La leyenda de las mujeres piratas

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Por Nieve Cruda julio 16, 2017  más artículos
 
 
Continuando con la saga guerreras y motivada por una petición del público, hoy nos ponemos el sombrero de tres picos y hacemos un abordaje sororo a aquellas que un día cantaron desde sus proas: “Es mi barco mi tesoro, que es mi dios, la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar”.
 
 
 
Aunque hayamos visto en algunas películas o series televisivas que la presencia de las mujeres a bordo de los navíos traía mala suerte, esto es más una leyenda urbana de la historia que la realidad. Yo, personalmente, he conocido a alguna que ha participado en las campañas de bajura, recias y fuertes.
 
Las mujeres han estado embarcadas como pescadoras, comerciantes, integrantes de las huestes de la marina y, como no podía ser de otra manera, parte de las tripulaciones piratas o de las poblaciones portuarias que eran refugio de estas bucaneras, corsarias y filibusteras. La mayor información sobre estas lobas de mar nos llega de la América colonial, Europa, China y el Sudeste asiático.
 
Diseminando el tejido social de la piratería femenina encontramos en su estrato social una gran variación y diversidad. Proletarias, campesinas expropiadas por sus terratenientes, marginadas, muchas escapando de la explotación sexual, sirvientas, exesclavas y huidas del cautiverio. Algunas sin causa aparente, simplemente por espíritu aventurero. Otras nacionalistas, contrarias a la dominación extranjera de sus países, exiliadas, herejes y renegadas. Encontramos también algunas de origen burgués, hijas de comerciantes, abogados o altos funcionarios. Sin olvidar las provenientes de la nobleza, princesas y reinas que acabaron empuñando el sable y comandando sus propias naves. Ha habido mujeres piratas en todas las épocas y de todas las escalas sociales.
 

 
 

Mundo antiguo

En la Antigüedad, tanto en el Mediterráneo como en el Mar del Norte, las reinas y reyes vivían del comercio, la agricultura y los botines que conseguían a través de las incursiones piratas. En el siglo V a.C., Heródoto hace referencia a la reina Artemisa I de Halicarnaso, aliada de Jerjes II en la batalla naval de Salamina contra los el ejército griego. Jerjes dijo de ella que era mejor que todos sus altos mandos hombres juntos.
 
 
Capitaneando las galeras de Caria (su reino), Artemisa usaría estandartes griegos o persas en función de sus intereses. Cien años después, conocemos a su versión 2.0, Artemisa II de Halicarnaso, quien construye el Mausoleo que figura entre una de las 7  Maravillas de la Antigüedad, famosa por usar tretas de la piratería contra sus enemigos.
 
En el siglo III a.C, vivió la reina Teuta, viuda del rey Agrón y pertenecientes a la etnia Illiria. Su reino se extendía desde la actual Split (Croacia) hasta el Elpiro en la costa norte de Grecia. Teuta luchó con sus navíos contra otros piratas Illirios y utilizó sus artes en la piratería en sus incursiones y asedios. Conquistó las islas de Corfú e Itálicas.
 
Durante el siglo I d.C. en el mar del Norte, los primigenios vikingos ejercieron la piratería costa a costa y, en este caso, también encontramos la acción de las mujeres. Entre ellas, Alvilda, la princesa guerrera sueca, cuya vida narra el monje sajón Saxo Gramático, de los siglos XII y XIII, en su “Historia de los daneses”. Los textos cuentan que para no casarse con un príncipe danés, la chica huyó de su casa y se puso al mando de una tripulación de mujeres junto a su hermana y se dedicaron al abordaje de barcos y poblaciones costeras de Dinamarca.
 
 
 

Edad Media

En esta época surgen las corsarias. Hay que explicar las diferencias que existen entre las corsarias y las piratas. Las corsarias poseían la patente de corso. Esto era un documento que legalizaba las acciones de estos barcos, ya que las ciudades estado o los reinos las emitían para así poder atacar las rutas comerciales de sus países enemigos.
 


