 

¿Qué hacer entonces? Seguir, simplemente seguir la conversación, seguir la vida, porque la empatía ha muerto para ellos, pero no para ti y para más como tú. Cada vez hay más ciegos capaces de ver con un poco de ayuda y al final, los empeñados en no abrir los ojos, darán igual.

 

 

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Foto de portada: twitter