La agónica visión de Troyanas ante la guerra

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Por Editorial julio 21, 2017  más artículos
 
 
Y, después de una mágica noche de verano en la antigua Emérita Augusta, nuestro sueño terminó, no sin antes contar nuestra experiencia con Troyanas de Carme Portaceli.
 
La versión de la obra clásica de Eurípides, adaptada por Alberto Conejero es soberbia. Los diálogos se llenan de fuerza, de desgarro, de lamentos y, son ellas, las troyanas, las protagonistas absolutas. La tragedia se ha apoderado de la emblemática y rica ciudad de Troya.
 
 
 
Todos han muerto en manos de los griegos capitaneados por Ulises y su gigante caballo del engaño. Los cuerpos de los troyanos yacen en la tierra mancillada, destrozada, violada y calcinada. La guerra se ha instalado en su nuevo hogar y ha arrasado con todo lo bello que nacía en los corazones de estos hombres y mujeres que lucharon hasta el final en una contienda inútil, como lo son todas las que la Historia ha tenido la desgracia de vivir en sus maltratadas carnes. Ahora llega el turno de estas mujeres para contar la verdadera Historia, la de los vencidos y su trágico final al que nadie parece importarle. 
 
 

«La suerte cambia. Resígnate. Por qué intentas resistir. Ríndete. Deja que el destino te arrastre.» 

 
Alberto Conejero introduce en esta versión del texto de Eurípides elementos más contemporáneos. «Te abrasarás las manos bajo los trenes, bajo los vagones, dormirás en estaciones, en campos embarrados». Hace referencia a las alambradas y a los muertos en el mar. Y en ese contexto, ellas gritan desesperadamente ante la agónica visión de la muerte. Poesía, música y alma reflejadas en las míticas piedras de Mérida. 
 
 
Esta obra, interpretada por Aitana Sánchez Gijón (Hécuba), Ernesto Alterio (Taltibio) Alba Flores (Políxena), Maggie Civantos (Helena), Pepa López (Briseida), Míriam Iscla (Cassandra) y Gabriela Flores (Andrómaca), tiene todos los ingredientes necesarios, concentrados en el texto y en las interpretaciones de estas grandes actrices dirigidas por una gran directora (sin olvidarnos de Alterio, cuyo papel también es brillante), para que no quieras despegar tus ojos del inmenso escenario romano en el transcurso completo de este viaje a la antigua Grecia, una historia repetida hasta la saciedad pero, como ocurre en el resto de los espejos que nos han reflejado los momentos históricos que nos han precedido, relatada siempre por ellos, hombres y vencedores. En esta ocasión, son ellas, mujeres y vencidas, las que nos ponen la piel de gallina en cada grito desconsolado nacido de sus almas destrozadas por el devenir de los acontecimientos bélicos.
 
"En Troyanas invitamos a todas esas mujeres míticas que los ganadores se repartieron después de la Guerra de Troya como un botín, decidiendo impunemente sobre su vida y su futuro. Les pedimos que se expliquen, porque además de todo ese trato violento e injusto, también está la forma de hacerlas pasar a la Historia como si ellas hubieran elegido su destino con gusto y placer, o con maldad cuando a ellos no les ha convenido lo que ellas elegían... Les queremos dar la oportunidad de que nos cuenten qué pasó de verdad y qué sintieron ellas, bajo su punto de vista y su forma de sentir. Y después de haberlas escuchado, tendremos, finalmente, la oportunidad de juzgarlas. Casandra, Helena, Andrómaca, Hécuba, Políxena, Clitemnestra, Ifigenia, Hermione, las mujeres del pueblo aterrorizadas, ignorantes… y Taltibio, el pobre mensajero que recibió las órdenes y también el dolor que producían… Todos aquellos seres que no han podido expresar desde sus corazones lo que habían vivido bajo el terror de los reyes y bajo el terror de subvertir la opinión que prevalecía", explica Carme Portaceli
 
 
"Hoy seguimos viendo cómo las mujeres son seres de segunda categoría a las que no importa excesivamente lo que les suceda: después de cada guerra e, incluso, durante la guerra y sin guerra, a las mujeres se las viola reiteradamente, se les falta al respeto, se las maltrata sin ni siquiera despertar temor a las leyes que prohíben la violencia... No pasa nada, sus problemas, sus sufrimientos siempre quedan en la cola, siempre hay problemas más importantes: los niños, el hambre, los refugiados..." en palabras de la directora de Troyanas. 

Las esposas de los troyanos muertos en la guerra aguardan a ver qué les depara el destino cuando su ciudad, Troya, está a punto de consumirse en llamas. Hécuba, la reina madre, va recibiendo de boca del heraldo griego Taltibio las noticias del sorteo que acaban de efectuar los jefes del ejército aqueo. Y, a partir de esta primera información, se nos presenta un dolor que va creciendo en intensidad y que se personifica en la figura de Hécuba.

«¿Cómo no he de gemir si ya no tengo patria, si ya no tengo esposo, si ya no tengo hijos? No hay dolor en el mundo que no me pertenezca.» 

Así esta reina tendrá que saber que ella ha sido elegida como esclava de Ulises, que su hija Políxena ha sido degollada como ofrenda ante la tumba de Aquiles; que Cassandra ha sido elegida por Agamenón y será conducida hasta Micenas donde le aguarda una muerte espantosa que ella misma profetiza; que Andrómaca va a ser la compañera de lecho de Neoptólemo, hijo de Aquiles, el asesino de Héctor, su legítimo esposo.

