Que gane el mejor

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Por María Fernández junio 20, 2017  más artículos

 

Al igual que hay noticias que, a pesar de que no se puede sacar nada de provecho de ellas se convierten en el tema estrella del mes, también hay noticias que, pese a su gravedad, pasan al olvido en cuestión de horas. Hablo de los comentarios de la Inquisición del siglo veintiuno, esa que se dedica a predicar frases tipo “el sida es un acto de justicia”, o vinculando la homosexualidad con la falta de una figura paterna, y todo ello bajo el derecho divino que se otorgan a sí mismos. Ya sabemos que por cada nueva generación, decae un poco más la religión, y parece que cada vez es mayor la cantidad de “herejes”, “discípulos de satanás”, “enfermos”, etc. Por suerte, nosotros, portadores del pecado original, decidimos quedarnos con él y disfrutar de la racionalidad y felicidad de la cual gozamos fuera de la moral religiosa.

No hay que dejar de lado los comentarios anacrónicos que sueltan por la boca algunos creyentes, comentarios que atentan contra el propio ser humano, y que el mismísimo Dios se los perdona después de rezar unas cuantas veces. ¡Pues vaya Dios entonces! Deberíamos dejar de calentar nuestro cerebro para que elabore comentarios sobre la transfobia, machismo, homofobia, xenofobia, etc. Dejar de señalar con nuestro dedo divino a todo ser maldito que se salga de los esquemas del cristianismo, la norma o la religión de la que hablemos.

Respetad el hecho de que no todo gira en torno a vuestra propia norma religiosa, que hay más pensamientos (entre ellos el racional) y maneras de ver la vida. Respetad a los niños también, y tened en cuenta que la pederastia sí es una enfermedad y eso sí que atenta contra cualquier moral, sea la cristiana o la de la república independiente de mi casa. Hablad de vuestros problemas con un psicólogo, seguro que sacáis provecho y dejáis de recalcar que el aborto es antinatural. ¿Creéis que una religión debe atar al ser humano? ¿No sería más lógico que una religión te hiciera libre y feliz? En definitiva, si se hubiese invitado a la gente a pensar y a ser feliz mediante las religiones, otro gallo cantaría hoy en el mundo. Pero es lo que hay, y por desgracia una vez más la sinrazón ha ganado la batalla, o, mejor dicho, la lleva ganando desde el famoso Edicto de Milán.

De nuevo nos vemos divididos en dos grandes mundos sometidos a las sentencias de una religión que tergiversan y hacen suya en pos de la desigualdad, el odio y el castigo del que no es como ellos.

Por suerte, los hay que entienden la religión como un acto de amor al prójimo, aquellos que confían en la Institución aún a sabiendas de toda la historia sangrienta que le precede. De ellos solo podemos sentir admiración por ser buenas personas, sea la razón la que sea. Pero, como ya dijo San Manuel Bueno, mártir (personaje del libro de Miguel de Unamuno con mismo título), la religión (y los medios) es el opio del pueblo, así que si quieren opio, démosle opio. Así de sencillo y demoledor.

Ayer murió atropellada una persona y otras diez han resultado heridas, pero en unas condiciones un tanto peculiares, ya que todo esto ha sido intencionado por un hombre británico de 48 años que, según alegó, quiere matar a todos los musulmanes.

Esta vez, al norte de Londres, cerca de la mezquita de Finsbury Park, se ha vuelto a demostrar la sinrazón de la ignorancia. Se ha vuelto a generalizar y tachar al islam de una religión basada en el terrorismo gracias al bombardeo de los medios que implantan el terror y odio hacia estos. No, no todos son unos asesinos y tampoco todos interpretan el Corán de la misma manera que lo hacen los fanáticos, que sí son terroristas.

Se le llama terrorista a todo aquel o aquella que cree en Alá, pero no se le llama terrorista a todo aquel que mata en manifestaciones del orgullo o apalea a homosexuales en las discotecas. Eso para nada es un acto terrorista...

Se le llama terrorista a todo aquel nacido en las ciudades y pueblos donde el islam es la religión dominante, pero en cambio, no se le llama terrorista a aquel que atropella a personas que tan solo creen en una religión. Personas inocentes, tanto como las que también han muerto a manos de los verdaderos terroristas del islam.

Enhorabuena a todos los medios que han hecho posible este odio hacia el islam, y enhorabuena también a todas aquellas personas que se han dejado lavar el cerebro por los mensajes de odio del tipo que sean. Resulta un poco desconcertante el hecho de que la persona que ataca a esta religión se queje de que son unos fanáticos a los que les han absorbido el cerebro mediante el islam, porque si se paran a pensar, estas mismas personas han sido influenciadas por los ataques hacia esta religión por parte de los medios de comunicación.  

Bienvenidos a la guerra de los lavados de cerebro, que gane el mejor.

 

 

"Esperemos que el atentado de Londres en el que un musulmán fue asesinado sea un caso aislado y el ojo por ojo no se instale en las calles; esta víctima es tan nuestra como Ignacio Echeverría", Iñaki Gabilondo para elpais.com

 

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