¿Por qué ha conmocionado a todo el país el asesinato de Laura Luelmo?

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Por Q diciembre 20, 2018  más artículos

 

Desde hace una semana, las redes se pusieron las pilas ante el inminente conocimiento de que había desaparecido una chica de 26 años en un pequeño pueblo de Huelva, El Campillo. 

Ocurre muy a menudo. Mujeres que desaparecen. Caras que se viralizan en Internet. Mujeres que aparecen y el desenlace no es aterrador. Pero, en esta ocasión, no fue así para Laura Luelmo. 

Laura, zamorana de origen, había llegado a Huelva como interina para dar clases de Dibujo con una sustitución. Como hacen miles de profesores y profesoras, viajan "a la aventura" en busca de un sueño, conseguir puntos que le den la ansiada plaza. Imagino a Laura y su ilusión. Yo soy profesora y lo vivo cada año con mis compañeras y compañeros, por lo que dentro del gremio, imaginad cómo ha sido la conmoción. 

Independientemente de su profesión, Laura resultó ser mucho más. Una buena hija, novia, trabajadora, deportista, feminista. Independientemente de todo lo maravillosa que era, el dolor y la injusticia de su asesinato sería exactamente igual si no fuera el modelo de mujer ideal. Aunque a la sociedad esto sí le importa, pues de no ser así, se la hubiera tachado de ir borracha, de vestir de forma indebida, de ir sola a horas que no debería por ser mujer... y muchas más excusas de mierda que estigmatizan a las mujeres por ser mujeres.

La forma en la que Laura desapareció, la búsqueda incansable de la familia, el hecho de que ella hubiera avisado de que un vecino la intimidaba, puso la alarma en toda la sociedad y, aún más, en todas las mujeres. Lo primero que se filtró es que Laura iba a correr. Ese mismo día salía una aplicación para que las mujeres hagan quedadas para salir a correr en grupo y protegerse así de situaciones de acoso e intimidatorias que no tenemos por qué sufrir por ser mujeres.

Repito mucho el hecho de ser mujeres porque a los hombres esto no les pasa. Repito que es el hecho de ser mujeres el que nos lleva a vivir continuamente con miedo. Laura lo sabía. Ella misma lo había denunciado en sus redes sociales. Ella era una mujer consciente del peligro de ser mujer como muchas otras no lo son aún. 

Todos estos ingredientes hacen que un caso como la desvatadora desaparición y consiguiente asesinato de Laura nos haya marcado a todos y todas. Digo a todos y todas que tenemos empatía y dedos de frente, porque hay personas (trols sin sentimientos ni respeto por nada) que aprovechan la coyuntura para atacar, para buscar culpables o para enfrentar sin más. Personas (aunque no deberían ser llamadas así) que crean perfiles falsos para denigrar a la víctima y que no me entra en la cabeza que exista gente así, pero haberlos haylos...

También los hay, en su mayoría hombres, que se han sentido ofendidos ante la oleada de mensajes de apoyo hacia Laura y de ataque más que justificado a los hombres por el hecho de ser hombres. Sí, los metemos a todos en el mismo saco. Sí, todas tenemos hombres maravillosos a nuestro lado, a nosotras no nos va a pasar esto. ¿Estamos seguras? ¿Podemos vivir tranquilas viendo el panorama? ¿Viendo cómo cada día escuchamos en las noticias y vemos en nuestras redes historias de apuñalamientos, de asesinatos, de violaciones, acoso? Los metemos a todos en el mismo saco y, aún así, ninguno de los hombres que conozco se han sentido ofendidos, pues si no eres un violador ni un acosador, ni un puto cerdo ni un asesino, no tienes por qué sentirte aludido. No se sienten ofendidos porque saben que esta lacra es justamente eso, una lacra apestosa que no cesa, sino que parece crecer cada vez que nos hacemos eco de un delito tan aterrador como el de Laura.

Para quienes ya lo hayan olvidado, el pasado mes de diciembre de 2017 fue de lo más negro, y el pasado septiembre, y muchos otros. Pero me centro en diciembre, cuando en cuestión de dos semanas, eran asesinadas varias mujeres en manos de sus parejas o exparejas. Nos pusieron cara, nos dieron sus nombres, nos consternamos, lloramos, nos lamentamos. Ese año acababa con el descubrimiento del cadáver de Diana Quer, que había desaparecido meses antes, otro terrible desenlace que nos dejó muy tocadas. 

