Juana Rivas está en mi casa

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Por FEM julio 27, 2017  más artículos

 

Qué facilidad tenemos los humanos para darle la vuelta a la tortilla y hacer creer a los demás según el nivel de persuasión o el enfoque que a bien hemos decidido adoptar. Esta vez tiene nombre y apellido, Juana Rivas, ¿víctima o culpable? ¿Ya has hecho tu sentencia? Me apuesto un café amargo a que sí.

 

¿Para qué vamos a pararnos a pensar un segundo? Con que te digan “la mujer maltratada que debía entregar a sus hijos está en paradero desconocido”, pues ya está, ya se ha abierto el corral para que los balidos se reproduzcan en eco porque somos así de estúpidos, de insensatos y si me apuras hasta de inhumanos. Si vas a hacer algo bueno, hazlo y, si no, cierra el pico y no molestes.

La información que podemos ver hasta ahora, recoge a grandes rasgos, que tras una sentencia de malos tratos hacia el padre en 2009 y un acuerdo para viajar por vacaciones desde Italia, donde residían, hasta España, alargado por la madre, el padre la denunció por no entregarle a los niños y la jueza de Granada firmó sentencia para que lo hiciera. Ante este panorama, Juana está en paradero desconocido con sus hijos. ¿Ambos se salen de la ley? Sí. ¿Son sucesos comparables? No, y os lo explico.

Pensemos en dos niños, hazlos de tu familia para que el tema te duela más porque si no te la va a traer floja, como siempre. Supón que son tus sobrinos, por ejemplo. En el primer caso, pensemos que el padre es tu hermano. En este sentido, el discurso será “todos sabíamos que era una lagarta”, “nunca ha sido una buena mujer” o el que me hace sentir como si un felino se afilara las uñas en mi estómago, “si le ha pegado, por algo sería”. Todo es culpa de la madre, habrá quien argumentará que el privar a los hijos de ver a su padre puede afectar al desarrollo del niño. Yo me pregunto, ¿merece la pena que un niño tenga relación con un padre maltratador por sentencia? Ya te lo digo yo, NO.

Por otro lado, si siguiendo con el ejemplo anterior, Juana fuera tu hermana, seguro habrías escuchado comentarios del tipo “pero si es el padre de los niños, tienen que verlo”, “qué exagerada eres”, “si parece un buen tío” y un largo etcétera que dejan la vida de Juana en manos de lo que diga de ella su marido, sin más. Seguro que hay quien no ve el problema, porque el que ella sea de él es “lo normal”, “lo cotidiano”, lo que queda impuesto por orden mayor y a lo que nos negamos las que nos hacemos llamar feministas.

Perdemos la perspectiva. ¿Podemos hablar de secuestro cuando se está evitando que la sangre de tu sangre sufra? No puedo hacerme una idea por no ser madre de lo que debe ser vivir semejante situación. Toda tu vida puesta en tela de juicio por quienes dicen quererte y no saben hacerlo, por aquellos que siempre tienen una opinión que dar, quieras recibirla o no y, sobre todo, una vida coartada, reprimida, llena de abusos, de menosprecios... Y, cuando decides coger el toro por los cuernos porque la situación es insostenible… ¡Ay, desdichada! La culpa volverá a ser tuya, como lo fue de todas las mujeres que se decidieron a plantar cara a un sistema que no las quiere, que no las valora y que, además, las ningunea haciéndolas sentir inferiores.

Me has rozado el corazón, Juana, y no pretendo una exaltación vacía. Una vez fui uno de tus hijos. Mi padre maltratador pedía la custodia de mi hermana y mía, no por amor hacia nosotros, sino como método de tortura frente a mi madre. Los fines de semana que estábamos con él nos dejaba incomunicadas para que la preocupación de mi madre en este caso, y de todas las madres, la llevaran al borde de la locura en un juego permitido por la ley. Seré justa y os diré que jamás lo pasamos mal, que no nos maltrató como hacía con ella, que solo éramos su baza para seguir teniendo la sartén cogida por el mango y que ella aguantó. Aguantó lo que no debería y sufrió por un delito que no había cometido. Se quedaba hecha un mar de lágrimas mientras nosotras íbamos con desgana hacia nuestro referente paterno... Qué absurdez que semejantes personas puedan ser referente de algo más allá que de un mal ejemplo que hay que eliminar a toda costa.

Mi madre peleó por las vías legales que se le abrieron, aunque ninguna fue suficiente para cortar semejante tormento hasta que mi hermana cumplió 14 años, edad legal en que puedes decidir con quién vivir y a quién ver. Demasiado tarde, demasiados años de lucha para que los niños, que son quienes deberían prevalecer, tengan un desarrollo feliz al margen de los problemas familiares. Vaya utopía. Lo mejor es que hay quien se la cree.

Si te dicen que tu canguro es un maltratador, ¿lo contratarías? Todos estamos abiertos a la reinserción y queremos pensar que somos buenos pero, asumámoslo, la vida no es de color de rosa, no hay florecitas y arcoiris por doquier y, cuando te tocan a quienes quieres, puede arder Troya. Que alguien me explique entonces por qué una persona con una sentencia por maltrato tiene derecho, ya no solo a ver a sus hijos, sino a convertirse en su referencia. Dadles referencias buenas, sanas que les hagan amar la vida, que les hagan ser respetuosos con los demás, dadles referencias que les hagan sentir el amor por la naturaleza y por los animales, pero que sea un maltratador, por piedad, no.

Desde aquí no puedo ni quiero más que mostrarte todo mi apoyo y mi cariño. Estés donde estés, espero que te rodeen personas que te quieran bien. Te aplaudo y te admiro, porque una mujer que no se somete a un sistema cruel no merece menos de mi, porque lo que está mal hay que cambiarlo y hoy has cortado uno de esos árboles del bosque en que una vez se perdió Caperucita para que entre en él la luz y los lobos corran despavoridos porque Juana también está en mi casa.

#JuanaRivas

#TodasSomosJuana

 

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Foto de portada: #TodasSomosJuana