Sé tú misma

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Por Karma marzo 4, 2017  más artículos

 

A todas las personas nos han aconsejado que seamos nosotras mismas, asegurando que así nos ganaremos a todo el mundo, pero… ¿Por qué no nos preparan para todo lo que se nos echará encima tras decidir ser nosotras mismas?

¿Cómo voy a ser yo misma si van a criticar cada paso que dé? ¿Cómo voy a querer ser original y diferente si me obligan a estar en un molde en continuo movimiento en el que jamás conseguiré encajar? ¿Cómo voy a querer ser algo impuesto, carente de humanidad? ¿Cómo voy a ser yo misma si hacen que me avergüence de ello?

Quizá presentado así, todo suene un tanto confuso, pero es lo cierto. La prueba está en la dura crítica que se le presenta a una persona a cierta edad. La adolescencia parece ser una prueba que nos prepara para una madurez aburrida y repetitiva. Impersonal.

¿Te gusta música poco popular? Eres una persona rara. ¿Te gusta Justin Bieber? Eres pava o marica. ¿Te gusta maquillarte? No eres natural o, de nuevo, eres marica. ¿No te gusta maquillarte? Deberías maquillarte al menos en ocasiones especiales. ¿Te gusta ver anime? Eres friki. ¿Te gusta leer? Eres friki. ¿Te gusta bailar? Si lo haces con ropa que no enseñe demasiado y sin moverte “sensualmente”, quizá no te sexualicemos y te llamemos “fresca” o “marica”.

¿Por qué no puedo escuchar la música que quiero sin tener que oír un comentario estúpido sobre lo horrible o “comercial” (término que la gente adora usar para hacerte parecer ridícula y sin gusto ni criterio) que le parece a otra persona? ¿Qué se gana con un comentario de esa clase? ¿Por qué no puedo maquillarme como quiera y para la ocasión que quiera? ¿Por qué no puedo ver el contenido que me entretiene? ¿Por qué no puedo disfrutar de unos minutos para mí sin tener que preocuparme de que me estén mirando de una forma u otra? El porqué es sencillo: Encajar en el molde que nos impone la sociedad es totalmente imposible y nuestro castigo por querer huir de él es la crítica. La crítica que nos lleva a hacernos pequeñas, a avergonzarnos de nuestros gustos y costumbres. La crítica que nos arrebata la personalidad para conseguir la aprobación ajena.


Se tiende a etiquetar absolutamente todo y ni siquiera la sociedad se aclara con lo que considera correcto y lo que no. “¡Sé tú misma!”, nos gritan. “¡Estás muy delgada!”, me gritan también. “¡Tú muy gorda!”, le gritan a otra. “Palillo, engorda”, me dicen. “Has subido de peso… adelgaza”, le dicen a otra. ¿Por qué no puedo tener el peso que me dé la gana si estoy sana?

¡Sé tú misma aunque me ría de ti porque te guste un tipo de música o critique la ropa con la que te sientes cómoda! ¡Sé tú misma, eh! ¡Sé tú misma, pero solo si consigues encajar esas rarezas tuyas en el concepto que tenemos como perfección! ¿Cómo conseguirlo? Muy fácil: Sé tu misma y ocúltalo. Siente vergüenza. Critica con los que huyen del molde lo que tú eres y así encontrarás la aprobación.

Así me he sentido yo, personalmente, durante muchísimo tiempo. Prejuzgada. Porque no es solo cuestión de gustos o de ideas, ni siquiera de tu apariencia, dado que lo importante está en la idea que asocien a todo esto. Es muy difícil huir de los prejuicios. Hablando de mi experiencia, ve por ahí diciendo que te gustan Justin Bieber y Miley Cyrus que luego va a ser difícil que la gente crea que puedes hablar de algo que no sea referente a ellos y que tenga fundamento. ¡Intenta hablar de música! Intenta, intenta, porque tu opinión, por mucho que esté aceptada (porque hay cosas que te pueden gustar y cosas que no), si te gusta Justin Bieber olvídate de que la gente crea que escuchas, por ejemplo, AC/DC o Queen, o que te pueda interesar algo que se salga de cómo lleva Justin el pelo.

Pero lo mejor de todo es que he conseguido aceptar que me da exactamente igual lo que opinen sobre mí. De hecho, me da lástima aquella gente que aún no se encuentra y vive de la aprobación ajena. Estoy tan feliz con lo que soy como persona, con la inmensa variedad de mis gustos y lo respetuosa que soy con los gustos de los demás, por mi estrafalarios que puedan parecer.

Desde que acepto que soy quien soy, solo puedo sentir rabia y lástima por aquellas personas que juzgan sin conocer, que no dan su brazo a torcer y que no se interesan en derribar estúpidos prejuicios. Estoy orgullosa de ser como soy y, desde que lo estoy, soy muy feliz. Ser feliz con una misma es algo tremendamente importante que olvidamos con frecuencia. Estar orgullosa de lo que se es como persona es increíblemente poderoso e influye en todos los aspectos de nuestra vida.

Desde que me acepto tal y como soy, solo me rodeo de personas que también lo hacen. Mis amistades actualmente me hacen sonreír con tanta frecuencia que a veces recuerdo que unos años atrás jamás se me hubiese ocurrido tener amigos tan reales y verdaderos. No callo mi opinión ante nadie y aprendo de la del resto si creo que tiene algo que aportarme en la vida, sin avergonzarme de ella.


Desde que me acepto como soy, me veo más guapa por dentro y por fuera. Desde que me acepto como soy, aprecian mucho más mi trabajo y mi talento, tanto como mi opinión. Desde que me acepto como soy, sé que quienes se acercan a mí lo hacen porque me aceptan como soy y no por haber conseguido meter un pie en el molde ficticio en el que han intentado encerrarme.

"Mi filosofía en cuanto a la aceptación de otra gente es: "Que le den a la gente"

 

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Foto de portada: i.imgur.com