No nos preguntemos por qué los hombres lo hacen y por qué las mujeres lo fomentan. No lo hagamos por la siguiente razón: lo permitimos todos. Padres, madres, hijos, hijas, hermanos, hermanas, etc. Y podría seguir con el árbol genealógico entero.

 

El tópico literario del S.XXI es “el rosa para las niñas y el azul para los niños”. O el “venga hijo, tírate por el tobogán sin miedo que eres todo un hombre” mientras está la otra parte de “cuidado al tirarte hija, podrías hacerte daño”. Claro, luego llegan al colegio y se encuentran con la notable diferenciación de grupos, el típico “las chicas con las chicas y los chicos con los chicos”. Los niños juegan al balón y las niñas hacen gimnasia rítmica o miran asombradas a los chavales.

No todo acaba aquí, porque luego llega la hora de dar clase y encontrarte con todo el libro lleno de hombres que han logrado algún avance tecnológico, científico, etc. Las mujeres, si acaso, serán nombradas por ser “la mujer de tal”.

No nos extrañe que una vez el chaval decida independizarse con su pareja diga “tú quédate cuidando de la casa que ya trabajo yo”, pero cuidado, que después de esto viene el “no gastes tanto en ropita que el dinero lo traigo yo a casa”. Seguido, llega el “¿Qué es eso de salir tanto con tus amigas? Vale ya de malgastar tanto, ¿no?”. Después llega la frustración del trabajo que se enfocará en casa, pero, mejor dicho, en la mujer. Esto conlleva golpes, amenazas, miedo, anulación, asesinato, etc. Y por último viene el “¿Por qué ha hecho eso? Si se querían mucho…”

¿Que por qué lo ha hecho? Pues porque nadie ha malgastado un solo minuto de su vida para explicarle a ese chaval que las mujeres valen tanto como los hombres. Tampoco nadie se ha parado a darle una educación igualitaria, como debería ser. Ni le ha parado los pies cuando se ha crecido ante su pareja por ser él el que aporta económicamente en su casa o, simplemente, porque se cree con ese derecho.

 

Nadie ha hecho nada. Nadie ha pensado que tal vez debería plantearse qué educación reciben sus hijos e hijas. Tan solo han dejado en manos de la desigualdad la vida de sus seres queridos, y claro, luego no nos preguntemos por qué ha pasado todo esto. 

 

 

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