Espinas

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Por Q agosto 21, 2017  más artículos

 

 
 
Espinas nacen de
mi alma
necesitada de rosas.
 
No pido el mundo,
solo tu abrazo,
tu deseo
tan irrefrenable como el mío,
un deseo único
que me eleva a la nada,
al misterio de tu
todo.
 
Mi todo.
Tu nada cuando
no me miras,
cuando no me hablas.
Espinas tan enormes
como mis ganas de
huir de esta realidad.
 
Espinas tan agudas
que clavan mi alma
a esta puta realidad
que me atrapa
que me aleja de ti
aún estando
aquí.
 
¿Y de qué sirve
tenerte si mis espinas
no te dejan
acercarte?
 
Una vez, no hubo espinas,
una vez, hubo rosas desnudas.
Quizá eran margaritas,
quizá no lo eran.
 
Cuando terminaste
de deshojarlas,
resultó que no
me querías,
que ya no sentías,
y las espinas
comenzaron a brotar
de la Nada más absoluta,
la que se había adueñado
de mi ropa,
de mi piel,
de mi alma,
de todo mi ser,
que rozando ya la inmundicia
no supo resurgir de sus
cenizas.
 
Ni Ave Fénix ni leches,
cuentos para otras
infelices,
amargadas que se escudan
en el día en que Ellos
emergen airosos
con ramos en sus brazos
poderosos
a conquistar por unas horas
a las mujeres que les regalan
sus vidas
y que ellos
se las quitan.
 
Espinas en mi corazón,
no lo niego
ahí están,
me acompañan,
me protegen de las
manos malas,
a las que dañan,
muerden y atacan
si es necesario.
 
Tú has hecho esto conmigo.
La vida lo ha hecho por ti.
Y yo ingenua
te había creído.
Ahora son las espinas
mis armas
de destrucción masiva.
 
Atrévete a rozarlas,
y conocerás el daño
que oculta mi
alma
resquebrajada.
 
 
 
 
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Foto de portada: pinterest