Mi historia con la anorexia

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Por Duneino julio 3, 2017  más artículos

 

Me llamo Dunia, más conocida como @Duneino en Instagram. Soy una adolescnte con un tipo de vida normal. Normal de haber vivido una dura historia como la de muchas, como no, relacionada con los trastornos alimenticios. Os voy a hablar de mi historia. Mi historia con la anorexia.

Todo comenzó en 2013. Me creé Instagram con un perfil abierto en el que cualquier persona del mundo podía acceder a mi cuenta y comencé a subir fotos mías como era normal. Entonces, muchas chicas me escribían pidiéndome consejos sobre cómo adelgazar. La verdad es que no entendía muy bien por qué lo hacían, ya que yo no hacía nada para estar así. Soy delgada por constitución.

Pasaron los meses, aumentaron mis seguidores y me seguían escribiendo cada vez mas, me encantaba que me dijeran que era un ejemplo a seguir hasta que vi que eran chicas con trastornos alimenticios. Me sentí mal por todas ellas, así que decidí crearme un blog en el 2014 llamado Pequeñas princesas, en el que conseguí 15 mil seguidoras, pero me lo eliminaron por infringir las normas, ya que me inventé miles de maneras de adelgazar y sé que no estuvo bien, pero tenía la necesidad de ayudarlas…

Después, comencé a escribir una novela en Wattpad en la que me desahogaba escribiendo lo que sentía porque comencé a agobiarme con la situacion y actualmente tengo 82 mil visitas. Creé varios grupos de Whatsapp para ayudarlas. Mi vida cambió por completo, porque dejé de tener vida social solo para estar en casa hablando con ellas. Lo que no supe era que yo me convertiría en una de ellas.

Poquito a poco me alejé de todo el mundo, solo quería escribir y escribir. Eso de ayudarlas cambió. Creé un grupo compuesto por ocho chicas que peor llevaban la situación. Me presentaron a Ana y a Mía, es decir anorexia y bulimia, comenzaron a darme miles de consejos de cómo adelgazar, aunque no lo necesitara, pero tenía que hacerlo porque al interactuar tanto con ellas, los complejos aparecieron de golpe y comencé a verme gorda, empecé a seguir una dieta basada en solo comer chicle y beber agua en todo el día, a hacer ejercicio, empecé también a autolesionarme, y me enseñaron trucos de cómo esconder todos los cortes que me hacía o cómo vomitar sin que me escucharan. De los 52 kg que pesaba, llegué a los 37 con 16 años en solo tres meses, y me aterraba la idea de engordar. Al principio fue extraño, ya que las 8 integrantes del grupo llevábamos la misma rutina, pero ellas me hacían sentir bien y eso me gustaba.

Mi novio me dejó debido a mi cambio físico y mental. Eso de vernos siempre pasó a un no vernos nunca. No quería que me viera tan pálida, tan sin luz… No quería que descubriera todos los cortes que recorrían cada centímetro de mi piel porque le quería y no quería que lo pasara mal por mi. 

Pasé de mis amigas, ya que en todos sus planes entraba la palabra comida y para mí comer era toda una odisea. Y solo me quedaron ellas. Lo gracioso de todo esto es que me tiraba días sin comer y mis padres no se daban cuenta de nada porque me las ingenié de todas las maneras para adelgazar sin que se dieran cuenta. 

Pero me cansé de tanta mierda. Me cansé de llorar a escondidas, de estar cansada y no tener fuerzas, de sentirme sola y solo ver a las cuchillas cerca de mí, me cansé de ver cómo se me caían mechones de pelo cada vez que me peinaba, de llorar cada vez que comía porque me sentía culpable, de estar constantemente pálida y fría, de alimentarme solo de agua y chicle y, a veces, cuando veía que no podía más, comía tres galletas. Estaba cansada de darme atracones y luego vomitarlo todo, de tirar toda la comida que me daban, de estar todo un verano encerrada porque me veía gorda pesando 37 kilos por miedo a enseñar todas mis cicatrices.

 

Me odiaba y no hay peor enemigo que ser enemigo de uno mismo. Y quería acabar con todo porque no le veía sentido a la vida, así que intenté suicidarme tomando varias de las pastillas para el dolor de estómago que se tomaba mi padre, ya que sabía que eran muy potentes, y me ingresaron por sobredosis y descubrieron todo. Cuando desperté y vi que seguía viva, que tenía las muñecas vendadas, vi que la vida me había dado una nueva oportunidad, así que decidí empezar de cero.

Después, eliminé cualquier contacto con ellas aunque las echo de menos. Comencé a ir a un psicólogo durante un año y dejé de ir constantemente a mitad del 2015 y ahora voy a verlo una vez cada dos meses porque dice que la mente de un suicida nunca se cura del todo, pero yo ya me siento recuperada, o eso creo, porque a veces me dan mis malos ratos y siento miedo de mí misma, aunque he cambiado mi perspectiva del mundo. Sigo con el tratamiento, estoy más viva que nunca y eso me hace muy feliz y desde hace año y medio estoy medianamente bien, aunque sigo tomando ansiolíticos porque me agobio con rapidez y siempre recurro a los cortes. Los cortes han sido lo más difícil de superar. Ahora, voy al médico cada tres meses para someterme a una revisión. No puedo bajar de 45 kilos, pues si lo hago, me internarán en un centro de trastornos alimenticios y volverá el caos a mi vida. 

Solo confío en una cosa, en mí, y en que yo podré salir de esta situación del todo y para siempre. Que permanecerá ahí como un momento cruel de mi vida que me ha hecho ser más fuerte y luchar por mí y por seguir aquí, disfrutando de todo lo que un día di de lado. 

 

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Foto de portada: pinterest