Me echo de menos

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Por FEM julio 2, 2017  más artículos

 

 

Me echo de menos cuando la duda se apodera de mi alma y no conoce cuál es su función en esta ocasión. 

Me echo de menos cuando las obligaciones se adueñan de mi felicidad.

Me echo de menos cuando llevo horas sin sonreír.  

Me echo de menos cuando, aun estando en paz, no consigo estar bien.

Me echo de menos con las rodillas llenas de raspaduras y una sonrisa imponente.

Me echo de menos sin la arruga de preocupación en mi frente.

Me echo de menos posando mientras ponía "caras".

Me echo de menos jugando a fútbol y a béisbol.

Me echo de menos subiendo una montaña a duras penas y bajarla llena de orgullo.

Me echo de menos cayendo exhausta tras un día entero en el campo.

Me echo de menos comiendo chucherías mientras trabajaba.

Me echo de menos deslizándome con una tabla por una acequia.

Me echo de menos saltando desde las piedras altas del río.

Me echo de menos sin techo de cristal que romper.

Me echo de menos peleando con mi hermana por qué película ver.

Me echo de menos compartiendo coleccionables para que ella los acabara antes.

Me echo de menos enseñándole lo poco que sé.

Me echo de menos haciendo trampa en los juegos para que no se enfadara si iba perdiendo.

Me echo de menos ejerciendo de hermana mayor como pocas veces ha sucedido. 

Me echo de menos estudiando con pasión todo lo que caía en mis manos.

Me echo de menos admirando el atardecer en la punta de ese faro que siento mío.

Me echo de menos en el asiento trasero de su coche.

Me echo de menos despeinada.

Me echo de menos con falda pantalón y una coleta al lado.

Me echo de menos tirando una moneda de espaldas a la Fontana de Trevi.

Me echo de menos saltando al vacío llena de emoción.

Me echo de menos en los hombros de mi más querido abuelo.

Me echo de menos por las mañanas, con las legañas pegadas; algunas noches me encuentro.

Me echo de menos sonriendo a todas horas, riendo a carcajadas hasta llorar.

Me echo de menos cuando dejo de pelear por aquello o aquellos que de verdad me importan.

Me echo de menos cuando caigo en el lazo de lo impuesto, olvidando a ratos quién soy.

Me echo de menos borracha, dolida y abrazada a mi amiga.

Me echo de menos haciendo de consejera de problemas para los que yo no me aplicaba la solución.

Me echo de menos cuando intento ser quien no soy por alguien.

Me echo de menos acurrucada en los brazos de mi madre.

Me echo de menos siendo el punto de sus enfados y con razón.

Me echo de menos en esas salidas llenas de postureo con mis niñas.

Me echo de menos jugando a las cartas, recreo tras recreo, haciendo despuntar la ludopatía.

Me echo de menos con un micrófono en la mano desafinando en un sofá.

Me echo de menos abrazada mientras dormía.

Me echo de menos haciéndole la pelota por los pasillos a mi profesora preferida.

Me echo de menos en el "Tumbao" compartiendo cerveza y atardecer.

Me echo de menos cantando en el coche y lo que menos importaba era la canción.

Me echo de menos recogiendo los dulces de la piñata que acababa de romper.

Me echo de menos corriendo tanto como mis piernas me dejaban solo por el placer de hacerlo.

Me echo de menos ilusionada por cualquier novedad que se me cruzase en el camino.

Me echo de menos cuando dejo escapar la oportunidad por no saber reconocerla.

Me echo de menos en la arena mientras esta hace cosquillas a mis pies.

Me echo de menos en la luna a la que solía subir.

Me echo de menos tarareando como emisora con mala frecuencia, haciendo sonreír a unos y molestando a otros.

Me echo de menos siendo exploradora, no temiendo lo desconocido sino dejándome maravillar por su seductor encanto.

Me echo de menos un martes y como dicen que ni te cases, ni te embarques, solo queda esperar, con deseo, la buena fortuna para el miércoles sin echarme mucho más de menos.

 

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