Para abrazar la alegría, aprende a abrazar la tristeza

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Por Editorial octubre 12, 2018  más artículos

 

Gracias, lluvia, hoy puedo ver las flores

Ayer lloré, lo confieso, ayer lloré. ¿Por qué tengo que confesar algo tan normal? ¿Tal vez sean los años detrás de la máscara los que me hacen esconder esta emoción?

Cada vez que lloro, me alegro. Cuando termina la cascada, puedo abrazarme y buscar el abrazo de/la otrx. Y, gracias a la lluvia, puedo ver las flores.

Huyo de la lluvia, aparece con el cielo grus, y eso me asusta. Busco el sol, porque me calienta y me lleva a la actividad. Por eso sigo en esta vida, reconciliándome con la lluvia.

Gracias, lluvia, por regarme anoche, aquí estoy hoy para ver crecer las semillas que planté y que solo ahora pueden aparecer.

 

La lluvia hace referencia al llanto, ese llanto que aparece y parece que te vaya a inundar. Porque no voy a negarlo, la tristeza a veces puede asustar. Es una de las emociones más primitivas, y más unidas a nuestra infancia. Por ello, cuando estamos tristes, podemos pensar que esa emoción no va a desaparecer nunca. Es una emoción que arrasa con todo lo demás, que limpia, que sana, que cura. Y, como la lluvia, existen diferentes tipos: aquella que cuesta percibirla hasta que empieza a empaparte, la que aparece de repente sin avisar, la tormenta, etc.
 

¿Por qué utilizo la metáfora de la lluvia?

En primer lugar, porque las metáforas ayudan a entendernos y a entender el mundo que nos rodea. En sesión, son muy útiles, y espero que para ti, que estás leyendo este post, también lo sean.
 
A veces, la tristeza es recluida, es apartada, es llevada al sótano y encerrada bajo llave. En ocasiones, nuestra sociedad llena de anuncios “felices” y panfletos “felices”, nos lleva a la mágica idea de que para ser feliz, solo se puede permitir la emoción comúnmente llamada “alegría”. Este pensamiento nos cala, al igual que podría calarnos la lluvia. Nos cala y nos hace recluir la tristeza, castigarla y sentir vergüenza cuando asoma.
 
Esta forma de recluir una emoción, tan necesaria como todas las demás, al contrario de lo que puede pensarse, no hace que esta no exista en nosotras. Al revés, el no dejar salir la emoción, en este caso la tristeza, puede llegar a mantener un estado de falta de energía e, incluso, derivar en un estado depresivo. Al contrario de lo que la cultura popular da a entender, “el negar una emoción no provoca la desaparición de la misma”.
 
El día antes de escribir el poema que aparece al principio del post, sentí miedo porque apareció la tristeza sin avisar, y al igual que la lluvia que no avisa, te hace correr y refugiarte. Me refugié conmigo misma, y me escuché. Escuché la lluvia que brotaba de mis ojos, que me decía que tenía que parar, que tenía que cuidarme y tratarme bien. La vida es eso, un constante viaje de autoconocimiento, de conversación entre las emociones, los pensamientos, las conductas y el cuerpo.
 
Te animo a que la próxima vez que asome la tristeza, la dejes salir, e intentes no recluirla en el sótano.
 

Algunos consejos que pueden ser útiles para abrazar la tristeza poco a poco, mientras vas introduciéndola en tu vida, son los siguientes:

  • Identifica qué es lo que haces para no estar triste. Puede ser que mires el móvil, empieces a ver una serie, etc. Saber qué es lo que haces cuando asoma la tristeza, puede ser muy útil a la hora de identificar cuándo sientes tristeza.
  • Cuando vayas identificando qué es lo que haces, intenta reducir poco a poco estas acciones automáticas. Por ejemplo, puedes sentarte con la tristeza, tumbarte, ponerte música, o estar en silencio contigo misma. Puede que esto asuste en un primer momento, pero recuérdate a ti misma que para que aparezca la alegría, también tiene que existir la tristeza. También sirve pensar que es una emoción, y que al igual que todas las emociones, tiene un principio y un final.
  • Después de estar con la tristeza, sea de la forma que sea, intenta abrazarte a ti misma, tratarte bien, darte un baño relajante, etc. De esta forma, la próxima vez podrás recordar que después de permitirte la tristeza, pasan cosas buenas. Tal vez te sientas más aliviada, relajada, etc. Esto suele pasar después de llorar por ejemplo. ¿Te ha pasado alguna vez? Te animo a escribirlo.
 
Si ayer tuviste un día de lluvia, ¿qué hiciste para cuidarte? ¿qué te dijiste por estar sintiendo aquello que sentías? La próxima vez, trata de hablarte con cariño. Trátate bien, sobre todo, cuando estés triste. Y, permítete la tristeza. Rodeadas de frases que nos invitan a negar la tristeza, pongamos de moda esta emoción, porque para abrazar la alegría hay que saber abrazar la tristeza.
 
 
 
 
 
Y recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compartir este post debes!