Sentencias

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Por Editorial julio 25, 2018  más artículos

 

La sentencia no fue solo para la víctima de la violación, fue para todas las mujeres que hemos ido solas por la calle, a todas las que hemos salido tarde algún bar.

La sentencia podría haber sido contra nuestros agresores, o contra los de Sandra Palo, o los de Marta del Castillo.

Podríamos haber sido cualquiera de nosotras.

A las mismas a las que nos piden que cuando suframos agresiones, maltratos o abusos, denunciemos.

¿Cómo vamos a denunciar si nos sentimos solas? ¿Por qué tenemos que aprender nosotras a denunciar?

¿Por qué no podían aprender ellos a no agredir? ¿Por qué tengo que llevar yo un spray cuando salgo sola a la calle?

¿Cuántas madres se sienten aliviadas de que su hijo sea hombre en lugar de mujer?

Aquella noche de San Fermín de fiesta, cinco hombres violaron a una chica de dieciocho años, esperando que nadie además de sus amigos viese ese vídeo. Ahora los buscadores de pornografía tienen entre tendencias el vídeo de una violación. Normalizando que cinco hombres obliguen a una mujer a mantener relaciones sexuales ni consentidas ni deseadas. Sin preocuparse por qué espectadores tendrá ese vídeo. ¿Niños? ¿Adolescentes?

Esa noche fue la pesadilla de una chica como cualquiera de nosotras. Ella, como cualquiera de nosotras, iba a una fiesta a pasarlo bien. Había bebido algo. Esa noche que podría haber sido divertida, acabó siendo su peor sueño. Su peor pesadilla.

Los medios difundieron aquel vídeo. La prensa se cuestionó la veracidad del testimonio. Algunos hombres comentaron que ellos también pasaban miedo por la calle.

Ahora tenemos a cinco violadores que representan lo que podríamos haber sufrido cualquiera. Tenemos una sentencia injusta. Un código penal más injusto aún. Y a cientos de personas llamándonos “feminazis”.

Ya tenemos la sociedad que querían: La sociedad del miedo, la de “No vuelvas sola”, la de “vuelve en taxi” y la de “ten cuidado”.

Ahora que tenemos a los violadores en las calles en lugar de en las cárceles.

Ahora que se han olvidado de los nombres y apellidos de cada uno de los violadores, asesinos y maltratadores.

Ahora que la justicia nos demuestra que denunciar no siempre vale.

Nosotras, que sin nosotras no se entiende la historia. Que hemos movido masas y hemos hecho historia.

Nosotras que estamos preparadas para movilizarnos en Madrid, en Berlín o en Chile.

Nosotras que hemos luchado para salir de las cocinas y entrar en las universidades.

¿Qué nos van a contar a nosotras de fuerza y de valentía?

                                                                                                                              

Colaboradora: Maria

 

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