La homofobia analizada por alumnas y alumnos de Bachillerato

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Por Q mayo 17, 2017  más artículos

 

Lo que a continuación podréis leer es parte de un trabajo que mis alumnas y alumnos han realizado sobre La Homofobia. Para documentarse, les pedí que retrocedieran unos años y conocieran la mirada de tres mujeres columnistas, Maruja TorresRosa Montero Almudena Grandes. Me ha entusiasmado leerl@s y ver que aún hay una esperanza en los jóvenes y que solo necesitamos unirnos con un mismo objetivo, EDUCAR, ENSEÑAR A AMAR y repudiar todo tipo de violencia o acoso... Si ya nos leéis, esto os resultará familiar, pues ya publicamos otros trabajos sobre violencia de género, bullying y feminismo. 

 

¿Qué es la homofobia?

El término homofobia hace referencia a la aversión obsesiva contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles. Ese es el término que nos aparece en Wikipedia, sin embargo…

Los prejuicios sumados a la rabia y el miedo a lo desconocido y distinto es lo que podríamos definir como homofobia.  Prejuicios sin sentido de una época con una mentalidad de la Edad Media con los insultos, agresiones y humillaciones, los métodos de tortura del siglo XXI… Podemos ver que la homofobia sigue presente en nuestros días a través de las distintas noticias que llegan a nuestros oídos, como el famoso autobús de “Hazte oír”. El autobús, que fue inmovilizado en Madrid por sus consignas contra la transexualidad con lemas como "Los niños tienen pene. Las niñas tienes vulva. Que no te engañen", no tuvo más remedio que cambiar su imagen exterior. 

 

Aparecen además noticias sobre el bullying en las aulas de los más pequeños a causa de la homofobia, lo que nos hace pensar... Es imposible que de tan pequeños tengan tan arraigada una opinión propia, son los más influenciables y los adultos les contagian sus ideas, a pesar de que en las escuelas se intente globalizar un mensaje de tolerancia, cuando llegan a casa vuelven a coger la máquina del tiempo y viajamos al pasado.

No obstante, nos alegra saber que pequeños atisbos de racionalidad van llegando, como en este año, la noticia de los dibujos Disney que han sido pioneros y han sacado por primera vez en la pantalla varias parejas de homosexuales besándose. Es un detalle mínimo y no forma parte de la historia principal, pero es un paso importante y necesario dentro del universo de animación más importante del mundo. 

 

Maruja Torres, en su artículo “Salvar al Macho, nos cuenta el terrible suceso que ocurrió en 2009: un hombre homofóbico que apuñaló 57 veces a una pareja homosexual excusándose en que lo hizo por el temor de ser violado. La autora nos explica lo que ocurrió previamente a los hechos de forma clara. Si esta premisa fuera cierta, el hombre que apuñaló a la pareja, en caso de ser en defensa propia, no lo hubiera hecho tantas veces a sangre fría y con tanta maldad ya que, cuando el ser humano se ve amenazado, tiende a huir, no a asesinar al “peligro” por defender y evitar que se pierda el “Macho” de los roles tradicionales que nos encontramos en nuestra sociedad, como dice la autora: “Personas que temen el fin del Macho y se sienten obligados a defenderlo, a protegerlo”, “Un hombre que mata por salvar su honra”; aquí vemos un claro ejemplo de cómo en la sociedad de nuestros días sigue presente la homofobia, reflejada en el miedo a perder lo que ellos consideran lo normal, lo establecido, frente a personas que con una orientación sexual diferente, tienen que luchar porque la sociedad los acepte, cuando en pleno siglo XXI, deberíamos tener la mente lo suficientemente abierta como para darnos cuenta de que esto también debería ser lo establecido o, si no, párate a pensar un momento que todo esto fuese al revés, que lo establecido fuera ser homosexual, que por querer a personas del sexo contrario te miraran diferente o te infravaloraran, ¿cómo te sentirías?

