La dependencia no es amor

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Por Nina septiembre 28, 2017  más artículos

 

 

 

A ti, que llegaste cuando menos te esperaba. Ni tocaste la puerta; entraste, te sentaste y te acomodaste. Me robaste los besos que quisiste y los cachitos de mi corazón roto, aún escondidos los encontraste y guardaste para ti.

A ti, que llegas, te vas y vuelves a venir, que te envuelves, te desenvuelves entre mis sábanas y te vuelves a ir.

Nunca estuviste invitado a pasar, ni te tomaste la modestia de pedir permiso siquiera. Eres ese torbellino que arrasa mi vida cuando pasa y se va, como si nada, para luego volver otra vez más y seguir arrasando todo a su paso.

Me pregunto por qué te recibo siempre con la puerta abierta si cuando sales me dejas destrozada y cerrando con candado para no volverte a ver.

Tú, que me enseñaste que lo mejor de la vida dura segundos, que hay amores que duran películas, que se puede odiar y amar a la misma vez.

Tú, que desde la última vez que saliste por la puerta me enseñaste a amarme a mí misma, a ser yo la que no te dejara volver.

Aprendí contigo a amar por segundos, a sentir al límite y a vivir cada minuto como si fuera el último porque así fue. Fue el último.

Y creía que serías el último.

 

 

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