La diferencia del no

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Por FEM diciembre 27, 2017  más artículos
 
 
 
No me alaban o critican mi físico cuando voy por la calle.
No me culpan si me agreden.
No me juzgan por la longitud de mi ropa.
No me preguntarán por mis hijxs.
No me dicen cuál ha de ser mi conducta en público.
No se ríen de mi capacidad de liderazgo.
No me pedirán cuentas sobre cómo educo a mis hijxs.
No tengo limitaciones para decir palabras malsonantes.
No siento miedo al andar sin nadie en la calle de noche.
No pienso que al salir de fiesta si descontrolo puede que me violen.
No tengo que aguantar los piropos de desconocidos.
No me preocupa el embarazo.
No me importa contar mi vida sexual por el qué dirán.
No me enseñan que mi ropa debe ir conjuntada.
No aprendo a maquillarme para “arreglarme”.
No me acusan si mi opinión es diferente a la de la mayoría.
No me preguntan si quiero tener descendencia.
No se preocupan por mi soltería.
No me juzgan si mi casa está desordenada o sucia.
No me dicen que ir en tacones hace mejor figura.
No me repiten que conduzco mal.
No me culpan de que me violen si he bebido.
No me tratan como carnaza en los medios de comunicación.
No me exigen que tenga un comportamiento sumiso.
No me matan por considerarme inferior.
No sufro la desigualdad porque el sistema lo respalda.
No desconozco la historia que vivió mi sexo porque la recogieron hombres contando lo que hicieron los hombres.
No esperan que haga las tareas de casa y que se las haga a mi pareja también.



Vuelve a leerlo, quita los “No” y entenderás parte de lo que vivimos día a día las mujeres.
 
 
 
 
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Foto de portada: FinancialReview