Evita que las distorsiones naturales del pensamiento te arruinen la vida

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Por Elisabet septiembre 14, 2017  más artículos

 

Un simple pensamiento puede hacer de un día maravilloso un día pésimo, pasando de la felicidad al malestar en apenas segundos. No obstante, en la mayoría de ocasiones no nos damos cuenta de ello, de modo que nos acabamos viendo arrastrados por esa desazón sin saber ponerle freno y sin detectar que, en caso de que hubiéramos actuado a tiempo, no nos sentiríamos como nos sentimos ahora.

 

En psicología, a este tipo de pensamientos se les denomina “distorsiones cognitivas”, siendo las más relevantes:

 

1. Polarismo

Es el pensamiento del “todo o nada”, “blanco o negro”, sin darnos cuenta de que la vida tiene una amplia variedad de grises. De esta manera, cuando nuestros resultados no han sido lo que esperábamos (éxito) lo consideramos un auténtico fracaso.

Por ejemplo, si habías estudiado mucho para un examen y saliste con la idea de que ibas a sacar un 10, porque habías respondido a todo bien, pero en realidad sacas un 8, para ti es un fracaso, sin darte cuenta de que es una nota muy alta, y que debería ser objeto de tu satisfacción. O, un día, a tu pareja, que lleva toda la semana con mucho trabajo, se le olvida darte las buenas noches porque se queda dormido en el sofá, de modo que tú piensas siempre hace lo mismo, no le importo nada, cómo puede irse a dormir sin darme las buenas noches… Cuando en realidad es una mera excepción justificada.

 

 

2. Debería, tendría…

Enunciar las frases con este tipo de verbos genera una obligación cuya consecuencia a nivel emocional en caso de no realización de la misma es la culpa, frustración, resentimiento. Trata de evitar estos verbos en tu pensamiento.

Por ejemplo, si dices “debería llamar a mi amiga a ver cómo está” o “hoy tengo que ir al gimnasio”, si luego no la llamas porque no has tenido tiempo o no has ido al gimnasio porque no tenías ganas, al haberlo enunciado como una obligación, eso genera en ti una sensación de incumplimiento que aboca al fracaso absoluto. No obstante, si las sustituyeras por “podría”, si finalmente no lo haces, piensas que no lo has hecho porque no has podido o no has querido, y que ya lo harás en otro momento, no siendo una obligación incumplida.

 


3. Error del adivino

Es una conclusión apresurada por la que prevés que las cosas resultarán mal, y además estás plenamente convencido de que tu predicción es un hecho establecido. 

Por ejemplo, como no has tenido tiempo para estudiar un examen, das por hecho que lo vas a suspender, de modo que ni te presentas; o, si tienes que hacer una exposición en el trabajo, estás seguro de que te vas a poner nerviosa y de que no te va a salir bien, de forma que ya casi ni te la preparas; o, si te caíste un día en unas escaleras de casa de tu amiga, cuando vas ya no las subes, o las subes con mucho cuidado, porque estás plenamente convencido de que si te caíste una vez, te volverás a caer.


 

4. Filtro mental

Es una abstracción selectiva por la que escoges un solo detalle negativo y te fijas exclusivamente en él, de modo que tu visión de toda la realidad se torna una derrota. Olvidas todo lo positivo que hay, para centrarte en un solo motivo negativo, lo cual empaña el resto de triunfos.

Por ejemplo, has tenido un día bonito en el trabajo, has quedado con tus amigas para comer, has ido de compras por la tarde… Y, al llegar a casa, tu pareja ha tenido un día horrible y está enfadado porque se te ha olvidado comprar pan para mañana, y esa discusión empaña toda la felicidad de tu día.

O invitas a tus amigas a ver tu nueva casa y les preguntas que qué tal les ha parecido, y todos alaban lo magnífica que es y lo bien decorada que está. Sin embargo, uno de tus amigas te comenta que para su gusto el salón tiene demasiado color, mucho estampado, y que a él le gustan más los espacios en blanco porque dan más serenidad. Te quedas con ese comentario negativo y ya todo lo positivo que te han dicho ha desaparecido, sólo te importa que no ha gustado a todos el salón, y que algo está mal.


 

5. Razonamiento emocional y descalificación de lo positivo

Piensas que tus emociones negativas reflejan necesariamente lo que son las cosas en la realidad, rechazando todas las experiencias positivas al entender que “no cuentan”, por una u otra razón, manteniendo una creencia negativa.

Por ejemplo, tienes dolor en una mano y empiezas a emparanoiarte pensando que te la has roto, que te la van a tener que escayolar, y además es la mano que tú utilizas para todo, y quizás si no suelde bien el hueso te tendrán que operar, y cuanto más lo piensas más daño te hace… De lo que no te das cuenta es de que te duele tanto porque tú le das importancia a ese dolor, de que seguramente sea mucho menos de lo que estás pensando, y de que si tanto te doliese no podrías aguantarlo. No obstante, tú te quedas sólo con lo negativo, y ese es el resultado de tu situación actual.

 

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