Nuestra insensibilidad nos pasa factura

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Por FEM mayo 5, 2017  más artículos

 

Hoy mi paciencia se ha colmado de hipocresía. ¿En qué tipo de sociedad vivimos? De las pocas cosas que tengo clarísimas a mi corta edad es que nunca se llega a conocer del todo a una persona, pero de ahí a ser seres repugnantes… hay muchos pasos.

Hace días que veo por Facebook una cadena de mensajes con el siguiente texto “Considerando la triste decisión que tomó hace poco un joven de 20 años, de suicidarse para huir de su infierno personal, quiero recordarles con mucho afecto a todos mis conocidos, amigos, completos desconocidos que tengo en las redes sociales, etc... Mi puerta siempre estará abierta para cualquiera de mis amigos, familia o cualquier persona que necesite hablar. Háblame por privado sin más, sin vergüenza. Sufrir en silencio no es una demostración de fuerza. Tengo café e infusiones, ganas de escuchar y buena música para alegrar el ambiente. Podemos comer o beber algo, siempre tengo algo dulce o un chiste para animar y, por supuesto, siempre podréis contar con un hombro o una oreja amiga. ¡Todos son siempre bienvenidos! Ojalá que alguno de mis amigos se una igual que yo y copie este texto (no compartir). Estoy intentando demostrar que siempre hay alguien para escucharte. Me uno al movimiento de prevención del suicidio”.

Contestadme a una sencilla pregunta, ¿de verdad creéis que con poner semejante texto, todos iguales, sin ápice de humanidad vais a ayudar a alguien? Valoro el gesto, es mejor que no hacer nada pero, por favor, si de verdad queréis ser de utilidad no seáis borregos que hacen las cosas sin pensar. Para un segundo, bájate de tu ajetreada vida y recuerda a esa amiga que hace unos días quería hablar contigo aunque a ti no te importase o tuvieses “obligaciones” mucho más urgentes que atender.

¿Es ella la que merece ese texto copiado en cadena? ¿De verdad crees que te va a escribir porque tú en tu momento de “mayor solidaridad” has copiado y pegado lo que sentía otra persona? Escríbele, preocúpate de verdad y no te dejes arrastrar por el “movimiento solidario del día” porque por mucho que quieras solo servirá para recordarte lo bueno que tú eres sin mayor compromiso social, adorando ese egocentrismo que parece estar tan de moda, calmando tu ego.

Somos unos insensibles que no reaccionamos más que cuando ya no hay solución, no vemos el problema hasta que este nos ha arrastrado. El hecho de que una sola persona en el mundo haya decidido poner fin a su vida nos debería abrir cuestiones como ¿De qué vamos? ¿Tan superior eres al resto de los mortales que no te desgarra el corazón el hecho de que una persona decidiera poner fin a lo más valioso que tenemos? No soy ninguna experta y puedo garantizaros que no me mueve más que el afán de remover conciencias para que se valore nuestra humanidad, para que dejemos de pensar en el maldito bolsillo, en el maldito estatus y veamos que un corazón latiendo de felicidad es todo por lo que deberíamos apostar.

Esta reflexión me lleva a cuestionarme el papel que juega, por ejemplo, la reciente serie aclamada entre la mayoría de adolescentes “13 razones” en la que se vive la historia de por qué una chica de instituto decide acabar con su vida. Este enfoque tiene revolucionado a medio mundo y mi pregunta es ¿por qué? ¿No somos conscientes de que la segunda causa de muerte entre adolescentes es el suicidio? ¿O es que preferimos no verlo para poder seguir con nuestras perfectas vidas? Serie que, a mi entender, no es del todo propicia por el mensaje que hace llegar a los mismos adolescentes que la idolatran.

Se nos olvida que todos somos personas, que todos tenemos miedos e ilusiones, que un momento de flaqueza no significa que seas débil, igual que un momento de valentía no te convierte en valiente y es que somos unos hipócritas, pues ya me gustaría ver qué harían todos esos que han compartido el mensaje si les llegase y les contase alguno de los problemas que me atormentan… risas, burlas, ridiculización de la situación… parece que nos veo asumiendo ese refrán que reza “consejos vendo y para mí no tengo”.

¿Mi consejo? Amad, amad por encima de todo, no veáis en los demás una oportunidad o una competencia, míralos como personas que te pueden aportar felicidad de una forma u otra porque con amor, por muy idealista que suene, el mundo sería un lugar mucho mejor o al menos eso quiere creer esta alma movida por el Romanticismo.

Antes de irte, recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compartir este post debes!

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