Cuando el miedo al fracaso nos debilita o bloquea

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Por Editorial julio 16, 2017  más artículos

 

El miedo, ese mal amigo que nos roba energía, que nos hace vulnerables y que, incluso, nos detiene.

Sí, todos sabemos que es una emoción instintiva cuya función es protegernos de peligros. Sin ese miedo no hubiésemos sobrevivido en la naturaleza. Ante algo amenazador se dispara para que actuemos y protejamos la vida… Claro que eso tenía más sentido hace miles de años…

Pero, ¿qué hay del miedo emocional? ¿de ese que nos encoge el corazón? ¿Y el fracaso? Tenemos un gran estigma con este, cuando no conseguimos nuestros objetivos, cuando entramos en comparativas con los demás, cuando las cosas no salen como esperábamos, cuando nos sentimos engañadas…

 

No nos permitimos fracasar, nos lo inculcaron desde niños: “fracaso escolar” “mira ese, es un fracasado” “¿qué vas a ser?, ¿un fracasado?”. Fracasar es un estigma y lo vemos con tal magnitud que no vemos la parte de aprendizaje ni el mensaje que, tal vez, nos está transmitiendo.

Todas las personas, en algún momento de nuestra vida, lo hemos vivido ese miedo al fracaso, bien sea por experiencias pasadas o por educación recibida. Pero la cuestión está en qué hacemos con él, ¿dejamos que nos debilite y detenga? ¿O extraemos toda la información que nos da para seguir avanzando?

Conozco muy bien la frase con la que he dado título al artículo, de ahí que la usara. En dos ocasiones la he sufrido. Y a gran escala.

No soy persona de sentir miedo ante las cosas, al menos no me bloquea ni detiene, solamente me vuelve susceptible (me debilita). Con todo lo que llevo acontecido y superado desde niña, el miedo es para mí una señal de alarma para estar atenta. Nunca consiguió bloquearme pero, como a todo extraño amigo que no sabes por dónde puede salir, le presto atención para extraer la información que me está dando, pues siempre te da alguna pista, siempre (lo aprendí en la niñez).

¿Y el fracaso? En dos ocasiones he sentido el fracaso tras poner toda mi energía en conseguir algo que no salió como esperaba… Ese fracaso que te ahoga, que intenta hundirte, que absorve tu energía, ese que se extiende en el tiempo y pasan más años de lo que podrías aguantar intentando dar la vuelta a la situación, ese que se lleva por delante uno de tus pilares de vida… Ese que tiene el poder de acabar contigo.

Ambas situaciones no requieren de ser contadas, no lo necesitas para saber de qué hablo. No me detuve en ninguna, aunque llegaron a pasar años y me debilitaron al máximo… Al final ambas las conseguí superar y dar la vuelta.

  

No me rendí en ninguna (aunque siempre estuviera “a punto de hacerlo”). ¿Sentí miedo? Sí. ¿Sentí fracaso? Desde luego, pero continué adelante aunque no tuviera indicios de que pudiera conseguirlo.

Porque esa es la clave, sentir miedo al fracaso es normal, significa que eso nos importa. Que se te encoje el corazón, sí. Que alguna noche no puedes dormir (o casi ninguna), también. Que algún día estás un poco off, ¡da igual! Lo que importa es que no te detenga.

Seguramente me esperan más situaciones susceptibles de fracaso… Seguro que algo aprenderé de ellas ¿y tú?

No dejes que se cumpla lo que oí en una ocasión respecto a alguien que no luchó: 
El miedo a fracasar fue más fuerte que la pasión por conseguirlo.
 
 
Colaboradora: Elia Hitos

 

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Foto de portada: pinterest