Change

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Por Carmen Marrero mayo 27, 2017  más artículos

 

Me pongo los auriculares y me siento en el sofá, no vaya a ser que el ruido de la imperfección humana altere mis siestas diarias. Enciendo la televisión y niego con la cabeza, ¡menuda mierda de mundo y de gobernantes! Mejor me levanto para rellenar el plato de pipas, reponiendo las que ya he comido mientras quería cambiar el mundo desde mi salón con calefacción.

Qué mierda de educación en la que nos lavan el cerebro, qué razón tiene el post al que acabo de dar "me gusta" — mejor sacar todos mis argumentos de un par de escritos de una red social donde desperdicio horas y horas todos los días que de los libros que suplican que les sostenga mientras cogen polvo en mis estanterías.

Qué mierda de mundo en el que el físico manda y la mente obedece — pienso mientras me entristecen las estrías que crean el mapa de mis piernas y me obsesiono con la grasa acumulada en mi barriga, como si de aspectos negativos se trataran. "¡Qué injusto!, pienso mirando al techo. Ojalá el físico no importara nada.

Ahora bien, que no se me acerque un chico demasiado delgado, demasiado gordo, demasiado bajito, demasiado alto. "Puedo aspirar a más". Y suspiro. Y suspiras. Suspiramos. Queriendo cambiar el mundo... Resulta irónico que queramos cambiar algo que nos ha amoldado y convertido en lo que ahora somos.

Buscamos algo nuevo mientras nos preocupamos por no ofender a nadie y tener a todos contentos, en que nos alaben, en que cuando digan nuestro nombre solo surjan palabras amables de bocas ajenas a las que poco importamos realmente. Queremos cambiar el mundo, pero también llevar la mejor ropa y tener la mayor cantidad de títulos acumulados posible. Pensamos que somos "anti-sistemas" o "de mentalidad revolucionaria" por hacer un par de graffittis a escondidas en un callejón y llevar la misma marca de pantalones que el resto, pero un poco más anchos. Revolucionarios.

No soy quién para decir qué debe hacerse ni cómo. Pero quizás, solo quizás, si dejáramos de asentir como robots y apagáramos la televisión de vez en cuando, no asumiríamos la metralla de información que se nos impone a diario como "la realidad". Y quizás, solo quizás, aprenderíamos a pensar.

Pero, ¿a quién quiero engañar? Guardaré la libreta en la que he escrito esto y seguiré con mi vida tal y como he hecho hasta ahora. Y tú también. O puede que no, puede que ambos obedezcamos lo que nos dicta nuestra consciencia de una vez por todas y empecemos, paso a paso, a ser. ¿Lo intentamos?

 

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Foto de portada: Instagram @metamorfo5is