En su artículo Tiene cura” (2005), Maruja nos intenta explicar cómo la Iglesia a día de hoy sigue intentando “vendernos” la homofobia como una enfermedad que tiene cura, como si con el simple hecho de ir a una tienda de souvenires de cualquier catedral o iglesia de renombre como si se tratase de una farmacia, y pedir “algún remedio para que me deje de gustar el sexo opuesto” fuera a poner fin a los gustos de cada persona. 

Como dice la autora “¡Frenad, oh gays, vuestros preparativos de boda, pues lo vuestro puede arreglarse! ¡Hay cura! ¡Tenéis remedio!” refiriéndose con esta frase de forma irónica a la posible cura que podemos encontrar ante los ojos de la Iglesia que, aunque el matrimonio gay en algunos países ya esté legalizado, sigue siendo un escándalo, una abominación ante los ojos de la Iglesia y de parte de la sociedad, que tiene tanta culpa como la gente que promueve los pensamientos homófobos.

Rosa Montero, en su artículo “Homofobia” publicado en 2005, nos cuenta cómo se trata al hombre transexual al mismo nivel que a un drogadicto, mal padre, alcohólico, etc. Como ella dice:La Audiencia Provincial de Lugo ha sentenciado que una transexual solo puede ver a su hijo (nacido de su matrimonio como hombre) tres horas cada 15 días, y en presencia de dos psicólogos y de su ex esposa.” ¿Acaso ser transexual cambia los sentimientos hacia las personas que lo/la rodean? Porque, al parecer, no tenemos el mismo corazón y sentimientos que otra persona si cambiamos de sexo. El amor de un padre o madre es el mismo, da igual del género que sea. ¿Por qué es tan mal visto cambiar? ¿Acaso no debemos seguir a nuestro corazón? Si te sientes mujer, sé mujer. Si te sientes hombre, sé hombre. Es tu vida y tienes que vivirla como tú desees.

“Me gusta estar con papá aunque se maquille", ha dicho el crío de siete años. Y eso es lo peor, según los jueces. Porque la sentencia llega a decir que un sistema normal de visitas supondría un riesgo para el menor, que se iría habituando a la decisión del cambio de sexo.”

Lo más fuerte que podemos ver en esta actitud de los jueces es el hecho de que vean como lo peor esta actitud del niño, teniendo en cuenta que cuando somos pequeños no tenemos inculcado esta serie de valores “malos” o que no encajan en nuestra sociedad, y no tendríamos por qué ver mal que un niño quiera estar con su padre, independientemente de que se maquille o que se vista con ropa considerada de mujer. Además, aquí vemos un claro ejemplo de que los niños respetan a las personas por ser personas y sin tener en cuenta que sean heterosexuales u homosexuales, porque no tienen asociados unos patrones a seguir, que son los erróneamente ajustados a la sociedad de estos días. Y teniendo en cuenta que el hecho de vivir o de tener un parentesco con personas transexuales no implica que tenga que llevar a la decisión de cambio de sexo de ninguna persona, esto no debería ser un impedimento en el régimen de visitas de este niño.

 

“¿De verdad creen que una buena relación con un padre así puede dañar más que un padre alcohólico o violento? ¿O que un simple mal padre que no ame a su hijo?” Se trata este tema como si fuera algo sumamente peligroso mientras que en otros países la gente se muere de hambre y no se hace nada para cambiar este hecho. 

No entiendo sus miedos. O solo los entiendo si les imagino poniéndose clandestinamente las medias de su esposa, encerrados en el baño de madrugada.

Los hombres, por ser “menos hombres” renuncian tanto a su libertad e identidad sexual como a su interior, renuncian a cosas que le gustarían hacer o probar, desde ponerse tacones y maquillarse (cosas que se asocian a las mujeres) hasta tener relaciones con otros hombres, y si lo hacen, debe ser a escondidas por miedo a la “humillación” ante sus familiares y colegas.

