La odisea de quedarme embarazada en mi empresa: Carta abierta a Mónica Oriol

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Por Editorial septiembre 11, 2017  más artículos

 

Hace unos días y en referencia a nuestro artículo Mujeres embarazadas, empresas y presiones, nos llegaba a la redacción una carta escrita y enviada por una de nuestras compañeras lectoras a la Señora Mónica de Oriol hace tres años. Ni que decir que la carta de nuestra lectora jamás tuvo respuesta. Pero el contenido es tan vigente que la hemos querido compartir con su permiso con vosotras. Esta carta podría ser enviada a cualquier empresari@ que funciona bajo esa normativa invisible tan rastrera y patriarcal digna heredera de las más anacrónicas prácticas del siglo IX. Gracias, Voluta Woolf por compartir tu experiencia. Hacemos nuestra tu indignación.

 

Estimada señora de Oriol,

 
Acabo de quedar estupefacta al escuchar sus declaraciones en la noticias.
Soy una mujer, no una coneja, de 33 años, y este último año y medio de vida está siendo un auténtico calvario para mí desde que anuncié en la empresa en que trabajo (no sé por cuanto tiempo) que estaba embarazada.
Señora Oriol, yo había escuchado siempre que las mujeres no tenemos igualdad en el plano laboral y no me lo quería creer. No me lo quería creer porque en ocasiones me ha sido más fácil que a los hombres encontrar trabajo, entre otras cosas, porque estadísticamente solemos aceptar rebajar nuestro bruto anual en unos 5.000€ en comparación con la retribución esperada por un hombre con la misma preparación para desempeñar el mismo puesto. No me lo quería creer porque para mí mi vida era mi trabajo, mis estudios, mi ambición profesional, mis ganas de crecer y, ante todo, mi independencia. Independencia que se basa en la independencia económica. En no haber tenido que pasar, como muchas mujeres de este país en el pasado, de los brazos de mi padre a los brazos de mi marido.
Pero estaba equivocada. El mismo día en que comuniqué mi estado a las 12 semanas de gestación, comenzó un acoso que me ha costado numerosas noches en vela y crisis de ansiedad.
Debido a las presiones recibidas, trabajé hasta 3 días antes de dar a luz. Me incorporé a las 6 semanas dejando a mi hija con extraños. Renuncié al derecho de lactancia, y a pesar de eso, amamanté a mi bebé.
Pero cuando vi que entonces los empresarios para los que trabajaba "me levantaban el castigo", me indigné, me planté y les comuniqué mi decisión: Me acojo a la reducción de jornada. 
Y ellos, tras comprobar que cumplía con mi anuncio, me dieron un ultimátum: o les decía una fecha cercana de incorporación (3, 6, 9 meses) o buscarían un sustituto para mis funciones. Mi respuesta fue tajante: cuando mi hija tenga edad suficiente como para recogerse ella sola del colegio.
Y ahora espero en un rincón a que llegue el sustituto, y me toque formarlo. Mis jefes no me hablan, solo se comunican conmigo si es realmente imprescindible a través de correos o terceras personas. 
He pasado días mejores y días peores, pero es indudable que esta situación genera muchísima ansiedad a cualquiera con ganas de trabajar.
Pero, cuando me despidan, mi problema no habrá hecho más que empezar:
Tengo 2 carreras universitarias, 2 másters y hablo 3 idiomas. Tengo un perfil profesional muy especializado y una experiencia laboral de más de 10 años porque empecé a trabajar cuando aun estudiaba. Pero eso no me sirve de nada, porque con los salarios que hay ahora (esos que la COE quiere seguir rebajando) apenas cobro 1.500€ al mes. Los niños de este extraño país salen del colegio a las 4 de la tarde. Eso quiere decir que tendría que pagar a alguien 4 horas al día más para que recogiera a mi hija y jugara con ella hasta que lleguemos su padre y yo a casa, la bañemos, le demos la cena y la acostemos. Eso si nos da tiempo, porque el presentismo, señora Oriol, les encanta a ustedes los empresarios paletos pre-internet.
Es decir, que me quedaría un sueldo de 700€, porque imagino que querrán ustedes que dé de alta a la persona que nos ayude, para que no suponga un fraude ni a hacienda ni a la seguridad social.
En el sentido pragmático del asunto, no hace falta ser el financiero del Canal Nou para percatarse de que las cuentas no salen. Y mas aún si tenemos en cuenta el "coste de oportunidad" (¿le pone que utilice su lenguaje?) emocional (¿comprende usted esa palabra o solo yo hablo su idioma?) que supone no ver crecer a mi hija.
Así que mi futuro está en casa junto al olor de mi marido ausente. Tanto si quiero como si no.
Sí, señora Oriol, ustedes solo me dan una opción: depender de mi pareja mientras él me lo permita. Porque si quisiera separarme, solo podría optar a trabajos con un horario compatible con el escolar, lo que equivale a trabajar en un puesto no cualificado (¿conoce algún mando intermedio que trabaje 6 horas al día?)
Esto son 400€ al mes, la parte proporcional del salario mínimo que a usted le parece tan desorbitado. 
Lo más hiriente de sus palabras, señora, es que es usted mujer, pero está claro que le han ayudado mucho en esta vida, que no ha tenido que pelear las cosas. 
Lo que le estoy relatando, señora Oriol, no es mi historia. Es la historia de todas las mujeres de este país. Yo, al menos, tengo una pareja que me apoya y tengo recursos económicos familiares (una madre funcionaria, no se vaya a pensar que tengo tierras). Pero entonces, ¿dónde queda mi independencia?
¿Y usted, señora Oriol? ¿Cómo de independiente habría podido llegar a ser si hubiera nacido en una familia normal, con las mismas oportunidades que la mayoría de mujeres de este país?
Con las luces que demuestra al hacer esas declaraciones ya se lo digo yo: estaría pasando mucha hambre.

 

 

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Foto de portada: vix.com