Mis queridos Hombres

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Por Q febrero 26, 2017  más artículos

 

No os sintáis mal por ser odiados por tantas mujeres. Solo es que muchos de vosotros se lo han ganado con creces y, claro, al final pagáis justos por pecadores. Así de triste. Pero no temáis, que algo podremos hacer.

Amo mi condición de Mujer, amo cada centímetro de mi femenina existencia, aunque eso a algunos les haga sentir mal. Me amo, pero también amo a más gente. Mi corazoncito está repleto de amor para todo el mundo. Bueno, para todo no.

Amo a las mujeres luchadoras,
que alzan su voz ante la injusticia,
que no se quedan paradas viendo la vida pasar,
que actúan y se dejan las entrañas
por conseguir sus objetivos, sus sueños,
sus logros que aún están por llegar
y que conseguirán con solo alzar su vuelo,
pues estas Mujeres saben volar.

 

 

Las amo a todas. Pero, ¿qué hay de los hombres? A ellos también los amo. Aún declarándome feminista, con lo que esto puede acarrear para todos los enemigos de la palabra, no detesto a los Hombres, en absoluto. No estoy obligada a ello, no me siento frustrada con mi existencia (como podrán apuntar algunos) y no soy penefóbica (como dirán los menos sensatos, que los hay a patadas). Estos hombres de los que hablo son buenos y se merecen ser amados, aplaudidos por ser como son, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos nosotros, pertenezcamos a un género u otro.

 

Hombres encantadores
y encantados de amar a la Mujer,
geniales, generosos, 
hijos, hermanos, padres,
amigos leales,
de los que saben hacer cosquillas
hasta tener que decir basta,
de los que te sacan mil sonrisas,
hasta en tus momentos peores,
de los que vuelan contigo
y no te sueltan ante ningún peligro,
de los que te miran y te derriten el alma,
de los que te hablan mirándote a los ojos 
y no al escote,
de los que saben que eres más que unas tetas,
y saben que tú también lo sabes,
que no eres idiota,
de los que puedes llamar en cualquier momento,
que ahí estarán para ofrecer
su mano a cambio de nada.

Esos son los hombres a los que amo, que muchas amamos, esos que son caballeros porque lo llevan en los genes y porque tratar con delicadeza a una mujer no es considerarla como menos, sino como lo que es, una pieza única, al igual que lo son ellos, al igual que lo somos todos. Solo pedimos eso, Igualdad, y no tergiversar la idea, las palabras y hasta las ganas de la gente que defiende esto de verdad. 

Nos llenamos la boca, la mente y el alma de un intenso odio hacia todos los hombres cuando pensemos en algunos personajes detestables que nos intentan rebajar con sus comentarios ofensivos en las redes sociales, con los chistes malos con los que creen hacer gracia y con sus deprobables actuaciones machistas hacia las mujeres. Salimos armadas con nuestras uñas y dientes a decapitar a todo ser viviente con rabo entre las piernas. Los metemos a todos en el mismo podrido saco, pero esto no puede seguir así. Los hombres de verdad nos necesitan.

Elevamos la palabra “Mujer” como algo sagrado, desechamos a las que la portan airosas (y asquerosas) acompañada de los adjetivos “Florero” y "Objeto", las cuales en este país van surgiendo a mares cual Ave Fénix de la vergüenza, detrás de sus hombres-maridos-consumidores-pagadores de la más deprimente realidad.

Destrozamos la palabra “Hombre”, y cada vez nos suena peor, cada vez odiamos a todos y cada uno de los Hombres que representan esa fuerza opresora que ha estado ahí siempre en la historia jodiendo el papel de la Mujer.

 

Pero, parémonos un momento. ¿Por qué generalizamos? No busquemos el odio por el odio. No nos recreemos en sentirnos despreciados y despreciables al mismo tiempo.

Las Mujeres estamos haciendo piña. Yo solo lo voy advirtiendo, señores. Elegimos como mascota a adorables hembras, deseamos engendrar preciosas niñitas de largas colas de caballo como las de Ariana, y un día llegará la noticia a nuestras vidas de que ya podemos procrear sin ayuda de ellos, y ya la habremos “liao” del todo. No quedará otra que extinguirlos definitivamente de la faz de la tierra.

Joder, pero a mí me encantaban los hombres. Al menos todos aquellos que me vienen ahora a mi memoria. Y los que siguen aún y por siempre en mi corazón. Mi padre no se encuentra en la lista. No todos nuestros hombres cercanos se lo merecen tampoco. Él también se podría haber extinguido en el oleaje masivo y apocalíptico de la era feminista pero, por suerte para él, la vida lo despidió antes (aunque eso sí, con un buen finiquito fruto del desfalco, esto es España, señores, y eso es lo poco que he podido saber de él en todos mis años de existencia -y ha sido a través de las redes-).

