Terrorismo machista

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Por Nieve Cruda noviembre 14, 2017  más artículos
 

Cuando leemos en los medios de comunicación que ha aumentado el número de mujeres muertas por violencia machista, algo debe de moverse en nuestro interior, algo nos debe chirriar como si fuera una pieza oxidada. El principio de la neurolingüística es manipular la información y el lenguaje para hacerla sonar de una manera menos grave, más digerible. Hacer que te importe menos o que, en muchos casos, pase totalmente desapercibida.

Las mujeres no están muriendo, a las mujeres se nos asesina, se nos tortura, física y emocionalmente. Se nos arrebata la vida a través de la muerte de nuestras hijas e hijos. No voy a hablar del patriarcado como si fuera una especie de nave alienígena que nos amenaza desde la distancia. El patriarcado es sistémico y estructural, al igual que la violencia generada por el mismo.

Esta matanza, masacre, genocidio, es llevada a cabo por los hombres, hombres privilegiados desde su nacimiento. Vida de hombre que ha sido dada por el cuerpo de una mujer. Hombres que se amamantan, cambian de teta, pero se permiten el lujo de nunca dejar de mamar. Estos hombres no matan, estos hombres sesgan la vida pero, no solo la de sus mujeres, sesgan la de todas. El dolor que producen corroe los cimientos de nuestra sociedad y emponzoña el aire, haciéndolo irrespirable.

 

Los crímenes tienen cómplices, con nombres y apellidos. Cómplices directos con toga de jueces y fiscales, con uniformes de policía, con trajes de políticos. Connivencias de trabajadores sociales que miran hacia otro lado cuando la pervivencia de esas mujeres y sus crías depende de una rápida respuesta institucional. Terroristas ideológicos, sí señores y señoras, estos asesinatos son acciones terroristas en pro de una ideología patriarcal que dicta que las mujeres somos simples objetos accesorios y "la maté porque era mía…" como una mala copla. Copla interiorizada, "algo habrá hecho…, no se ponga usted así…, ya sabe cómo son los hombres…"

Y los medios de comunicación que nos machacan con esa neurolingüística inaceptable, "una mujer muerta", "una niña degollada". Como un suceso aislado, como algo que ocurriese de vez en cuando y, sin embargo, es diario. 830 víctimas en los últimos trece años, una más que en los 42 años de acciones de ETA, muchas más que el terrorismo yihadista en toda Europa. Trece años precedidos de muchísimos crímenes más. Silenciadas... olvidadas. Todas ellas convertidas en un número, en parte de una estadística macabra. Jessica, Marina, Laura, Sara, María, Ana…

 

Todas ellas convertidas en un titular sensacionalista donde se nombra al maltratador, sin embargo no se nombra a la víctima. La mujer ha muerto, la niña ha muerto. La mujer y la niña se llamaban Jessica, Marina, Sara, Laura…. A todos los cómplices de esta ignominia solo os deseo que sintáis la mitad del dolor que generáis en las víctimas y sus familias. La mitad del terror, la mitad del miedo…

A los hombres que seguís colgando memes con pistolas y amenazas, hombres temerosos de perder vuestros privilegios de machos, antes de quitarle la vida a alguien, pegaos el tiro a vosotros primero, la sociedad os lo agradecerá, por lo menos la mitad a la que pertenezco. Y a todos los hombres “buenos”, los que calláis, los que miráis a otro lado cuando sois testigos de humillaciones y acosos a vuestras compañeras de trabajo, amigas, vecinas... a todos los "not all men" que suponéis una gran mayoría, es hora de que toméis conciencia y os pongáis las pilas, transformad vuestros espacios, predicad con el ejemplo e interpelad aquellas conductas que no nos llevan a ninguna parte como sociedad. Si queréis llamarlo igualdad, es eso lo que os estamos retando a conseguir.

 
 
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Foto de portada: torrentaldia.com