Cuídate sin esfuerzo mientras duermes

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Por Marta Moñiz agosto 14, 2017  más artículos

 

Si bien parece que nuestro cuerpo también descansa cuando nosotros lo hacemos, la realidad es distinta. El cerebro permanece muy activo durante las horas de sueño, llegando a haber partes del mismo que se mantienen incluso más activas que durante el día. De ahí, la importancia de llevar a cabo un ritual diario previo al reposo nocturno.

Todo el organismo se regenera durante la noche, por lo que es fundamental colaborar con él llevando a cabo varios ejercicios de hidratación, durmiendo las horas necesarias y evitando las cenas demasiado pesadas o tardías. 

Los hábitos en el cuidado de nuestra piel o cabello son difíciles de aguantar, especialmente a la hora de irnos a dormir, pero te mostramos a continuación unas prácticas esenciales que, además, te llevarán muy poco tiempo.

 

La piel

La piel no duerme. Entre las 23 horas y las cuatro de la madrugada es cuando alcanza el nivel máximo de actividad. Previamente se deben eliminar las impurezas acumuladas a lo largo del día, efecto de la polución y la grasa que ella misma segrega, y prepararla para que respire, se regenere y se nutra cuando más está trabajando.

Simplemente hay que seguir cuatro pasos:

  • Desmaquillar rostro y cuello con el producto que más se adecue a las necesidades de cada piel.
  • Limpiar estas mismas zonas usando un jabón, gel o espuma también adaptada al tipo de piel.
  • La aplicación de cualquiera de estos productos se debe realizar en movimientos circulares de abajo a arriba, lo que actuará como gimnasia facial. Con ella se puede evitar la flacidez y la pérdida de elasticidad de rostro y cuello.
  • Tonificar con una loción adaptada. Es un gesto necesario para rematar la limpieza y cerrar los poros, preparando la piel para la hidratación que se producirá de forma natural.

Hidratar labios, pies y manos

Es durante las horas de sueño cuando nuestra piel es más receptiva a los tratamientos que se aplican. Por ello, es ideal hidratar los labios para facilitar el maquillaje del día siguiente. En cuanto a los pies, se aconseja usar más producto que durante el día para acentuar su acción y usar calcetines, lo que permite la total absorción.

 

El cabello

En el caso del pelo existe un paso primordial: desenredar.

Entre los beneficios resultantes de esta estimulación capilar se encuentran la limpieza de impurezas o restos de productos, la exfoliación y la activación de la microcirculación del cuero cabelludo.

Cepillarse el cabello aumentará a la larga su salud, suavidad, fortaleza y brillo. Y es tan sencillo como pasar el cepillo cada noche entre 10 y 20 veces (dependiendo del grosor del pelo). Los movimientos han de realizarse suavemente y empezando por las puntas, luego desde la parte central de la melena y finalmente desde la raíz.

Es preferible realizar esta operación en seco. Cuando el cabello se encuentra húmedo o mojado se vuelve más frágil y quebradizo. Si te cepillas tras el lavado, es preferible que utilices un peine de púas anchas en lugar del cepillo.

Si tu cabello es rizado, se puede facilitar el desenredo con la ayuda de un aceite.

Lo ideal es cepillar el cabello dos veces al día (por la mañana y antes de acostarnos). Sin embargo, en aquellos con tendencia a enredarse, si es recomendable realizar el proceso 3 o 4 veces.

Por otra parte, la noche es el momento idóneo para el baño de aceite. Lucir una melena hidratada y brillante cuenta con un truco infalible y es embadurnar el pelo con aceite de oliva. Es necesario enjuagar con abundante agua al día siguiente y repetir la operación dos veces a la semana.

Esperamos que llevando a la práctica estos consejos consigas sin que te lleve demasiado tiempo o esfuerzo el cuidado que tanto necesita tu cuerpo.

 

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Foto de portada: pinterest