A partir del siglo VI, y tras las invasiones eslavas, hubo piratas croatas, dálmatas y vénetas en el Adriático. En el gélido norte, fueron el terror de los mares: la sueca Sigrid del siglo X, las noruegas Rusla y Aasa, la islandesa Freydis, hija del vikingo Erik el Rojo. Se conocen también algunas frisonas, danesas y germanas, como Foelke, que vivió en el XIV, y algunas francesas, a caballo entre la milicia y el corso, entre las que destacan Jeanne de Montfort, hija de un conde francés, y Jeanne Clisson.
 
En España, en 1302, nace en Almería, Malika Fadel ben Salvador, marinera y corsaria. Nace en el seno de una familia bien situada. Queda huérfana muy pequeña siendo sus padres asesinados durante el asedio de Jaime II de Aragón en el año 1309. Su abuelo IBn Fadel era un poderoso comerciante de hachís y otros artículos entre el Al-Andalus, el norte de Africa y el Mediterráneo Oriental. Abanderado por la República de Pechina, navegó utilizando su corso.
 
Su abuelo la desposa para poder nombrarla administradora de sus propiedades y a su muerte la nombra capitana de su flota. Dicen que Malika se hacía acompañar de un guardaespaldas personal personificado en un gigante eunuco negro. También se dice que construyó un palacete cercano a la Puerta del Mar de Almería para una esclava que había liberado en Alejandría. Esta egipcia sería su compañera hasta el día de su muerte.
 
 
Malika Fadel murió junto a su compañera en una refriega contra la flota del catalán Moreau de Perellos, que asaltó su barco rompiendo la tregua que tenían firmada el Reino de Castilla y el Reino de Granada.
 
 

Edad moderna

El Mediterráneo era un mar de piratas en la era moderna. Sidá al-Hurra, sultana bereber durante el siglo XVI, españolas, moriscas y excautivas del norte de Africa.
 
Entre los siglos XVI y XVII sobresalen la inglesa Juana la Negra y la irlandesa Grace O’Malley (Grainne Ni Mhaille). Ni Mhaille pertenecía a una familia de la pequeña nobleza irlandesa. Su familia jamás rindió vasallaje a Enrique VIII de Inglaterra. Nació hacia 1530, su lengua materna fue el gaélico y apenas hablaba inglés. Aunque oficialmente era cristiana, seguía practicando la religión druídica y los ritos celtas de sus ancestros. Reina de Umall, líder del clan Connaught. Fue una experta marinera que participó en la guerra irlandesa de los clanes. La historia la retrata como una auténtica pirata brutal y sin escrúpulos. Comandó una gran flota y atacó las rutas comerciales de turcos y españoles, así como zonas de poblaciones costeras en Inglaterra e Irlanda. Su primera biografía fue escrita a principios del siglo XX por la historiadora Anne Chambers. La canción irlandesa "Oró Sé do Bheatha 'Bhaile" está dedicada a ella.
 

Como nacionalista reconocida, Ni Mahille participó en actividades revolucionarias contra la corona inglesaIsabel I de Inglaterra ofreció 500 libras por su cabeza. Fue dos veces capturada y dos excarcelada. En los últimos años pidió y obtuvo la gracia de la reina, con la que llegó a un acuerdo en 1593, por el que esta aceptaba sus reclamaciones de tierras y le concedía el perdón convirtiéndola en su aliada. Su castillo todavía puede verse en la isla de Clare. Murió, se dice, reincidente, en el asalto a un barco.
 
Entre los siglos XVI y XVIII, el Caribe y las aguas americanas fueron el centro de la actividad de piratas Euro-americanas. Muchas de ellas deportadas o emigradas a América. Algunas capturadas en tripulaciones y puertos piratas.
 
De Judith-Armande Préjoly se cuenta que fue ahijada de Richelieu y hereje, lo mismo que Marie-Anne Dieu-le-Veut. Nombraremos también a la Anglo-francesa Charlotte de Berry y a la Marquesa de Fresne, ambas del XVII.
 
