Nada es cuestión de hombres

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Por María Fernández junio 4, 2017  más artículos

 

Me hace gracia cuando en los periódicos o en la televisión hablan de un deporte que... Iba a remarcar como un deporte masculino, para no variar, pero creo que todos sobreentendemos la dirección a la que se enfoca principalmente el deporte en cuanto al género. Es tan gracioso ver que personifican a los equipos en sí, con sus miembros tan musculados y fanáticos, llamándolos como “el alma del país”, elevando por los cielos así el sentimiento patriótico y el deporte nacional.

Sin olvidar, claramente, el papel del deporte que practica el género femenino. Cuando nos referimos al papel de estas, podemos decir que hablamos del mismo papel con el que nos limpiamos el culo; sí, nuestro papel vale una mierda.

Ah, por cierto, el salario no lo podemos dejar de lado, ya que jugadores en una liga de mismo nivel que unas jugadoras cobran una cifra a comparación de estas que se puede equiparar a la distancia que recorreríamos desde Madrid hasta París, de París a Alemania y de ahí al quinto pino (andando si se quiere).

Es una pena menospreciar nuestro talento y alabar un cúmulo de testosterona cuando la calidad en el deporte es la misma o superior en algunos casos. Es aún más lamentable el machismo del cual gozan los equipos masculinos, y es vergonzoso ver cómo jugadoras de primera división necesitan pluriemplearse para llegar a fin de mes. Hablo del fútbol porque es el ejemplo que más cercano tengo, por el que el país entero suspira hoy (para bien para mal) después de la victoria de anoche de la Champions League del Real Madrid, y el deporte en el cual se aprecia más esta clara discriminación. El pasado jueves, el Olympique de Lyon y el París Saint-Germain se disputaban el mismo título que sus compañeros masculinos, la Champions League femeninaconvirtiéndose en vencedoras las componentes del equipo de Lyon.

Y mientras que estas mujeres andan haciendo historia que la mayoría de medios pasan por alto, que la sociedad mira de reojo sin demasiado interés, se seguirán llenando los estadios de fútbol -masculino- hasta su máximo, se seguirá teniendo hasta en la sopa a “los dioses del campo”, se seguirá pagando a los jugadores con cantidades desorbitadas, y, por otro lado, nuestras gradas se seguirán llenando de contados machitos que vendrán a ver cómo nos bota el culo, como nos caemos al suelo y qué tal nos quedan las camisetas y pantalones.

 

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