Querido hijo

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Por Nieve Cruda septiembre 13, 2017  más artículos


Querido hijo,

Desde el momento en el que supe que estabas en mi vientre, una de las cosas que menos me preocupaba era tu género biológico. Tenía muy claro que fueras niño o niña, tu educación sería igual. No iba a llenarte el armario de colores rosas o azules, no iba a hablarte como si fueras un alienígena de otro planeta al que no se le entiende. Y jamás ibas a ser de mi propiedad.
 
Yo fui el vehículo para traerte al mundo y en el momento que tu cordón umbilical se desprendió ya fuiste un ser libre. Aprendiste tus primeras palabras casi antes de andar y yo ya te explicaba cosas; quería enseñarte el mundo, todos los avances que mujeres y hombres crearon en beneficio de la humanidad. La música siempre fue clave en nuestra relación; te dormías con Chopin, movías tu cabecita con los alegres ritmos de Swing, Jazz y Blues. Y, cuando ibas en el coche, hacías headbanging a ritmo de In flames.
 
Comenzaste a andar y yo me agarraba los temores con dos manos y apretaba los dientes. Veía peligros por todas partes, pero tú tenías que experimentar, caerte, llorar, y comprobar las cosas por ti mismo. Aunque yo estuviera detrás de ti con mi mejor pero mal disimulada cara de pánico.
 
Te ponías mis tacones, jugabas con una muñeca y le dabas los cuidados que habías visto a tu padre y a mi darte a ti, aprendiendo que en una familia todos tenemos roles activos y participativos. Siempre los tres juntos. La playa, el campo. Los libros de cuentos. Y llego el momento de buscar escuela. Tu padre y yo peregrinamos. Comenzamos por el sector privado por aquella falsa creencia de que si pagas, cuanto más caro, más bueno. Queríamos una educación plural, donde se te enseñase a ser autónomo pero en colectividad, tolerante con la diferencia. El pensamiento crítico y el aprendizaje a través de las experiencias. Asimilar conocimiento y no repetir como un loro.
 
Después de varias divertidas entrevistas con frases como "sí, aquí somos muy plurales, tenemos un gitano, algún moro y negritos", como quien tiene una mascota rara o un mono de feria. Nos decantamos por la educación pública que es donde sigues y donde has desarrollado parte de educación primaria, pero también donde has aprendido grandes lecciones sobre cómo ha de ser un humano decente.
 
Los momentos más mágicos y bonitos que recuerdo fueron cuando comenzaste a hacer tus primeras preguntas complejas. Me mirabas con esos ojos profundos oscuros que parecía que me traspasaban el alma y decías con esa vocecilla: "¿Quién fue la primera abuela del mundo?"
 
Había a veces que me noqueabas y otras cuantas me has tocado la moral un poco, sobre todo, cuando eras espejo y devolvías la pelota reflejando mis incoherencias. Esa bendita lengua de trapo.
 
Has preguntado desde tu más tierno despertar por la existencia de Dios, por las estrellas, por cosas que veías que no te encajaban, como eran la desigualdad entre géneros o la falta de trabajo. Diversos acontecimientos que tú sabes porque nosotros nunca te hemos negado el conocimiento.
 
No entiendes por qué no se practica la inclusión de los niños con determinadas limitaciones con el resto de los alumnos y aún hay colegios con aulas para niños especiales. "¿Si todos los niñ@s somos especiales por qué no estamos todos juntos como en mi escuela y así ayudamos a los que van más despacio?" Todas esas cosas rondan ya tu cabeza y yo por más que quiera que seas un niño sin preocupaciones, no puedo evitar que pienses por ti mismo.
 
Hijo mío, estoy orgullosa de ti, dentro de mis limitaciones sé que no lo estoy haciendo nada mal, pues cada día que pasa tienes más criterio propio y eliges sobre todo lo que no quieres. Esta es la primera regla de oro para discernir lo que uno quiere de verdad para su vida.
 
Aún es pronto, te queda toda la vida por delante, serás lo que quieras ser. Diseñador de videojuegos como aseguras hoy o, quizás mañana cambies de idea y te hagas farandulero, o cómico o filósofo o chef, o albañil. Sabes que siempre contarás con nuestro apoyo, pero que para llegar a todas esas metas, hay que pasar primero por cimentar una base solida de conocimientos básicos.
 
Y lo demás será vivir, reír, frustrarse, amar, decepcionarse, acertar, equivocarse. Entender que tu libertad termina donde empieza la del otro y que todas, absolutamente todas nuestras acciones tienen consecuencias. Disfrútalas si son buenas, asúmelas y rectifica si son erróneas.
 
Sé dueño siempre de tus palabras, la mentira pequeña te puede hacer salir del paso en el momento pero, al final, siempre lleva a un callejón sin salida. No juegues con los sentimientos de nadie, ni permitas que nadie juegue con los tuyos. Respeta a los abuelos. Respeta a los seres vivos, pues todos formamos parte de una unidad indisoluble que conforma este nuestro pequeño planeta azul.
 
Conserva a tus amigos, pero entiende que la vida es como un viaje en tren. Algunos te acompañarán durante un trayecto, otros se bajarán enseguida y unos pocos te acompañarán el resto del viaje.
 
Pero, por encima de todo, grábate esto en tu memoria: todo en esta vida tiene un efecto boomerang; cada situación no resuelta o enfrentada se volverá a repetir una y otra vez hasta que la afrontes y rompas el círculo vicioso.
 

Tu madre que te quiere.

 
 
 
 
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Foto de portada: pinterest