Los distraídos tiene más materia gris

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Por Q junio 16, 2017  más artículos

 

"Tengo que reconocer que me distraigo con muchísima facilidad". ¿Quién no ha sentenciado esta frase en algún momento de su vida porque el sopor de la situación lo requería? En la mayoría de las ocasiones que nos provocan desgana o desmotivación, surgirá esa sensación de distracción crónica, lo que no quiere decir que por ello no seamos capaces de concentrarnos en lo realmente importante. Cierto es que en todo lo demás, tendemos a no prestar la atención, como en las acciones más habituales, dónde hemos dejado las llaves, las gafas, el móvil, la cabeza...
 
La habilidad para seleccionar la información relevante y descartar los datos intrascendentes es esencial para la supervivencia y la vida cotidiana, sobre todo en un entorno como el actual en el que estamos constantemente bombardeados por estímulos. 
 
 
No obstante, la atención es un proceso complejo que funciona a través de dos mecanismos complementarios: existe un mecanismo que podemos activar conscientemente para concentrarnos en una actividad y existe otro mecanismo automático, que se activa cuando un estímulo del medio capta nuestra atención y, como resultado, nos aparta de lo que estábamos haciendo.
 
Si el mecanismo consciente no es lo suficientemente sólido, nuestra atención se verá captada continuamente por los sonidos, movimientos y demás estímulos del entorno, lo cual significa que no podremos alcanzar un buen nivel de concentración o que no podremos mantenerlo durante el tiempo necesario. Por eso, no es extraño que neurocientíficos del University College London hayan descubierto que las personas distraídas tienen un mayor volumen de materia gris en el lóbulo parietal superior.
 
 
Estos investigadores estudiaron el cerebro de 145 personas, a quienes se les evaluó su nivel de atención consciente y su tendencia a la distracción en la vida cotidiana, como olvidar dónde habían aparcado el coche, tener lapsus mentales o no recordar qué tenían que comprar en el supermercado. 
 
Los resultados demostraron que existen diferencias a nivel cerebral en el control de la atención. De hecho, se apreció que a mayor volumen de sustancia gris en el lóbulo parietal superior del hemisferio izquierdo, mayor es la tendencia a la distracción. Esta zona del cerebro está vinculada con el control de la atención y con la supresión de los estímulos irrelevantes provenientes del medio.
 
 
Estos neurocientíficos tienen una teoría para esto basada en una perspectiva evolutiva. Su hipótesis se enfoca en la poda sináptica que ocurre durante la niñez y adolescencia, también conocida como “poda regulatoria”, la cual sirve para mejorar la eficiencia en el procesamiento de la información. Como resultado de esa poda se produce una reducción de la densidad de la sustancia gris, sobre todo en áreas de la corteza cerebral. De hecho, la poda sináptica es un proceso tan importante como la creación de nuevas conexiones entre las neuronas, ya que se descartan las conexiones que no nos son útiles y se ajustan las que sí necesitamos, con el objetivo de crear un sistema cognitivo más refinado. 
 
 
En el cerebro maduro también se producen podas sinápticas, conocidas como “poda de ramificaciones de axón terminal”. En este caso, se eliminan las ramificaciones de los axones que prácticamente no se usan. Esa es la razón por la cual es importante entrenar nuestras funciones cognitivas, como la memoria, la agilidad mental o la atención, ya que si no las usamos, terminaremos perdiéndolas. 
 
Por tanto, si consideramos esa poda sináptica como un proceso de maduración, se entiende que un volumen más pequeño de sustancia gris en el lóbulo parietal superior del hemisferio izquierdo potencia un mayor control atencional y una distracción menor.

 
 
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