Querida Hermana, huye de la Manada

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Por Kollontai en Lesbos agosto 28, 2017  más artículos

 

 

Querida Hermana:

Impulsada por un desasosiego ante los últimos sucesos acontecidos, te escribo estas líneas con el fin de dar luz y lógica a todo aquello que nos pasa por el simple hecho de pertenecer al género femenino y en definitiva por ser Mujeres.

Me tomaré la licencia de llamarte hermana, a pesar de que no nos une ningún lazo filial ni de sangre, incluso de la imposibilidad de coincidir en tiempo-espacio; puede ser que quepa la oportunidad desde que tus ojos se posen en estos caracteres para descifrar lo que voy escribiendo en este lienzo virtual y que, finalmente, coincididamos de alguna forma extraña.

Sin embargo, hay una razón mayor que la existencia de nosotras mismas; esta es que nos necesitamos para hacer un mundo mejor, ya que vivimos rodeadas de manadas y, muy a nuestro pesar, somos unas auténticas desconocidas. Quizá jugamos con cierta desventaja.

Cuando te hablo de la manada, querida hermana, no me refiero a un concepto extraído del mundo animal, sino a las que viven entre nosotras, invisibles y camufladas, compuestas por hombres y con su camaradería enferma llevada al extremo.

Pasan totalmente desapercibidos e integrados ante nuestros ojos y en la sociedad. Los vemos cuando pasamos por la calle, nos persiguen, se alientan los unos a los otros para ver quién es el más “viril” y  nos acorralan como si fuéramos su presa.

Son los que en sus grupos de Whatsapp se dedican a enviar fotos de mujeres desnudas, puntuándolas, diciendo si se las follarían o no, cuál ha sido su última conquista, mientras esperan el beneplácito del resto sobre si están lo suficientemente buenas, y si no han ligado, le llaman pagafantas.

Son los que en tu grupo de trabajo se toman la licencia para mirarte el escote o arrimarse físicamente invadiendo tu zona de confort, los que te tocan sin querer, etc.

Los que se callan cuando uno de ellos se sobrepasa con otra chica, los que miran para otro lado, los que planifican violaciones cuando se van de viaje, como quien va alquilar un hotel, los que hacen vejaciones, las graban, los que las ven y no hacen nada.

Ellos que nos ven como botines, planifican nuestra futura violación tal y como si estuviéramos dentro de su coto de caza, capaces de violarnos en grupo para reforzar sus lazos, por cuestiones sádicas. No es sexo, querida hermana, lo que buscan, es mucho peor, es poseer nuestro cuerpo a disposición del grupo bajo el sello del silencio de lealtad extremo.

Estas manadas las hemos visto, saltan a los medios de comunicación de vez en cuando. ¿Te acuerdas de  la violación de San Fermines (Navarra), el caso de los Porkys (México), el de la turista de Benidorm o el célebre caso de Marta del Castillo en Sevilla o, bien recientemente, el caso de los Youtubers en Latinoamérica?

No solo existen de una manera real, sino también en la ficción, como en la película de Acusados o en la famosa Naranja Mecánica.

Lo peor de todo es que no hay fórmula para librarnos de estas manadas, impredecibles, bien normalizadas, compuestas por hombres normales que pueden ser tu tío, tu padre, tu hermano, tu vecino, el extraño de enfrente, etc. Me da igual el Not All Menporque nosotras seguimos poniendo las víctimas.

Y así reducidas a simples cuerpos que podemos ser utilizadas a su libre antojo en donde no pasa nada (inclusive algunos se libraron de los castigos), llevan vidas totalmente normales gozando de total impunidad pero, ¿sabes qué? Que lo triste de todo esto es que mañana habrá otro caso, y dentro de un tiempo otro y, así, sucesivamente.

Además, en esa estamos, querida hermana, nosotras, ciudadanas de segunda, simplificadas a objetos a las que pueden poseer y tirarnos a cualquier cuneta; en cambio, no pueden borrar los recuerdos de nuestras hermanas, ni los crímenes, no pueden vaciar nuestra mente ni quebrar nuestras voces, como bien decía la Woolf, No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

Ahora bien, si por un mal fario, das con una manada, huye hermana, corre lo más lejos posible, usa todo tu cuerpo para defenderte y, si consigues seguir viva, no te juzgaré, ven y búscame. ¿Sabes, hermana? Yo te creo. Tarde o temprano hallaremos el modo para que esto pare y por fin podamos construir el mundo en el que aún soñamos, como bien describía Rosa Luxemburgo, Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”

 

Un fuerte abrazo, Kollontai en Lesbos.

 

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