El dolor de Hécuba llegará al paroxismo cuando Taltibio acuda de nuevo para llevar a cabo la acción más ignominiosa e impensable: el asesinato de Astianacte, el hijo de Héctor, de una forma especialmente brutal, despeñándolo desde las torres de Troya.

El lamento de la reina madre ante el infortunado cadáver del nieto se mezcla al final de la obra con el estrépito de los edificios de Troya que se derrumban sin remedio consumidos por las llamas. Es una tragedia cuya demostración es la pérdida de esperanza de las habitantes troyanas, aunque también nos quedamos con el mensaje de que la fatalidad no perdona. Ni siquiera a los vencedores.

«Te despertará el mismo sueño una y otra vez, una y otra vez.» 

Aitana Sánchez-Gijón, convertida en una Hécuba fuerte, pone su voz a merced de millones de mujeres que, hoy, en el siglo XXI, abandonan su patria devastada por las bombas y se aferran a la vida junto a las alambradas de los campos de refugiados. “Ella, con un texto certero, poético y maravilloso, representa el sentido de la justicia, la moral y la ética aferrándose a la vida para seguir adelante paso a paso”, sentencia la intérprete. (elpais.com)

“Vivimos en un pequeño paraíso que en segundos puede ser destruido y las tragedias las tenemos mirando al Mediterráneo, en las barcazas que cruzan las aguas en busca de una vida mejor, los refugiados en los campos, o las fronteras cerradas para aquellos que huyen de una tierra sin esperanza. No hace falta que vayamos a Troya. La guerra y sus consecuencias las tenemos junto a nosotros”, explicó la actriz ayer horas antes de subir al escenario y estrenar esta obra. (elpais.com)

Una obra, una representación y, ciertamente, un `texto poético y maravilloso´ acompañados de una escenografía de Paco Azorín impecable, mediante la interpretación fotográfica de otra ciudad en guerra, la de Hula (Siria), cuando un niño salta por encima del centenar de cadáveres tapados con sábanas blancas en el interior de un polideportivo. Esta matanza tuvo lugar en 2012. Murieron 108 personas, la mitad niños. El suelo del escenario es un campo de cadáveres envueltos en sábanas a los que las troyanas se abrazan. Una gran letra T (de Troya) domina la escena, y ahí se proyectan las llamas, las víctimas y las ciudades arrasadas por los bombardeos en el aquel país de Oriente Medio

Sánchez-Gijón, que ya ha pisado el escenario de Mérida con otras obras (hace dos años con Medea), se siente eufórica al pensar que con su trabajo está “siendo útil llevando un mensaje de esperanza a las desesperadas”. “Me acuerdo de las mujeres de la Plaza de Mayo, de aquellas que asumen cargos políticos en México, las israelíes y palestinas que batallan a diario por una convivencia pacífica. Y, cómo no, de esas mujeres que vagan desoladas por las destruidas calles de Siria”, añade. (hoy.es)

 

«Aguantarás en pie, desdichada Hécuba, como todas las Hécubas del mundo»

Portaceli ha empleado todos los elementos artísticos en su mano para que texto, sonido e imagen se compacten y hagan única la representación de esta pieza teatral. Cuando tuvo entre sus manos la obra sabía cómo llevarla a cabo. Una noticia en la prensa le hizo pensar en ello: “19 mujeres quemadas enjauladas en una plaza pública de Irak”. La directora de Troyanas cree que en las guerras las mujeres son “las olvidadas de los olvidados. Y no somos conscientes de la fragilidad del ser humano. Por muchas bombas o misiles que se fabriquen, un tsunami puede arrebatarnos todo”, señala.

 

La reina Hécuba finaliza la obra, que se representa hasta el 23 de julio, con un mensaje de esperanza, de lucha y supervivencia que llegue a cualquier mujer del mundo y remueva conciencias con un tono certero directo al corazón y a la cabeza.

 

«Aguantarás para que el silencio no siga al crimen, para que la última palabra no sea de ellos, para que no se queden con toda la luz de este mundo»

Las tragedias muestran un orden y la relación entre el individuo y la sociedad, entre el orden individual y el colectivo. Muestran ese pecado contra el bienestar social que ha creado el individuo cuando se deja llevar por sus sentimientos más brutales, sus miedos, su arrogancia, sus celos... 
 
 
Esta relación la presenciamos en Troyanas, en sus diálogos, en sus llantos, en las profecías de Casandra, en las palabras de rencor de Hécuba hacia Helena, en la presencia del espectro de Políxena alentando a sus hermanas y a su madre ante tanto horror.
 
 
 
Una interpretación brillante por parte de todo el elenco, personas maravillosas y grandes profesionales que brillaron y brillarán en cada noche que las Troyanas se apoderen de sus acciones.
 
 
Así fue, un increíble sueño emérito de una noche mágica de verano... ¡Gracias a ellas y ellos por hacerlo realidad!
  
 
  
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Fuentes: elpais.com
               hoy.es
               festivaldemerida.es
               Gracias a Toñi Escobero por su inmensa atención
 
 
Foto de portada: Instagram @iscla7