Felicidad consumista, felicidad enlatada

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Por FEM junio 6, 2017  más artículos

 

El problema siempre se da cuando toca delimitar. Creo que no hay palabra peor, más malvada, opresora. La infelicidad conformista se empeña en gritar algunas mientras la duda te corrompe desde el interior llegando a tocar tu ser y haciéndote cambiar para siempre.

 

Desde pequeña me enseñaron que debía ser una persona que consiguiera por mí misma aquello que me propusiera sin depender más que de las ganas por hacerlo. Bonita teoría que se queda en nada.

Nos hacen interiorizar la dependencia de una forma sutil solo enfocada al consumo, brillante planteamiento para mantener a las ovejas en su redil, mansas. Los balidos forman parte de la melodía de fondo como cuando te toca esperar en el dentista y, aunque seas consciente de que está sonando música, a nadie le interesa lo suficiente como para preguntar qué dice la letra.

Que se te llene la boca denominándote rebelde cuando la realidad arrolladora y sin piedad te golpea con toda su crudeza enfrentándote a la niña de mamá que realmente siempre has sido, te hace temblar los cimientos.

Ese balido no cala, no llega el mensaje, se pierde entre todo el ruido creado a tu alrededor. La desinformación como norma y el creer y el ser enfrentados en su mayor plenitud. Nos venden la felicidad enlatada, lista para digerir sin que tengamos que hacernos preguntas, no vayamos a dar con una respuesta distinta a la que se empeñan en vendernos.

El caos personal como una felicidad batida y revuelta, sin sentido ninguno, efímera en ocasiones, triste en la mayoría de su tiempo, envuelta en hipocresía a otros ratos…

 

¿Qué nos pasa? Perdemos la vida sin sentir lo que sucede a nuestro alrededor, no nos importa, tenemos tal alteración del barómetro de importancia que creemos que cinco seguidores más en nuestra red social es más importante que un abrazo. No me mal lean, las máquinas para facilitarnos la vida me apasionan pero, cuidado, manteniéndolas en su lugar.

Nos atontamos con su mal uso, fuentes de eterna sabiduría desperdiciada en manos inexpertas y sin interés por aprender. Nos llega de todo, a todas horas, en todos los formatos, desde todas las fuentes, agotador y, aún así, ineficaz.

¿Por qué ante tal avance de la sociedad en miles de sentidos seguimos permitiendo que exista la violencia y el hambre? Estos dos males tan acuciantes, tan irreberentes para el mundo “civilizado” que huele a podrido desde lejos. 

Se nos olvida por hechos del azar, o algún otro que escapa a mi entendimiento, que tenemos motivos de sobra para cambiar la tuerca que no funciona bien en el sistema, ¿o es que es el sistema el que ya no nos funciona?

Más nos vale empezar a plantearnos una solución o, cuando menos nos demos cuenta, habremos perdido esa humanidad tan exclusiva que nos empeñamos en gritar a pleno pulmón que tenemos pero que, en raras ocasiones, parece actuar. 

 

 

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Foto de portada: pinteres / Emma Dajska