Benditas redes que nos dan el conocimiento y nos ahogan en la ignorancia de aquellos que las usan para hacer daño, para demostrar su incultura, para conseguir que nos odiemos por condiciones de sexo, religión, raza u opinión diferente a la nuestra. Así de triste se muestra el panorama actual del progreso humano. Si Platón levantara la cabeza, llamaria corriendo a Sócrates y a Arístoteles para mofarse en nuestra cara al ver que los humanos nos entretenemos en construir grandes avances y en destruir vidas y, en definitiva, destruir lo único humano que nos va quedando.

Yo amo a los hombres. Sobre todo al que comparte su vida conmigo hoy, y quizá mañana, aunque eso nunca se sabe, y lo que sí tengo claro, al igual que lo tiene él como hombre bueno que es, es que si mañana me despierto dándome cuenta de que ya no es él, o es a él a quien le pasa, no viviremos en una mentira, seremos personas que no se equivocan (eso nunca), sino que pasan por etapas, cambian, evolucionan y toman decisiones arriesgadas para vivir la vida que ellos y solo ellos deciden vivir.

No nos destruyamos más, apoyemos las causas por las que lucha cada sector, cada trocito de esta sociedad que se siente discriminada, sola, víctima de Hombres despiadados y Mujeres despiadas que no aman, sino que odian mucho, y que lo demuestran con abusos, con redes de prostitución, trata de niños, órganos, mafias, violencia doméstica, bullying, violaciones, corrupción, y todo ese largo etcétera de males de los que cada día nos hacemos eco a través de los medios y en las redes sociales, pero que dejamos a un lado por disfrutar de nuestro tiempo libre, ojo, no con los amigos en una terraza tomando cañas (que era lo jodidamente normal hasta bien entrada la era dos mil), sino con el móvil como fiel aliado del desparrame lúdico más instantáneo, dotando a nuestras neuronas de lo que tanto se criticaba en los 90, la antigua caja tonta, la telebasura de entonces ahora transportada al plano digital. La caja tonta del siglo XXI es la que nos cabe en la palma de la mano, nuestro preciado móvil, un gran enemigo para los menos doctos en las tecnologías y una herramienta de destrucción masiva para los más ignorantes e insulsos humanos (de los que desgraciadamente, también salen a patadas), pero una gran herramienta para los auténticos sabedores de que aquí, señores, está todo lo que necesitamos a golpe de click. La historia está en saberlo utilizar para el bien y no para el mal, el odio, la basura, la desinformación y el rencor que generamos nosotros mismos con muchas de nuestras opiniones ofensivas, de nuestros juicios y prejuicios o de nuestros actos de violencia digital que, de una forma u otra, lanzamos a la gran batidora mediática en la que todos andamos sumergidos. Sí, he dicho todos, Hombres y Mujeres.

De hecho, cuando miro atrás, tengo una lista más amplia de mujeres traidoras en mi historia personal que de hombres que me hayan fallado pero, si nos paramos a analizar todos los Hombres que abusan, que violan mis derechos como mujer, que matan, que maltratan, que vejan e insultan a las que son como yo, la lista, inevitablemente, se multiplica, y mucho.  

Aún así, me reitero en mi amor a los Hombres, a todos ellos a los que conozco, admiro, sigo, leo, escucho o amo en carne y hueso. A todos ellos, gracias por no extinguiros aún, porque yo no sé qué haría sin vosotros. Hay veces que os desterraría para siempre, pero la mayoría os amo tanto que, en realidad, no podría hacerlo jamás.

Y porque los amo, os pediría a todos, que vosotros también lo hiciérais, y no lo convirtiérais en basura, no lo ensuciéis de la podrida inmundicia que nos corroe el alma cuando focalizamos todas nuestras derrotas, nuestros errores y nuestras frustraciones (en definitiva, nuestro cansancio vital e insípido que nosotros mismos nos generamos) en odiar a algún ser vivo de nuestro planeta. Yo odio las modas, la injusticia, la corrupción, la falta de empatía, pero no odio a las personas. Ellas no tienen la culpa de no saber usar bien las herramientas, ellas no tienen la culpa de ir ciegos por este mundo y dejarse cegar por el vil dinero, que todo lo puede. O quizá un poco sí... Odio y asco. 

 

A los Hombres responsables
de la Justicia de este país,
de las palizas que reciben muchas mujeres,
de los actos de corrupción,
de las mafias y de las putas redes
(puesto que los Floreros no saben, no contestan),
pido desterrarlos a todos y dejar de designarlos
con un nombre que ya no merecen,
y pasar a llamarlos 
Inhumanos, Degenerados,
que es para lo que han quedado.
Y las Mujeres que también portan mal su nombre,  
las que no saben pero gastan, malversan
y ensucian nuestro legado,
a las Florero, a las Objeto, a las Machistas,
que también abundan,
que nos rebajan al resto,
que engañan con su piel de cordero,
que también roban y matan,
y maltratan,
a esas, a todas,
que también las jodan. 
El resto de la Humanidad sigue aquí dentro,
en mi corazoncito,
junto a mis Queridos Hombres, 
bien protegidos.

 

 

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Foto de portada: pinterest