Dos de las grandes exponentes de la piratería fueron la irlandesa Anne Bonny y la Anglo irlandesa Mary Read. Estas han sido las más celebres en la historia de la cultura popular. Defoe desdibujó sus vidas en unas biografías escritas por él totalmente alejadas de la realidad.
Anne Bonny era hija de un abogado irlandés, que vivió en Carolina del Sur (EE UU). Se la relaciona con algunos hombres del entorno bucanero, pero sobre todo, con el pirata Rackham, apodado Calico Jack.
 
Mary Read, quien desde su infancia llevaba atuendo de varón, se alistó en la Armada Inglesa. También lo haría tiempo después en una unidad holandesa, sin que su sexo  fuese descubierto. Se unió a la tripulación del barco de Rackham, donde conoció a Anne y acabaron siendo amigas y pareja. Eran conocidas por llevar ropa de hombre, blasfemar y ser incluso más bravas en las razias que ellos.
 

Finalmente, fueron capturadas por la Armada Británica, juzgadas en Jamaica y condenadas en 1720, por "Piratería y combate". Aunque las mujeres no solían ser ahorcadas a menos que participasen en combates, ellas se salvaron de la horca declarando que ambas estaban embarazadas y fueron encarceladas.
 
 
Famosas fueron también Mary Lindsey, Mary Harvey, Rachel Wall y la irlandesa Margaret Jordan. Estas dos últimas sí fueron ejecutadas en la horca en 1789 y 1809 respectivamente. 
 
 

Filibusteras

El filibusterismo se diferenciaba de la piratería, pues estas no se alejaban de las costas, sino que bordeaban los litorales saqueando las zonas portuarias.
 
En Europa se extinguió la piratería en el siglo XIX, pero continuó en forma de esta práctica en Latinoamérica, el Mar de las Antillas y otras áreas.
 
 
En esta práctica que no atendía a ninguna norma o código mínimo (como podían haberse atenido corsarias, bucaneras y piratas) se mezclaron hombres y mujeres, mercenarios al servicio de potentados locales e, incluso, nuevas Repúblicas emergentes. En esta lista podríamos contar con Anita, la mujer de Giuseppe Garibaldi, la portuguesa María CruzVanda, una rusa de la que derivó una extraña leyenda donde se mezclaba religión y prácticas de vudú.
 
 

Asiáticas

La piratería ha estado siempre muy presente en el Mar del Japón, lo sigue siendo en el de la China meridional y en los archipiélagos de Indonesia. Desde entonces hasta hoy en día, la piratería está mezclada con la política y la economía de esa parte del hemisferio.
 
Es conocida la presencia femenina que hubo en la piratería Japonesa y Vietnamita. Se habla de las chinas, en distintas épocas, que se dedicaron a la piratería y que participaron en combates y no fueron pocas.  La más famosa fue Ching Shih (1785-1844). Esta violenta e inteligente pirata cantonesa, fue mujer de un famoso corsario, Zheng Yi. Al enviudar, amplió y comandó una gran flota reuniendo 1.800 barcos, con más de 70.000 personas bajo sus órdenes, prácticamente una ciudad estado. Su actividad transcurrió entre 1807 y 1810, atacaba a las poblaciones de la costa junto a Cantón y abordaba barcos de cualquier bandera, enfrentándose y derrotando en ocasiones a la Flota Imperial China
 

Prohibía el maltrato y la violación de las mujeres, por lo que fue considerada feminista por sus contemporáneos. Hacia 1810 algunos de sus jefes se amotinaron y se rindieron al gobierno central, sobre todo cuando el emperador ofreció el perdón, del que acabó gozando también Ching Shih
 
Hoy en día siguen existiendo de mujeres en las tripulaciones de los barcos piratas de la zona asiática.
 
 
Enlaces a los otros capítulos de la serie: Guerreras Samurai, Guerreras Celtas.
 
 
 
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Fuentes: Wikipedia
               Muy Historia
 
 
Foto de portada: pinterest