En su artículo Muy machos”, publicado en 2013, Rosa nos hace hincapié en la poca cantidad de profesionales, tales como jugadores de fútbol o de los Juegos Olímpicos que hayan declarado ser gays oficialmente: “viendo los abrazos de los jugadores me quedé pensando en la sorprendente ausencia de homosexuales reconocidos entre ellos”. Ya que, “según diversos estudios internacionales, el porcentaje de homosexuales se mantiene más o menos estable en todas las culturas y se mueve en una franja entre el 2% y el 7% de la población”, cifras que pueden parecer pequeñas si tenemos en cuenta el 100% de la población, pero que son significativas porque vemos el avance de la sociedad hacia caminos en los que nos acostumbremos a respetar a los demás, aunque sea una minoría en torno a todos los que nos movemos en el mundo (que lo acepten al menos) si no, volviendo a lo ya antes mencionado, ¿cómo te sentirías si pertenecieras a una minoría, teniendo en cuenta que lo establecido en la sociedad fuera ser homosexual? ¿Te sentaría bien que no se te tuviera en cuenta en la sociedad o que te menospreciaran por ser diferente? ¿Estarías preparado para recibir siempre insultos o miradas de odio por parte de otras personas?

Tanto Rosa Montero como Maruja Torres tratan estos temas de forma crítica y algo poética, sin tener pelos en la lengua (o en este caso en las palabras) sin dejar de ser educadas y directas en lo que van a decir, dándole voz a los grupos afectados y haciendo reflexionar al lector sobre la sociedad de la que forma parte. Realmente, dos grandes ejemplos a seguir.

No hace mucho tiempo que han empezado a salir a la luz pública diferentes casos de homofobia, xenofobia y racismo. Ahora está en boca de todo el mundo y empieza a ser una preocupación prioritaria de la sociedad. ¡Ya era hora! La violencia verbal o física, el rechazo y la discriminación no son ninguna novedad, tanto en escuelas como en oficinas o discotecas, pero hasta ahora hacíamos como si no existieran estos problemas.

Ha sido necesaria la aparición de noticias sobre suicidios, agresiones, asesinatos, denuncias, y sobre todo, un cambio en la mentalidad de la sociedad para que aquello que antes se consideraba “normal”, o sencillamente no se discutía, ahora se vea como algo que hay que resolver.

La raíz del problema se encuentra como en casi todos los problemas de la sociedad, en su base, la Educación.

Podríamos encontrar mil motivos más como causa de la discriminación de algunos niños por parte de sus compañeros, ser muy gordo, muy delgado, llevar gafas, tartamudear, ser de otro color o tener dos padres del mismo sexo. Pero no tendrían que ser estas mil causas, sino mil razones para que no hubiese ninguna discriminación. Todos somos diferentes tanto por fuera como por dentro y ninguna característica debería suponer la menospreciación de otros que también son distintos.

En cambio, no parece preocuparnos oír palabras como “mariquita” a diestro y siniestro. Una posible reacción es el silencio (no hacemos nada y esperamos que el problema desaparezca); otra, la crítica abrupta sin más “eso no se dice”; una tercera, la intervención educativa: “a ver, ¿por qué has dicho eso? ¿Qué significa para ti? ¿Cómo crees que se siente la otra persona cuando le dices eso?” Como es de suponer, la mayoría de las veces la salida habitual es el silencio, de manera que está claro que algo falla.

Hoy, 17 de mayo, se celebra el día mundial contra la homofobia, por lo que un día más, no viene mal pararnos en el calendario y pensar por qué deben seguir existiendo días así, por qué debemos seguir luchando porque las cosas cambien, porque la gente madure, tolere, respete y ame, ame por encima de cualquier condición física, sexual, racial, aspectos insignificantes cuando hablamos de seres humanos.

 

Expresemos lo que pensamos, cuestionemos el sistema, dejémonos cuestionar por los demás pero,
sobre todo, no tengamos miedo.
El miedo nos hace callar, agachar la cabeza y huir.
 
 
Trabajo realizado por: 
Sonia Sánchez
Rocío Álvarez
Ana Izquierdo
Najlaa Akka
Irene López
 
 
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Foto de portada: Instagram @feminismopuro