Esta semana se repite la historia. Un capullo reincidente que nunca debió salir de la cárcel se encapricha de una chica y acaba con su vida, no sin antes hacerla pasar por un calvario que solo ella y su asesino conocen. A la espera de más pruebas que nos esclarezcan la perversa situación, ya todo lo que nos cuenten solo nos hará fliparlo un poco más y dejarlo pasar, convencernos de que no nos va a pasar, protegernos un poco más, sentir miedo y ya. A seguir viviendo hasta que le toque a la próxima.

Con Laura, quizá hayamos notado más que nunca lo fácil que es que tú o que yo seamos la próxima, que cualquiera puede pasar por algo así y que los individuos degenerados y sin escrúpulos andan sueltos sin control. 

¿Podría la policía haberlo detenido? Dos días estuvo en su casa. Todo el pueblo sabía el vecino que allí vivía. Volvemos a lo mismo, a buscar culpables. Podría, ojalá lo hubiera hecho. 

Todas estas elucubraciones nos conducen al dolor, la rabia, a exigir cambios, protección para todas las mujeres. Muchas personas dirán que endurecer las leyes no es la manera, que hay que educar. Soy una gran defensora de la Educación para cambiar esta realidad, pero seamos sinceras y sinceros, en este caso, ni la Educación hubiera servido de nada. O los metemos en el boquete hasta el fin de sus días, o estos hijos de la grandísima mierda van a seguir reincidiendo, pues sus vidas no valen nada y hacer estas atrocidades es lo único que los satisface. 

Ahora surge otra cuestión. ¿Cómo vamos a estigmatizar a una persona que haya cometido un delito (tal como un asesinato o una violación) si ya ha cumplido su condena? JA JA JA. Permitidme que me descojone. Lo que no podemos permitir es que esta gentuza vuelva a actuar de este modo. Lo que no podemos consentir es que cumplan condenas irrisorias y que campen a sus anchas en busca de una nueva presa. El asesino de Nagore, para quien aún la recuerde, la mató, la descuartizó y después de 7 años, estaba ejerciendo de psiquiatra. Esto es una puta vergüenza. La madre de Nagore aún pide justicia para su hija. Toda la sociedad debería de pedirla. 

Pero, unos casos son más mediáticos que otros. Pero, después de unos años, todo pasa y la vida sigue, menos para ellas, las víctimas.

La sociedad entera se ha volcado. Muchas caras famosas han salido a la palestra, han escrito textos emotivos dirigidos a Laura, han demostrado su inmensa indignación. Esto nos hace humanos, nos hace unirnos como una sociedad que quiere un mundo mejor para todos y todas. Nos ayuda a tomar conciencia. 

Pero, no nos confiemos, no lo dejemos pasar, no sigamos dando cuartelillo a los políticos que solo piensan en mantener el puesto a costa de todo menos de lo realmente importante, velar por las personas. No sigamos obviando la culpa de todo un sistema que se va a la mierda.

Son muchas las víctimas, muchas las mujeres que se quedaron atrás, que un desgraciado decidió que su camino había terminado para ellas. No serán las últimas, eso es lo más jodido. En estos días, mientras vivíamos con el alma en vilo por Laura, otras mujeres han sido asesinadas, otros casos de violencia machista y de violación han llegado a las crónicas diarias, pero no han tenido la misma cobertura mediática. La sociedad tiene que hacer frente a todos estos errores. No es buscar culpables, es hacernos responsables todos y todas por no exigir que las cosas cambien, por no exigir una Justicia a la altura, por no exigir una Educación a la altura. 

Tenemos que tomar conciencia, de verdad, dejar de enfrentarnos entre nosotros y nosotras, dejar de señalar con el dedo, dejar de atacar al feminismo, dejar de atacar por atacar, de agarrarnos a los privilegios y de mirar a otro lado. 

Si realmente queremos que el asesinato de Laura y de todas las anteriores sirvan para algo, debemos ponernos las pilas de verdad, y no solo en mover las redes y buscar el texto viral. 

 

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