Mi historia con el cáncer de mama

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Por Ana Olivo febrero 22, 2017  más artículos

 

Mi historia, mi experiencia, esa enfermedad que hizo girar mi vida trescientos sesenta grados, el famoso cáncer de mama. Desgraciadamente, siempre es tendencia, y cada año tenemos miles de casos. El mío fue diagnosticado con tan solo treinta y un años, casada, y con un hijo de tres añitos. Me deparaba un futuro prometedor, lo tenía todo planificado.


A día de hoy, mi futuro es más que prometedor. He pasado de trabajar como administrativa en un departamento de contabilidad, a ser escritora y colaboradora en una emisora de radio.

Los tres años que el cáncer quiso apartarme de mi rutina, de mi vida, solo consiguió que no me rindiese y proyectó la comunicadora que llevo dentro.

Durante el tratamiento me refugiaba, me desahogaba, escribiendo cada noche. Llenaba documentos en blanco de word, de palabras, frases llenas de dudas, preocupación, emociones, abrazos y alguna que otra lágrima. Que sin querer ser leídas, se convirtieron en un maravilloso libro, al que titulé Yo fui agente secreto, donde relato cada estado de ánimo de este agridulce camino. En él me encontré hombres y mujeres con batas blancas, luces cegadoras de quirófano, bolsitas llenas de un líquido llamado quimioterapia, drenajes anclados a mi cuerpo y cicatrices que recordarán mi gran hazaña.

Esa fue la parte mala, la buena fue el cariño, las risas, los abrazos que duraban más de seis segundos, las miradas que te llegaban al alma, esas que te dicen “cuenta conmigo”.

Descubrí esa fuerza sobrehumana que sacamos ante las adversidades, aprendí a sacar el lado cómico, el positivo, el lado bueno de las cosas, porque todos tenemos nuestra parte buena y esa, es con la que hay que quedarse.

Ahora hablo del presente, que es mi futuro más inmediato, no planifico viajes, no me pongo metas, lo que tenga que llegar, llegará, la ilusión y las ganas harán el resto. Me recreo en las pequeñas cosas que, a su vez, son necesarias y obligatorias para dar mi día por satisfecho. Me refiero a una carcajada, un abrazo, una mirada cómplice, un paseo, una buena charla con un amigo, de esas que arreglan el mundo. Esas cosas que suelen pasar inadvertidas, y en su lugar cobran protagonismo, el estrés del día a día, tener la casa ideal, ser mujer todoterreno, estar siempre divina, ser la madre perfecta... que para mí han pasado a un tercer plano para dejar paso a las ganas de vivir.

Os contaría toda mi historia, pero para eso tenéis que conocer al Agente Secreto que fui en su día, con chip incluido (así llamaba yo a mi catéter, incrustado debajo del tórax). Descubriréis cómo pasé de tener dos pechos característicos de una mamá que decidió amamantar a su bebé, a tener una teta mutante con pezón de quita y pon (así llamo a mi mastectomía y su posterior reconstrucción).

 

En estos tres años he aprendido y grabado en mi piel y en mi memoria que...

“Las pequeñas cosas hacen grandes los momentos”

 
 
Recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, y a que todos conozcan la historia de Ana, compartir este post debes!