¿Justicia para la víctima o para el agresor?

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Por Editorial septiembre 21, 2019  más artículos

 

Una noche de finales de enero salí a tomar algo. Al principio de comenzar la noche estaba con un amigo y su amiga cenando. Cuando terminamos se incorporó un amigo del chico, llamado X, al que yo conocía de vista.

Al terminar la cena fuimos a un pub en esta misma plaza. Al principio todo iba bien, estábamos tomando una copa, y bailando. En un momento de la noche salí a fumar con X, el cual empezó a mostrar interés en mí. Desde el principio le dejé bastante claro que era lesbiana y tenía pareja, comentario que a él le dio igual. Según él iba a hacer que me dejasen de gustar las mujeres. En ese momento me lo tomé a risa.

Entramos otra vez al pub y nos pusimos todos a bailar, él cada vez se acercaba más y me empezaba a incomodar, pero evitaba la situación. Sobre las 3:00 AM, empecé a encontrarme mal y le dije a la chica que nos acompañaba que saliese conmigo para que me diese el aire. Salimos todos, y yo me senté en unas escaleras. X fue a por agua. A partir de este momento tengo muchas lagunas y recuerdo la noche a trozos. Escuchaba cómo X a lo lejos decía que tenía unos sobres que iban a hacer que me encontrase mejor. Mi amigo le contestó que no que porque no sabía cómo me iba a sentar. Lo próximo que recuerdo es que estábamos en el garaje de su casa y yo estaba en su coche vomitando. Me estaba dando los famosos sobres. X le dijo a mi amigo que, como su coche estaba aparcado al lado de mi casa, me llevaba él.

Me desperté en su casa. Él estaba encima de mí, tocándome. De fondo escuchaba cómo él se quitaba los pantalones y estaba encima, pero no era capaz de levantarme. Cuando abrí los ojos estaba desnudo de cintura para abajo, me estaba tocando por debajo de la ropa interior y restregándose contra mí, a la misma vez que me decía “vamos a pasarlo bien”.

Me levanté como pude y lo empujé, comenzó a ponerse la ropa rápidamente y corrí para buscar mi teléfono. Intenté llamar a mi amigo, pero me quitó el teléfono y comenzamos al forcejear. Finalmente pude llamar a mi amigo y salir de la casa corriendo.

Cuando salí, él fue detrás de mí. Mi amigo acababa de llegar y me monté en su coche. Él se bajó y comenzaron a pelearse. Yo estaba con un ataque de ansiedad y fuimos corriendo a mi casa. Mi madre estaba esperándome en el portal. Me abracé a ella llorando aún con el ataque de ansiedad. Era incapaz de explicar lo que me había pasado. Llamamos al 061 y nos derivaron al hospital de mi zona.

Al llegar al hospital, había dos policías nacionales esperándonos. Entramos a triaje y comenzaron a tomarme declaración. Entró una doctora y me hizo analíticas de sangre y de orina. En ningún momento me dejaron quedarme sola, incluso para ir al baño tenía que ir la enfermera conmigo, dado que se tenían que asegurar de que no hubiese manipulación en las pruebas. Llegó la médico forense para hacerme un reconocimiento. Me hicieron desnudarme para averiguar si había lesiones, a la vez que me hacían una revisión ginecológica. Como no me acordaba de nada, y sigo sin hacerlo, me recetaron un tratamiento antirretroviral durante 28 días para prevenir el VIH.

Después de salir del hospital, tuve que ir con la policía en el coche para tomar declaración. Allí me dijeron que lo iban a detener y el lunes debería de ir a los juzgados de mi localidad. Llegó el lunes, y allí me encontraba en la sala de espera de los juzgados para volver a tomar declaración. Pedí una orden de alejamiento y me la denegaron, debido a que no recordaba nada. A X le pusieron abogado de oficio y a mí no, por lo que no me dejaron defenderme.

Después de 6 meses esperando alguna noticia, decidí ponerme en contacto con una abogada para que me defendiese en el juicio. Me comentó que iría a los juzgados para saber cómo iba el procedimiento.

Hace dos días me llamó mi abogada y me informó de que han archivado el caso por falta de pruebas, ya que la conversación de whatssap que entregué a la policía, según la jueza, muestra que me arrepentí y me quería ir. A ver señora jueza, si yo me arrepiento, me voy a mi casa, y no al hospital donde pasé uno de los peores días de mi vida. Y para colmo, después de 7 meses, sigo recibiendo atención psicológica solo porque, según usted, yo me arrepentí. Aparte de haber estado 6 meses acudiendo a medicina preventiva para hacerme analíticas de seguimiento por si podía haber contraído alguna ETS.

Otra de las pruebas en las que se basó esta señora es que no había restos de drogas en mi sangre. Para su información, hay drogas que se disuelven en la sangre en minutos. Me he emborrachado en varias ocasiones y jamás se me ha olvidado nada de lo sucedido, ni me he quedado inconsciente sin saber responder.

¿En qué país vivimos? ¿Desde cuándo se le otorga un abogado al agresor y no a la víctima? No se debe de cuestionar la credibilidad de una víctima en una ocasión así, pero sigue ocurriendo.

No fue violación porque por suerte me desperté y pude defenderme. Después de todo me tengo que sentir afortunada. Pero es que mi cuerpo ni el de ninguna mujer se toca. Si digo NO es NO y, por lo tanto, llevar a una chica a su casa de forma involuntaria e intentar aprovecharse de ella también es un delito, aunque no haya penetración, ya que para los jueces es muy importante.

Me parece indignante que este hombre, por llamarlo de alguna forma, esté en la calle y sin ningún tipo de repercusión y yo esté intentando superar esto sin saber ni por dónde empezar.

Es cierto que no fue una violación, pero os aseguro que lo peor que le puede pasar a una mujer es que la toquen sin querer, y lo más duro, no recordar lo sucedido y saber que nunca lo vas a recordar.

También es un delito cuando no hay penetración.

Me da rabia tener que sentirme afortunada porque no llegó a más y estoy viva, pero es que no quiero sentirme privilegiada por ello, ya que si una mujer dice que no se le respeta y punto.

Solo quería ir a juicio para que se me escuchase y me pudiese defender, exponer mi versión, me daba igual perderlo o ganarlo, solo quería sentirme escuchada. Pero en este país, solo escuchan al agresor.

Agradecería difusión.

 

Testimonio protegido mediante anonimato.

 

 

Foto de portada: @tres.voltes.rebel