El síndrome del no me compensa

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Por Editorial junio 27, 2017  más artículos

 

El otro día leí sobre un caso que ocurre con demasiada frecuencia, y pensé, “otro caso más de es que no me compensa

Es el caso de una persona que no consigue estabilizarse profesionalmente a pesar de tener muy buena formación y venir de familia acomodada. Resulta que con 30 años aún no había aguantado más de 6 meses en una misma empresa y es que siempre abandonaba con la disculpa más variopinta: me pillaba lejos de mi casa, “me mataba a trabajar”, había mucho tráfico para ir todos los días, para ascender aquí han de pasar bastantes años, me asignaban tareas para las que estoy sobre cualificado, etc.

Al hablar de su situación laboral decía que “la cosa está muy mal”, que había hecho algunas entrevistas, pero que no encontraba nada “decente”. Y ahí estaba, pasando la treintena, viviendo con sus padres y sin trabajo porque ninguno le compensaba.

Ahora tiene 45 años. Para él, su trabajo ideal es una multinacional, de director, con un sueldo multimillonario, poca presión, trabajo lo justo y cerca de su casa… ¿creéis que lo consiguió? No, sigue viviendo en casa de sus padres y esperando que esa oportunidad aparezca.

Piensa en tu alrededor ejemplos parecidos. Yo tengo el de una conocida, madre de un niño que llevaba casi dos años desempleada y rechazó un trabajo porque no le compensaba. Cobraba 600€ de subsidio por desempleo, encontró un trabajo de lo suyo a jornada parcial que le pagaban 600€ pero resulta que para ir al trabajo tenía que gastar 50€ en transporte… No le compensaba porque tendría menos que con el subsidio. ¿Y cuándo se acabara el subsidio en 6 meses?

¿Qué le pasó? Se quedó sin subsidio esperando un trabajo que le compensara. Año y medio después encontró una forma de autoempleo para la que pagó 400€, le reportaba unos 500€ en ingresos… Un años después, también lo dejó.

El error de ambos casos fue confundir las oportunidades que tuvieron con su objetivo final. Las oportunidades han de ser vistas como etapas del proceso que conducirá al objetivo final. Es genial cuando descubrimos atajos, pero quienes sufren de este síndrome quieren saltarse todas las reglas y llegar directamente desde el sofá al trabajo de sus sueños. Y eso, queridos míos, no va a suceder.

Una oportunidad que pueda parecer insignificante, si está en línea con tu meta, vale mucho más que cualquier otra oportunidad en dirección opuesta.

 

Colaboradora: Elia Hitos

 

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Foto de portada: Behance / Beppe Conti