Testimonio de Trans* No-binario en México

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Por Editorial abril 10, 2017  más artículos
«La disforia social es el sentido de la disforia específicamente ligada a las situaciones sociales. Suele ser causada por suposiciones sociales relacionadas con el género, como el uso del pronombre, la asunción de los roles sociales o el lenguaje corporal.»

 

Me llamo Jojo, vivo en México y soy una persona transgénero no-binaria. Mi identidad de género específica es género flux y dos espíritus, mis pronombres son élle y ella. Durante toda mi vida temprana no sentí que encajaba con los chicos, pero tampoco encajaba con las chicas. Era un outsider. Sentía que nunca terminaría; tenía pensamientos en mi cabeza que se supone no debía de tener si quería entrar a un paraíso celestial. Se supone que Dios me hizo de cierta forma y así debía quedarme, pero algo no estaba bien. Me asignaron masculino al nacer, pero no era lo que yo quería.

La legalidad actual en México me imposibilita cambiar mi sexo legal más allá de las opciones binarias de hombre y mujer y eso, es sexo y no género. No quiero cambiar mi sexo y eso no me hace a mí y a nadie menos transgénero. La legalidad de las naciones en general me imposibilita, con excepciones como Australia donde puedo cambiar mi género legal por «X» y el existir me da condena de muerte en otros.

La disforia social no ha ayudado a mi ansiedad general, una ansiedad que ha mejorado con el paso del tiempo y terapia, pero que en el pasado me ha causado despertar en medio de la noche con taquicardia y, hoy en día, hacer ejercicios de respiración antes de dormir. Admito que durante mis ataques de ansiedad, me ahogo en mis emociones y pensamientos, es un sentimiento que no se puede describir en palabras. La disforia social no es la causa de mi ansiedad, esa ya la encontré con terapia.

Me gusta el maquillaje, en realidad me encanta, y siempre aprovecho un momento de ocio completo para ver cómo es que estas mujeres, hombres y personas género no conforme se ponen prime y bases líquidas en sus rostros. El dinero difícilmente me alcanza para darme el lujo de comprarme el paquete completo, pero eso no evita que me las arregle para hacerlo de vez en cuando. Estoy en un punto de mi vida donde deseo poder ser maquillista profesional.

Soy una persona introvertida. Mi deseo por salir no es mucho y no me afecta en absoluto, mi «energía social» no es mucha y me hace mejor, pero cuando llego a salir a restaurantes, a mis clases académicas o al exterior en general, difícilmente llevo maquillaje visible, cuanto más natural, mejor; no fue sino meses después que pude hacer una transmisión en vivo maquillándome en un grupo cuir. Los comentarios llegaron con todo tipo de apoyo, pero también había comentarios inyectados de femmefobia, principalmente de hombres blancos gay, pero no me interesaron, el apoyo era más fuerte y, aunque no lo fuera, probablemente los hubiera hecho solo para joder.

Existe definitivamente un miedo en mí en que me puedan hacer con noticias como la de un padre asesinado por salir de la casa con maquillaje visible durante la fiesta de cumpleaños de una de sus hijas o el índice americano de agresión sexual a unx de cada tres personas de género no conforme. Tengo miedo de ir a mis asuntos académicos con algo más que un simple pantalón a las miradas extrañas, las ya habituales preguntas de «¿Qué tienes ahí abajo?» «La verdad que no te entiendo, ¿entonces eres travestí?» «¿Pero qué género? ¿Hombre o mujer?» «¿Entonces eres gay?» «Oh, estás confundido, eres joven»... Podría seguir todo el día con toda clase de preguntas y comentarios que me han hecho por vestir o usar algo que se supone no debía hacer para verme más de un género que siquiera me identifico con. No es que me interese la percepción de otrxs sobre mi persona, no, es la disforia social atacando. La sociedad insiste en verme como un hombre, eso es un hecho.

Una vez y solo una vez hasta el día de hoy, salí al exterior con vestimenta típicamente masculina y un labial simple, nada extravagante. Nos encontrábamos a alguien y tuve que ir a buscarle en persona porque en el momento no contaba con minutos ilimitados. Me encontré en una esquina y tratando de moverme lo menos posible en un comedor público, pero terminé por tener que moverme de lado a lado mientras veía los ojos de la gente, mirándome por periodos largos de tiempo, tal vez no fueron tan largos, pero definitivamente se sintió así, los hombres y padres siendo quienes me miraban más -no odio a los hombres, eso fue lo que sucedió, los niños observaban por desconocimiento y las mujeres no les interesaba mucho la existencia de alguien en decenas en un comedor-. No era una mirada de curiosidad, ni mucho menos de admiración, era una mirada de disgusto la que se sentía de aquellas personas.

Me encantaría que mi disforia social desaparezca una mañana tranquila, pero últimamente he decidido no disculparme por mi identidad, ni mucho menos por mi forma de vestir o actuar. Tardaré un tiempo más en saber vivir con mi disforia social, porque siempre está ahí, nunca va a desaparecer, no voy a vestirme exclusivamente femenina ni ser lo más «mujer» ante los ojos de una sociedad que finge que no existo como para ser aceptada, no. Soy quien soy. Dos espíritus, anfem e indígena xicane y una personalidad ácida. 

 

Autoría: Jojo Xoche

 

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Foto de portada: Imagen cedida por Jojo