Cuando la Mar te salva

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Por Annie junio 8, 2017  más artículos

 

Me encontraba en un oscuro y silencioso bosque lleno de árboles de varias centenas de años. Lo extraño no era el simple hecho de estar allí en ese preciso instante, sino el hecho de temer a esa tenebrosa naturaleza que me rodeaba. En cierto modo, nunca estuve incómoda del todo. Lo que brotaba de mi alma no era miedo o comodidad: era desesperación. Pero,... ¿qué estoy escribiendo?

 

Escribo locura, pánico, perdición y ansiedad. Escribo todo lo malo (o bueno) que puedas imaginar. Pero, sobre todo, escribo esperanza. Hoy, escribo esperanza, por alguien.

Mi alma gemela me dejó caer a un océano lleno de tiburones y todo tipo de criaturas marinas. Lo raro es que yo solo podía ver tiburones. Nunca pude ver esos hermosos peces de colores que, de alguna forma, rememoraban mi infancia. Pensé que nunca soltaría mi mano; me equivoqué. Ahora esa alma gemela, a la que sigo echando de menos, ha agarrado la mano a su nueva hermana gemela. Y... ¿yo? Yo simplemente me he quedado en un océano oscuro, acechada por seres con sed de sangre y, poco a poco, ahogándome.

 

Encontré un gran trozo de madera a la deriva, en la cual me podía refugiar del interior del océano. O, al menos, eso creía yo. ¿Sabéis cuando creéis que estáis haciendo algo bueno para vosotros mismos y los de vuestro alrededor, pero en realidad les estáis haciendo daño? Confié en un trozo de madera, al igual que lo hice con mi alma gemela. Debí de darme cuenta antes, de que ese trozo de madera estaba punto de arrastrarme hacia la muerte, la cual, poco a poco, se veía como una gran y deseada amiga.

Cubrí mi odioso cuerpo con flores negras, mariposas negras y oscuros pensamientos. Mis brazos eran el reflejo de mi alma. Mis ojos no tenían brillo; solo ganas de saltar de ese trozo de madera y hundirme. Pero no podía. Algo me ataba a ella.

Aquel curioso océano me sonreía y, todos los regalos que me daba, los aceptaba para después volver a tirarlos. Estaba agotada psicológica y físicamente. Mi cuerpo cada vez se hacía más delgado, mientras que yo lo veía más hinchado. Estaba muerta en vida.

 

Desmayada, caí en aquel océano de doble cara... y doble filo. El trozo de madera me abandonó, como era de esperar. Cuando desperté, me encontraba en un tranquilo mar. Nunca podré describirlo del todo... tranquilo, hermoso, adorable y, sobre, todo, con su toque de salvación. Me arrastró hasta la orilla. La arena era fina, clara y templada. Durante años, me mantuve en esa isla, alimentándome de lo que encontraba pero, esta vez, sin devolver sus preciados regalos a la madre naturaleza.

No quiero irme de aquí; ni siquiera quiero pensar en ello.

Lo único que sé, es que sin esa preciada marea, yo nunca hubiera llegado a esta isla.

Es hora de tomar rumbo hacia casa. Sin alma gemela y sin mariposas negras.

A esta bella Mar, quisiera decirle que evitó que me ahogara en océanos llenos de tiburones, que la madera a la deriva me matara y que yo misma dependiera de esos oscuros pensamientos. Llevo un punto de sutura con tu nombre, en mi corazón.

Y yo, simplemente, ya no puedo evitar sostener mis lágrimas cada vez que pongo mi mano en este corazón suturado.

 

Me faltan palabras para decirte lo mucho que te aprecio. Gracias por tanto.

 

 

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Foto de portada: pinterest