El gilipollas de Schrödinger

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Por Editorial noviembre 12, 2018  más artículos
 

En 1935, el científico austríaco Edward Schrödinger planteaba un experimento imaginario con el fin de mostrar lo desconcertante y paradójico que es el mundo cuántico.

Schrödinger plantea que, dentro de una caja cerrada y opaca hay un gato, una botella de gas venenoso y un dispositivo que contiene una partícula radiactiva con el 50% de posibilidades de descomponerse. Si esta partícula se desintegrase, el veneno se liberaría y el gato moriría. Por lo tanto, la probabilidad de que el gato esté vivo son las mismas de que esté muerto y la única forma de saberlo es abriendo la caja. Así pues, hasta abrir la caja, el gato está “vivo y muerto”.

Lo que no sabía este señor es que su experimento se iba a seguir utilizando en el siglo XXI, pero con otro significado.

“El gilipollas de Schrödinger” designa a aquella persona que hace comentarios o chistes sexistas, racistas o intolerantes y solo afirma si habla en serio o en broma cuando ve las reacciones de los demás. Por lo tanto, hasta abrir la caja de la opinión pública, el gilipollas habla “en serio y en broma”.

Todos conocemos a alguien que hace este tipo de comentarios y tiene dos tipos de respuestas según las caras de su público. En el caso de que sus oyentes le sonrían, seguirían ese tipo de chistes tan denigrantes. Pero, si esta persona observa que en las caras de sus espectadores es mayoritaria la desaprobación e, incluso, alguien le muestra su desagrado, su respuesta seguramente será la de “solo era una broma”.

Pues bien, entre broma y broma, la verdad asoma y el trasfondo de estos comentarios “graciosos” es la falta de respeto hacia todo tipo de persona diferente al hombre heterosexual blanco. Este tipo de humor enfatiza la xenofobia, el clasismo y el machismo mientras que atenúa la diversidad. Nos mofamos de aquel que no sigue el patrón establecido y mientras esto continúe y no mostremos nuestra disconformidad, seguiremos apoyando la humillación por el mero hecho de ser diferente.

Tanto el que bromea, como el que la sigue, como el que calla están siendo cómplices de este desprecio. Por esta razón, cada vez que escuchemos este particular y ofensivo sentido del humor, deberíamos explicarles a estas personas que no deberían bromear con comentarios que denigren a otras personas.

Y es que al abrir la caja, el gato sigue siendo un gato.

Y un gilipollas, gilipollas.

 

Colaboradora: Blanca Olivares

 

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Foto de portada: portalastronomico.com