Elegía

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Por Nina Peña agosto 13, 2017  más artículos

 

 

Tal como pasan las tardes, pasarán los meses y los años,
tal como pasa la lluvia, tal como pasa el verano,
y nosotros, que nos supimos inmortales en tardes como esta,
pasaremos también lentamente,
sin que el recuerdo pueda hacernos daño.
 
Una tarde alimenta toda una vida,
un recuerdo, una herida, un latido.
La visión del roce de unas manos,
la sensación de cerrar los ojos y verte cerca.
La dolorosa sensación de besar tus labios.
 
No seremos nada ya tras el pasar pausado de los veranos,
No seremos más que hojas caídas de un árbol,
más que arena entre las manos,
no seremos nada de lo que pudimos ser aquel verano.
 
Poco a poco dejaremos de pensarnos,
tú, un día, no recordarás mi nombre,
yo iré olvidando tu sabor y tu tacto,
y el mundo que nos parecía una promesa
se volverá menos sueño, más humano.
 
No quedará nada de nosotros dos
cuando la velocidad del tiempo nos haya alcanzado.
No reposará tu recuerdo entre mis cenizas
porque la muerte lo habrá borrado.
No reposará tu luz entre las sombras
que cierren para siempre mis claros,
y tu nombre se irá con la lluvia
tal como tú y yo nos hemos marchado.
 
Y pasarán los años, pasará la vida, pasarán todos los veranos,
otros tendrán, como nosotros tuvimos, quince años.
Y pasarán los siglos sin que nos hayamos reencontrado.
La eternidad será sin ti un campo desolado
aunque siempre tendremos el recuerdo
de la tarde que tuvimos un verano,
cuando el mundo era bello y bueno,
y tú y yo tan solo teníamos quince años.
 
 
 
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Foto de portada: pinterest / Trash Riot